Amandine Beyer: “Intentamos encontrar dónde Bach ha escondido sus sorpresas”

La Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música acoge el próximo 18 de noviembre un concierto extraordinario enmarcado dentro de la temporada musical de la Fundación Scherzo: se trata del concierto benéfico Non sei solo in memoriam Javier Rodríguez-Miñón Falero, cuyos ingresos serán destinados a la Organización Nacional de Transplantes y a becas para jóvenes intérpretes. El programa lo conforman cinco conciertos de Johann Sebastian Bach para diferentes solistas, en versiones a cargo de la violinista francesa Amandine Beyer y su grupo Gli Incogniti, intérpretes de referencia del repertorio barroco.
¿Qué representa para usted la música de Bach?
Tengo una relación muy larga con este compositor. Por mi parte, tengo una admiración inmensa, una fascinación y una estupefacción renovada ante su manera de plasmar en notas su visión del universo. Pero también mucho respeto, porque compuso las Sonatas y Partitas para violín solo: unas piezas tan complejas con las que he pasado tantas horas de mi vida ¡que ya no sé que pensar de ellas!
Afortunadamente, Bach ha escrito también muchas otras cosas donde el violín está involucrado, y son mucho más accesibles. Como por ejemplo las que incluimos en el programa Non sei solo. Este título juega con el subtítulo que Bach mismo puso a las sonatas y partitas, “Sei solo“, que en sí mismo es un misterio (¿quería decir “seis solos” pero se equivocó, porque en italiano sería sei soli, o quería decir “estás solo”, que parece un poco desafiante?)
¿Cómo ha concebido el programa “Non sei solo”?
Este es el segundo volumen de una trilogía de programas donde presentamos la práctica totalidad de los conciertos compuestos por Bach en Köthen. El primero contaba con la presencia de flautas y oboes, este segundo lo hemos circunscrito a las cuerdas y el tercero estará lleno de fuegos de artificio con los metales y otros vientos. Fue un período extraordinariamente creativo del compositor, donde pudo contar con una pequeña orquesta de virtuosos a su servicio, y donde a pesar de los avatares de su vida “nunca estuvo solo”.
En el programa bachiano que presenta en Madrid incluye el Concierto BWV 1064R, que funciona estupendamente en la reconstrucción para tres violines solistas. ¿Puede hablarnos de ella?
¡Con mucho placer! Es un privilegio inmenso poder tocar está música en Madrid próximamente. Es una pieza que acabamos de añadir a nuestro repertorio. A pesar de tener ya varias reconstrucciones disponibles, decidimos hacer nuestra propia “receta” y volver a la partitura de Bach para tres claves y ver cómo podría funcionar con nosotros. Y me encanta el proceso, porque este concierto, cuando se toca en la versión para tres violines, adquiere una dimensión completamente diferente. Ya había hecho este trabajo en la versión para violín del Concierto en Re menor para clave, y había sido una experiencia enriquecedora. Obviamente, hay patrones de solos que están pensados para teclado y que hay que “traducir” al violín, pero intentando también conjugar el estilo del compositor y el gusto del intérprete, así que, por ejemplo, he transformado mis solos un poco a mi medida y he dejado a los otros dos solistas, Yoko Kawakubo y Vadym Makarenko, libres de adaptar sus partes a sus gustos y necesidades. Realizamos también algunos pequeños cambios del acompañamiento orquestal que a mi juicio producen una textura mucho más italianizante. En los tutti, aún estamos experimentando con la octava apropiada, y es un trabajo muy divertido. Da la impresión de que, al fin y al cabo, hay más libertad de la que a veces pensamos…

En muchos conciertos de Bach es evidente la influencia italiana, el espíritu de Vivaldi, que el compositor conjuga con una densidad orquestal más “alemana”, como en el Concierto de Brandeburgo nº 3. En su forma de acercarse a estas piezas, ¿qué componente le gusta resaltar?
Creo que me gustaría resaltar lo que pienso que a Bach le gustaba de la música italiana (¡a él y a todos nosotros!): la vitalidad, la frescura, la ligereza en la complejidad y el juego. Hay también este culto al violín virtuoso y que genera unas cuerdas muy energéticas… ¡por no hablar de la luz totalmente meridional!
¿Es muy diferente su aproximación a la música de Vivaldi y a la de Bach?
Es complicado decir cómo me acerco a un repertorio, a un compositor o una compositora. Hay mucho de afección, cariño, respeto, humildad, deseo, ganas de hacerlo bien, en todos los casos. Pero es cómo la amistad. ¡Es cosa de dos! y depende también del momento…para mí, la música de Vivaldi es mas inmediatamente asequible, porqué él era violinista. Y la de Bach tiene que pasar por otro filtro, porque siempre sale la vena harmónica del teclista. Tener un órgano siempre en mente no es lo mismo que pensar en las posibilidades (también infinitas, pero de un modo diverso) de un violín… Con Vivaldi todo parece inmediato: el lirismo, la genialidad, la sorpresa… En Bach, todo ello es mucho más elaborado, pero en el fondo también está ahí y hay que resaltarlo. A veces, como la música de Bach es por sí misma excepcionalmente rica, parece que bastaría con tocar las notas y que una versión puramente “computerizada” (sin intervención humana) bastaría para mostrar la genialidad que está detrás. Evidentemente este no es nuestro camino. Nosotros intentamos encontrar dónde Bach ha escondido sus sorpresas en un complejo tejido contrapuntístico, dónde está esa armonía que nos acaricia cada vez que llegamos a ella, y dónde la aparente simetría y orden se interrumpe muy levemente para mostrar un rumbo inesperado. Y una vez encontradas, pretendemos transmitirlas al público para que pueda experimentar el mismo placer que a nosotros nos produce.
¿Puede decirnos algo sobre los solistas que intervienen a su lado en este concierto?
En Gli Incogniti, tengo la suerte de compartir vida musical y escenarios con una gente especial. Tocamos mucho todos juntos a partes iguales, o bien acompañandonos, de vez en cuando en tutti, de vez en cuando a solo, y me encanta está flexibilidad. En todo momento, sale la amistad, y esto es lo más importante para mí. A parte de esto, estoy mesmerizada cada vez que Anna Fontana sale de las armonías de su continuo fantástico para lucir su solo en el inmenso Concierto para clave en Fa menor, cuando Marco Ceccato se pone delante con su cello para Haydn o Vivaldi o que puedo compartir solos con Alba Roca y Marta Páramo. Ya he citado a Yoko y Vadym, pero está también Ottavia Rausa y Baldomero Barciela, sin olvidar a Francesco Galligioni y Dmitri Kindynis, nuestros special guests de doble papel de cello/viola da gamba…todo un grupo de personas deliciosas y talentosas con quien tengo la suerte de viajar, reír (a veces de emoción, a veces de frustración o de cansancio), comer y ensayar, porque un grupo no son solo los conciertos. Es sobretodo unas personas que se unen por el amor a difundir una música maravillosa.
¿Tiene previsto grabar este programa? ¿Qué más tiene pensado llevar al disco próximamente?
Pues no exactamente el mismo programa, pero el próximo mes de enero grabaremos un disco con casi todas las obras de esta noche y algunas de otros compositores (Vivaldi, Marcello) que sirvieron de modelo a Bach, y que puestas unas enfrente de las otras nos permiten escuchar esta música con una luz diferente. Y por supuesto tenemos también en mente un nuevo proyecto Vivaldi que creemos que puede ser divertidamente “polémico”.
En una entrevista con nuestro añorado Eduardo Torrico realizada en febrero del año pasado, afirmaba que le gustaría con Gli Incogniti hacer música del Clasicismo (C.P.E. Bach, Haydn…) con una plantilla más grande. ¿Está en ello o es todavía un objetivo lejano?
Aunque no lo conocía muy bien las conversaciones con Eduardo eran siempre muy enriquecedoras y lamento mucho su pérdida. En cuanto al repertorio clásico, lo estamos haciendo, poco a poco. No es tan fácil mover una orquesta grande, pero me hace mucha ilusión. Cuando podemos presentar un programa entero de sinfonías de Carl Philipp Emanuel Bach, como en el Festival de Torroella de Montgrí este verano, o una mezcla de Haydn, Richter y C.P.E. Bach en Brühl (en Alemania) el verano pasado, me hace muy feliz.
Stefano Russomanno
(Foto: Óscar Vázquez)



