BADAJOZ / Nace un nuevo ‘Pierrot Lunaire’

Badajoz. Palacio de Congresos. 31-I-2026. XVII Ciclo de Música Actual. Ensemble Sonido Extremo. Toni Marsol, barítono. Director: Jordi Francés. Obras de Berg/López Estelche, Schreker, Ravel/Olivares y Fontcuberta.
Badajoz y su Sociedad Filarmónica nos siguen asombrando año tras año con su programación musical. Además del Festival Ibérico, el Festival de Música Antigua y Sacra, el ciclo Hojas de Álbum y el de recitales líricos, está esta otra joya que es el ciclo de Música Actual, con el apoyo incondicional del CNDM, hace la ciudad extremeña una de las capitales españolas de la Música Contemporánea. Al director de la Sociedad Filarmónica, Javier González Pereira y a sus colaboradores hay que felicitarlos y apoyarlos sin restricciones.
En esta ocasión se han superado y se han adelantado en el estreno mundial del Pierrot Lunaire de Carlos Fontcuberta, que se repetirá el lunes 2 en el Museo Reina Sofía de Madrid y el jueves 5 en el Auditorio de Tenerife. Fontcuberta quedó hace años fascinado por la musicalidad y la fuerza plástica de la poesía original en francés de Albert Giraud, algo que en gran medida se pierde con la traducción al alemán de Hartleben utilizada por Schoenberg. Aquí el compositor ha conseguido traducir en sonidos esa exuberante fantasía poética de Giraud, sus imágenes contrastantes, sus ambientes inquietantes, la aliteración de las palabras y la sensación de misterio. Ello se traduce en un amplio muestrario de combinaciones cromáticas y tímbricas en el conjunto instrumental, desde el piano manipulado hasta las copas de agua frotadas con la yema de los dedos, la sutilidad de la melódica, además de un amplio despliegue de percusión siempre sugerente y nunca dominante (por cierto, aplausos para Sarai Aguilera por ser capaz ella sola de atender a todos los instrumentos). Hay muchas insinuaciones descriptivas (viento, pájaros), pero nunca imitaciones, sólo breves apuntes que inmediatamente se disuelven en un discurso muy atractivo para el oyente (los casi cuatrocientos asistentes guardaron un sepulcral silencio todo el tiempo, como hipnotizados). Fontcuberta ha obviado el sprechgesang schenbergiano y ha optado por una línea melódica muy cuidada en todos sus detalles, muy atada a cada poema y que exige del cantante un trabajo de autocontrol y de dominio técnico considerable. Toni Marsol estuvo sensacional en todos estos aspectos. Con su voz contundente, de tonalidades oscuras pero de emisión clara, incluso momentos como algún agudo a media voz atacado en pianissimo fue perfectamente audible en toda la sala. Hubo largas y brillantes vocalizaciones, así como alternancia entre parlato y canto (“Décolation”, por ejemplo). Y siempre con una enorme expresividad en el fraseo y una claridad en la articulación ejemplares. Toda una exhibición de control de la voz al servicio de la expresividad.
Antes de todo esto, el concierto había comenzado con la versión para conjunto instrumental realizada en 2024 por Israel López Estelche de la Sonata para piano op. 1 de Alban Berg, original de 1907-1908. Un Berg pre dodecafónico y postexpresionista. La adaptación para violín, viola, violonchelo, flauta, clarinete, saxo, piano y percusión le aporta a esta música el color que la desnudez del piano oculta, pero que la partitura sugiere y hasta pide. Hay oleadas sonoras que aquí se despliegan cada una con una combinación tímbrica diferente y que Sonido Extremo tradujo con garra emocional y una precisión perfecta. De los mismos años de la sonata de Berg procede Der Wind de Frank Schreker, una pieza que por ser creada como parte de un espectáculo coreográfico se fundamenta en la plasmación sonora de las evocaciones que nos sugiere el viento. El piano sostuvo mediante arpegios muy matizados a las líneas instrumentales, que se desplegaban con sutileza, pero también por momentos con energía, como los trémolos del violonchelo. Se cerró la primera parte con el también estreno absoluto de la versión para ensemble de Don Quichotte à Dulcinée de Ravel realizada por Clara Olivares. Versión brillante sostenida por un Marsol espléndido en el control del sonido (magistral su forma de apianar a media voz en el “Amén” final de la segunda canción) y en la acentuación, identificado con los estados de ánimos del Caballero de la Triste Figura.
Jordi Francés dirigió todo el programa, nada sencillo, con un total control de las fuerzas a sus órdenes. La precisión en las entradas en obras a menudo fundamentadas en breves frases instrumentales cambiantes, como una fina orfebrería sonora, fue espectacular. Fue creando atmósferas sonoras en continua evolución, siempre con sentido narrativo y con un equilibrio absoluto de los balances.
Recordemos a los integrantes del Ensemble Sonido Extremo porque se lo merecen: Elsa Sánchez (violín), Ana Valdés (viola), Iván Siso (violonchelo), Jesús Gómez (flauta), Alfonso Pineda (clarinete), Javiér González Pereira (saxofón y melódica), Sarai Aguilera (percusión) y Beatriz González (piano). Si están en Madrid el lunes o en Tenerife el jueves no se lo pierdan.
Andrés Moreno Mengíbar
(foto: Carolina Cuadrado)


