BADAJOZ / Un reto de por sí

BADAJOZ / Un reto de por sí

Badajoz. Salón Noble de la Diputación. 14-X-2020. Temporada de Conciertos de la Sociedad Filarmónica de Badajoz. Jorge Nava, piano. Obras de Beethoven, Granados y Prokofiev.

Entre los mejores valores del nuevo piano español, Jorge Nava (1990) ocupa lugar muy destacado. Su virtuosismo sin tapujos ni mercadotecnias, forjado cerca de nombres como Irina Efanova o Dmitri Alexeev, y musicalidad extravertida y directa así lo avalan. También los importantes premios y distinciones ya logrados en certámenes como el María Canals de Barcelona, el José Iturbi de València, el Pedro Bote de Villafranca de los Barros o el Manhattan International Cempetition. El miércoles demostró su alto rango pianístico en el recital que ofreció en Badajoz, promovido por la Sociedad Filarmónica de la capital extremeña dentro de su ciclo “Hojas de Álbum”.

El programa ya era de por sí un reto. Con dos obras tan exigentes en todos los sentidos como las Variaciones Eroica de Beethoven y la Sexta sonata de Prokofiev, obras colosales entre las que se ubicó, aprisionado casi, el secreto íntimo de La Maja y el ruiseñor de Granados. Las Eroica y su endemoniada fuga final encontraron en Jorge Nava un intérprete con músculo, poderoso y valiente, que arriesgó y salió airoso del reto de optar por una versión clara, que evitó el refugio del abuso del pedal de resonancia; cargada de contrastes y la novedosa fuerza romántica que ilumina y alienta cada una de las variaciones, coronadas por la compleja fuga que se escuchó con nitideces realmente admirables. En la memoria pululaba la versión del gran Esteban Sánchez, tan próxima a la de Nava en su aliento clarificador, virtuosístico y abierto a un mundo nuevo y prometedor.

Tras una Maja desubicada pero impecablemente dicha, que acaso no llegó a encontrar su espacio recóndito entre el impulso Beethoven y el abrasador Prokofiev de la Sexta sonata, Nava se volcó en una versión trepidante, voluptuosa, cargada de fidelidades a la partitura y de solera pianística de la gran sonata ‘de guerra’ estrenada por Sviatoslav Richter en Moscú, en 1940, y de la que desde entonces se convirtió en su más fiel y activo servidor. Nava, como Richter, penetra más allá del trepidante fulgor decibélico y ahonda en los muchos vericuetos y perfiles de los cuatro movimientos de la obra maestra. Desde el mismo virtuosismo asombroso que lució cuando en 2017 interpretó en la final del Premio Iturbi el Tercer concierto de Rachamaninov o la Toccata de Prokofiev, el joven pianista hispano-boliviano estableció con su maestría y musicalidad de altos vuelos una de las fechas cumbres de la temporada musical pacense. Como guinda al recital, “y ya que estamos en año Beethoven”, dijo embozado en la mascarilla, concluyó el recital con el regalo delicioso de las Seis escocesas (‘escocesitas’” quizá sería más adecuado) que compuso el genio de Bonn en 1806. Apenas 35 enmascarillados espectadores —máximo aforo permitido— disfrutaron del recital y propiciaron con su camerístico pero vivo aplauso la escocesita recalada.