BADAJOZ / Impresionante

BADAJOZ / Impresionante

Badajoz. Palacio de Congresos. 12-VII-2019. Javier Fernández, violín. Joaquín Fernández, Violonchelo. Eduardo Moreno, piano. Orquesta Joven de Extremadura. Director: Andrés Salado. Obras de Beethoven y Shostakovich

Hace tan solo unos años ni el más optimista lo hubiera soñado. Impresionaba escuchar y ver a los mozalbetes y mocetonas de la Orquesta Joven de Extremadura (OJE) entregarse en cuerpo y alma al drama que narra Shostakóvich en su Séptima sinfonía, compuesta en terribles circunstancias durante el sitio de Leningrado por las tropas invasoras alemanas y la consecuente heroica resistencia del pueblo ruso. Con una cuerda no muy numerosa (únicamente cinco contrabajistas, todas ellas féminas”, seis violonchelos y así sucesivamente…), el monumental fresco sinfónico shostakovichiano se desarrolló con sus enormes dinámicas y espectacularidad, fascinando y hasta conmocionando a un público que fue testigo del estreno en Extremadura de esta obra maestra del sinfonismo del siglo XX y de todos los demás sinfonismos.

Andrés Salado (Madrid, 1983) [en la foto], maestro titular de la joven formación extremeña, dejó discurrir el gran sentido narrativo de una obra cargada de momentos de enorme intensidad expresiva y exigencias técnicas. Destacó la fagot solista en su conocido solo, como también flauta, flautín, clarinete y, en general, todos y cada uno de los instrumentistas de un conjunto bien ensamblado cuya mejor cualidad no es únicamente su ímpetu y juventud, sino, además, una calidad instrumental ciertamente notable y con ilusionante proyección de futuro. Tras escucharles, tras presenciar la Sinfonía Leningrado a la que dieron vida el viernes los músicos de la OJE (¡nada que ver, evidentemente, con la franquista “Organización Juvenil Española”!), solo cabe aplaudir vivamente lo mucho muchísimo que en el ámbito de la música se ha hecho en las últimas décadas en la tierra remota pero cercana de Juan Vázquez y Esteban Sánchez.

Salado planteó una visión lenta pero no templada ni tibia, que se explayó con parsimonia en los muchos recovecos y registros de los cuatro movimientos de la sinfonía. Antes, cometió el error de coger el micrófono y detallar al público con poco rigor los intríngulis y milagros de la obra de arte, un verdadero anticlímax impropio de un maestro de su rango y de un público como el extremeño. El sitio del director de orquesta es el podio, no el  púlpito del predicador. El maestro dice la música desde la música, no desde la palabra, un lenguaje diferente que requiere otras cualidades, talentos y sapiencias. Ver a un maestro intentar explicar la música micrófono en mano –y no con la batuta- es algo tan ridículo como presenciar a un musicólogo batuta en mano dirigir la Sinfonía Leningrado. Zapatero a tus zapatos.

Antes, en la primera parte, se escuchó el Triple concierto de Beethoven, en una versión cargada de buena voluntad y de méritos. Un trabajo expresivo, estético y estilístico más concienzudo y hondo hubiera mejorado una versión que fue en sí correcta, y que contó con la participación solista de tres notables nombres de la nueva interpretación extremeña: el violinista Javier Fernández, el pianista Eduardo Moreno y, quien con diferencia se llevó la voz cantante de este desigual trío solista: el violonchelista Joaquín Fernández. Salado, que sabe trabajar con la gente joven y se contagia de su entusiasmo y vitalidad, concertó con oficio y pericia. Excepcional éxito de un público cargado de conocidos, y deslumbrado por la fuerza abrasadora de la gran sinfonía de guerra de Shostakóvich, cuya escucha en un lugar tan marcado por la sangre y la ferocidad franquista –el Palacio de Congresos de Badajoz se ubica exactamente en el lugar donde estaba la antigua Plaza de Toros, en la que entre el 15 y el 16 de agosto de 1936 fueron asesinados a tiros por la fuerzas golpistas de Franco en torno a cuatro mil pacenses- cobró un sentido excepcionalmente dramático. En San Petersburgo no pasaron. En Badajoz, por desgracia, sí.

PS: En un medio digital nacional, un loco iluminado denunció que los socialistas de la Junta de Extremadura han programado la Sinfonía Leningrado por rojos. Incluso que el bien diseñado programa de mano –que, muy apropiadamente, juega con caracteres en cirílico y con iconografía propia de la Rusia soviética de la época- es un panfleto comunista. La bazofia, que no tiene desperdicio, acaba preguntándose si cuando programen algo de Wagner “se utilizará iconografía nazi”. Ignora el bazofiador que Wagner murió en 1883, ¡exactamente seis años antes de que naciera el Führer en Austria! ¡Qué asco!

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