MADRID / A+Música y el sentido del mecenazgo, por Michael Thallium

MADRID / A+Música y el sentido del mecenazgo, por Michael Thallium

Madrid. Auditorio Nacional. 24-I-2019. Orquesta de Cámara Andrés Segovia. Solistas: Patricia Cordero (violín), María Escudero (piano), Alejandro G. Pareja (violonchelo), Miguel Pliego (contrabajo). Concertino: Víctor Ambroa. Obras de Nebra, Vivaldi, Vanhal, Bach, Boccherini y Beethoven.

Michael Thallium

L

a velada musical organizada por A+Música el pasado jueves en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional fue fiel reflejo de la filosofía que impulsa el proyecto de mecenazgo de esta asociación que lleva ya activa seis años: promover a jóvenes artistas organizando conciertos singulares de muchísima calidad. Por aquí han pasado, entre otros, artistas de la talla del violonchelista Pablo Ferrández, el pianista Juan Pérez Floristán o la jovencísima violinista María Dueñas, quien a su temprana edad se pasa la vida viajando por Europa de concierto en concierto.

La sala estuvo muy concurrida y con público variopinto, algo que llamaba la atención dada la competencia que había a esa misma hora en la Sala Sinfónica del Auditorio: nada más y nada menos que Ricardo Chailly y la Filarmónica de la Scala. Rita González, alma mater de la asociación, abrió el concierto con unas palabras con las que quiso ensalzar la calidad de los jóvenes artistas que iban a tocar a continuación y la bondad del proyecto de mecenazgo privado que llevan a cabo y que les ha llevado a organizar ya 27 conciertos. En el programa obras que iban desde compositores del Barroco hasta Beethoven.

El recital comenzó con la Orquesta de Cámara Andrés Segovia interpretando la seguidilla de José de Nebra (1702-1768) de la ópera Iphigenia en Tracia. De España viajamos al Barroco italiano de Antonio Vivaldi (1678-1741) con el Concierto en Fa mayor para violín, violonchelo y orquesta, en el que la violinista Patricia Cordero, de 19 años, con un vestido largo y rojo, y el violonchelista Alejandro Gómez Pareja, de 16 años, con traje negro, se conjuntaron de maravilla anticipando, a modo de aperitivo, el muy buen hacer que más tarde demostrarían cada uno de ellos por separado.

De Italia viajamos a Bohemia con el Concierto en Re mayor para contrabajo y orquestade Johann Baptist Vanhal (1739-1813), única obra en tres movimientos que este compositor escribió para el instrumento más voluminoso de la familia de las cuerdas. Fue una magnífica oportunidad para escuchar un instrumento para el que no suele escribirse música sinfónica y el contrabajista Miguel Pliego García, de 23 años, demostró dominio absoluto de su instrumento, destacando la coda final del primer movimiento y la del tercer movimiento.

La segunda parte comenzó en Alemania y con un plato fuerte: el conocido Concierto en Re menor de Johann Sebastian Bach (1685-1750), originalmente para clave, y que podemos considerar el primer concierto para instrumento de teclado solista. María Escudero Rara, de 26 años, interpretó esta obra al piano. Lo hizo brillantemente y, sin entrar en disquisiciones de si Bach se debe interpretar con pedal o no, lo cierto es que su interpretación fue virtuosa y la madrileña dio lo mejor de sí en una obra de mucha dificultad.

De Alemania regresamos a España de la mano de un italiano: Luigi Boccherini (1743-1805). El jovencísimo Alejandro Gómez Pareja interpretó quizás el más bello concierto de violonchelo escrito por Boccherini, el Concierto nº 7 en Sol mayor. Para quienes estuvimos entre el público, creo que ese fue uno de esos momentos únicos en los que uno se da cuenta de que, sin saber muy bien por qué, algo único está sucediendo. Y es que Alejandro, con su forma de agarrar el violonchelo, de tocarlo y hacerlo sonar, tiene un algo, un duende, un ángel, que lo hace muy especial. En el Adagio del segundo movimiento, del violonchelo surgieron las más hermosas melodías y largas notas bellamente sostenidas en el tiempo.

Y de España, para terminar, volvimos a Alemania con la Romanza en Fa mayor de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Patricia Cordero hizo cantar lentamente a su violín en un adagio cantabile que lleva cautivando audiencias durante más de dos siglos. Patricia, al igual que los demás intérpretes que la precedieron, demostró un dominio del instrumento que hace vislumbrar un gran futuro, porque el presente ya lo es.