BADAJOZ / Bruckner y la flauta feliz

BADAJOZ / Bruckner y la flauta feliz

Badajoz. Palacio de Congresos. 3-X-2019. Francisco López, flauta. Orquesta de Extremadura. Director: Álvaro Albiach. Obras de Reinecke y Bruckner.

No ha podido tener mejor comienzo la temporada 2019-2020 de la Orquesta de Extremadura. Para su concierto inaugural, el conjunto extremeño se ha adentrado, de la mano de su titular, Álvaro Albiach, en el reto de abordar una sinfonía tan compleja y cargada de exigencias de toda índole como la Sexta de Bruckner, un monumento sonoro apto solo para formaciones y maestros de bien cuajada solvencia técnica y artística. “Mi más atrevida sinfonía”, reconoció el propio compositor, que nunca llegó a escucharla en su integridad. No fue hasta 1899 -tres años después de su muerte- cuando Gustav Mahler la dio a conocer en Viena, el 26 de febrero.

Álvaro Albiach afrontó la colosal sinfonía con ella bien interiorizada y rumiada. Sin partitura sobre el atril ni batuta en las manos. Con un control de los detalles, las dinámicas y las grandes progresiones temáticas verdaderamente maestro. Hizo gala –como ya hiciera el verano pasado en su excepcional versión de Samson y Dalila de Saint-Saëns en el Teatro Romano de Mérida-  de una plenitud expresiva, un temple y técnica que le sitúan entre los maestros verdaderamente relevantes del actual panorama sinfónico español. Cuajó así una versión que, pese a la escueta sección de cuerda, se escuchó con peso, densidad y empaque brucknerianos, cualidades que no lograron resultar cercenadas por una sección de cuerdas graves –violonchelos y contrabajos- a todas luces insuficiente para establecer la calibrada redondez sonora característica del sinfonismo bruckneriano. Tampoco ayudó a realzar las sonoridades graves la particular acústica de la sala.

Albiach planteó una visión de tiempos vivos, más cercana, en este sentido, a Jochum o Chailly que a las legendarias de Furtwängler o Celibidache. Fue un Bruckner de gran impulso. Mediterráneo y latino, con arrebatos en los puntos culminantes que, sin embargo, nunca se percibieron excesivos o artificiosos. También regustado en los fundamentales episodios lentos, particularmente en un segundo movimiento donde se alcanzaron momentos de solemne intensidad emocional. El maestro edetano, que sobre el podio ha heredado la naturalidad y saber hacer de su inolvidable maestro José María Collado, añadió aplomo, rigor y personalidad a una versión con firma, que desde el conocimiento y empatía a la esencia y tradición, voló con acentos propios.

La Orquesta de Extremadura, inmersa en un universo expresivo que no le es familiar —a pesar de ya haber incursionado en varias ocasiones en la música de Bruckner, de la que incluso llevó al disco su Cuarta sinfonía— respondió con disciplina, entusiasmo y profesionalidad, convirtiéndose en cómplice involucrado del maestro. El conjunto extremeño demostró estar en buena forma, sin que el receso estival haya supuesto el más mínimo descuido de su puesta a punto. Hay que destacar, por su comprometido cometido, la sección de trompas, que salió bien airosa de brete, como también el timbalero solista –Víctor Segura- que fue soporte seguro y atento al dictado preciso del maestro.

No fue esta notable Sexta de Bruckner lo único interesante de este arriesgado programa inaugural. Antes, como preludio y calentamiento, en la primera parte se escuchó el romántico Concierto para flauta en Re mayor de Reinecke, que encontró una versión memorable en los labios excepcionales de Francisco López, hipervirtuoso artista extremeño de deslumbrante trayectoria internacional, nacido en Plasencia y actualmente solista de la Orquesta de Barcelona (OSBC) y de la Filarmónica de Oslo. Profeta en su tierra —en 2018 ganó por unanimidad el Concurso Pedro Bote que anualmente se celebra en Villafranca de los Barros, y este año es artista residente de la Orquesta de Extremadura—, en el arte mayúsculo de López se admira tanto su desbordante musicalidad como el asombroso dominio técnico. Afinación, sonoridad, proyección… ¡Todo son virtudes en este deslumbrante coloso de la flauta, cuya pasmosa seguridad le convierte en un Benedetti-Michelangeli de la flauta! Difícil imaginar una versión más radiante, intensa, luminosa y feliz del Concierto de Reinecke. Sin duda, el público que abarrotó el jueves el luminoso Palacio de Congresos de Badajoz escuchó y disfrutó a uno de los colosos de la flauta del siglo XXI.

La bien ganada respuesta del público, que fue tan calurosa y entusiasta como luego con la Sexta de Bruckner, propició que la actuación paisana de Francisco López se prolongará con el célebre pasaje flautístico del Orfeo y Euridice de Gluck, para el que se hizo acompañar por la sección de cuerdas de una Orquesta de Extremadura dúctil y delicada también en estas sutiles lides clásicas. Gran noche de música solo enturbiada por una insoportable retahíla de teléfonos móviles que parecía empeñada en convertir tan estupendo programa en un único concierto para “móviles impertinentes y orquesta”.