BADAJOZ / El Arte de la Escucha

Badajoz. 42 Festival Ibérico de Música. Iglesia de las Descalzas. 6-VI-2025. Kenneth Weiss, clave. J. S. Bach: El Arte de la Fuga.
La dirección de este valiente festival se ha apuntado un gran tanto este año consiguiendo que el gran especialista en la obra para tecla de Bach Kenneth Weiss dé un segundo y último concierto en España tras su actuación en Barcelona. Y nada menos que con El arte de la fuga, una obra nada usual en un concierto y todo un reto para intérprete y público en una sesión en directo. No sólo es un auténtico desafío y un verdadero tour de force para el intérprete, sino que requiere del oyente un esfuerzo adicional, una atención sin pausas y una capacidad de abstracción poco habitual; de ahí el que no sea frecuente su programación en concierto.
Kenneth Weiss conoce la obra para teclado de Bach como pocos y lo demostró en este concierto que quedará para el recuerdo. Parece haber seguido la indicación de Bach en La ofrenda musical cuando nos dice: Quaerendo invenietis, “Buscad y encontraréis”. Las escritura contrapuntística de El Arte de la Fuga es ciertamente densa, compleja, sabia, intrincada en los juegos armónicos de las voces, en los cursos cambiantes de las mismas, en el uso de todos los recursos posibles en la transformación del tema. Pero también va dejando pistas en cada contrapunto y en cada canon para localizar el tema original. Ésas son las pistas que Weiss supo encontrar y poner de relieve en sus interpretaciones. Que parten de una asombrosa transparencia y claridad en la exposición y desarrollo de las líneas y que, a menudo, aclara las texturas leve pero apreciablemente para que podamos identificar cómo ese esquivo tema aparece y desaparece, se traviste y se oculta en inversiones, movimientos contrarios, estructuras en espejo, etc. A veces, como en el Contrapunto I, Weiss recurre a tiempos pausados para enseñar a nuestro oído a que se quede con el tema, con un expresivo silencio antes de la resolución. O cuando en el Contrapunto IV dispone ligeras pero expresivas retenciones que sirven como pausas para respirar y seguir la caza del tema. La claridad de su fraseo, apoyada en una digitación y pulsación limpias e intachables, permite seguir las voces intermedias con nitidez. Con el estupendo clave alemán modelo Zutphen de principios del XVIII, Weiss aprovechó las posibilidades tímbricas para, en el Contrapunto V, servirnos una versión íntima y delicada sobre el teclado superior. Y en el Canon a la décima cada mano actuó sobre un teclado, dando personalidad tímbrica a cada voz. Hubo momentos de fuerte carga expresiva, como en el Contrapunto VI atacado con incisividad, remachando el staccato y ahondando en los acentos; o la imperiosidad del fraseo de la voz inferior en el Canon a la duodécima; o la apasionada expansión del tema en el Contrapunto IX.
Para el último momento, esa fuga triple en la que Bach estampa su firma, el clavecinista neoyorquino, que ya tenía subyugado a un público que ni tosió ni pestañeó durante casi hora y media, fue poco a poco, pausadamente, meditativamente, desplegando las voces, con un breve silencio antes de la emergencia del segundo sujeto y fraseando con unción devocional ese Si bemol-La-Do-Si tras el cual se abre el abismo del silencio, dejando colgada la última nota interrumpida. El público tardó en romper a aplaudir, tal era la comunión lograda por el sensacional clavecinista. Cada cual, a su manera, había encontrado el secreto enterrado por Bach.
Andrés Moreno Mengíbar


