BAEZA / El sorprendente Manuel García religioso

Baeza. Iglesia de San Andrés. 30-XI-2025. Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza. Ensemble Manuel García. Pianoforte. Juan Manuel Checa. Director: Jerónimo Marín. Obras de G. Rossini y M. García
Quinta entrega anual del ciclo “Manuel García sagrado” en este festival y nuevas sorpresas gratificantes. Tras las cuatro misas londinenses de años anteriores, ahora tocaba rescatar una serie de obras inéditas en primicias mundiales que nos hablan de la calidad de la inspiración de este sorpresivo Manuel García volcado sobre la música religiosa a lo largo de los avatares de su asendereada vida. Abrió el programa, como en años anteriores, una selección de piezas corales religiosas breves de Rossini, en esta ocasión el tríptico Fe, Esperanza y Caridad. Aquí ya empezó a mostrar el Ensemble Manuel García (12 voces) su estupendo empaste y su capacidad de matizar y regular el sonido, como en el diminuendo final de la segunda pieza. Con el acompañamiento cuidadoso de Juan Manuel Checa en un pianoforte Broadwood de 1829 de sonido sedoso pero a la vez expansivo, Jerónimo Marín imprimió un pulso vivo, ritmado, alegre.
El coro se vio algo apurado en el inicio del motete Tibi omnes angeli por su tesitura elevada, pero pronto, merced a los tres excelentes bajos, el sonido compacto volvió a llenar la iglesia. Checa, leyendo directamente sobre la partitura de orquesta original, realizó una brillantísma introducción al primer número de la Salve regina mexicana de García para dar paso a un coro masculino contundente. Los números siguientes, con solos vocales, permitieron disfrutar del fraseo delicado y expresivo de Ángel Rodríguez, con inflexiones muy cuidadas sobre “lacrimarum valle” y “gementes et flentes”. Espectacular la contundencia y resonancia del bajo Elier Muñoz con un arranque de bravura. Voz más ligera la del tenor Matías Noisel, con algunos apuros con las siempre complejas coloraturas de Manuel García.
La soprano Raquel del Pino fue otra grata sorpresa por su voz timbrada, con brillo y squillo, penetrante y sometida a control, como se vio en su parte solista en el primero de los coros para la tragedia bíblica Atalía y, sobre todo, en el rondó (de atribución dudosa) Yo no puedo, injusto cielo, toda una pieza de exhibición vocal llena de agilidades que resolvió con enorme soltura y facilidad. El coro volvió a sonar en estos coros con bello sonido conjunto, pero donde alcanzó un nivel sobresaliente fue en el inicio del (por desgracia) incompleto Miserere, una obra de impresionante calidad y seriedad, dramática y exigente en materia coral que se completó con un aria para barítono encarnada con solvencia por Carlos Lozano. Jerónimo Marín, aquí y en la Salve regina se adentró a fondo en el dramatismo y teatralidad de estas obras, acentuando las entradas y marcando las inflexiones con energía y claridad con la complicidad de un brillante Checa al pianoforte y de este auténtico coro de solistas (tres voces por parte) creado ex profeso para la ocasión pero que tiene voluntad de continuidad. Porque se siguen descubriendo obras de este sorprendente García religioso que están esperando venir en años sucesivos a este aguerrido festival.
Andrés Moreno Mengíbar
(foto: Carolina Cuadrado)


