ALICANTE / El Mozart esencial de Maria João Pires

ALICANTE / El Mozart esencial de Maria João Pires

Alicante. Auditorio ADDA. 2-XII-2020. Maria João Pires, piano. ADDA Simfònica. Director: Josep Vicent. Obras de Mozart y Saint-Saëns.

De entre los grandes intérpretes de Mozart al piano, Maria João Pires ocupa un lugar más que destacado en la historia, al haber sabido descubrir los secretos de la música de este compositor con una singularidad de recreación verdaderamente admirable a lo largo de los últimos setenta años; piénsese en la muy temprana precocidad de esta pianista que debutó con sólo siete años precisamente con un concierto del gran músico de Salzburgo a principios de la década de los años 50. Siguiendo la estela de la incomparable Lili Kraus, mítica pianista húngara en el repertorio de Haydn, Mozart y Schubert, la intérprete lusa se hizo con lugar de referencia entre las féminas que han traducido a este compositor con una destilada asunción estilística como ocurrió con la también magiar Annie Fischer, la rumana Clara Haskil o, en la actualidad, con la nipona Mitsuko Uchida, que hemos tenido la suerte de poder admirar en el ADDA en temporadas anteriores.

En esta ocasión, Pires ha interpretado el Concierto nº 20 en Re menor K 466, uno de los primeros con esa manifiesta orientación sinfónica que le llevó a convertirse en uno de los más interpretados a lo largo de sus doscientos treinta y cinco años de existencia. En el primer tiempo giró, después del preludio orquestal, en torno al dramático primer motivo del piano, apuntando después un aire enérgico que fue seguido por el maestro Josep Vicent conteniendo el efecto expansivo sonoro debido a la esparcida disposición  de la orquesta, que no impidió que ambos elementos concertantes mantuvieran un tensión sin tregua en busca de una creciente vitalidad que no tuvo reposo hasta el advenimiento de la romanza que ocupa el segundo movimiento. En esta, la solista sacó su vena romántica con apaciguada orientación expresiva antes del agitado episodio central que desarrolló ofreciendo un gran despliegue de virtuosismo. Con un resolutivo attacca afrontó el Allegro assai que cierra este concierto, volviendo a la vitalidad mostrada al principio de la obra desde un soberbio mecanismo en el exigente contrapunto de este jubiloso rondó. ADDA Simfònica y su director titular estuvieron a la altura de tan elocuente intérprete, redondeando una vez más una actuación en línea con el constante progreso artístico de esta formación.

El otro aspecto destacado de esta tercera cita del ciclo sinfónico del ADDA fue la interpretación de tres obras de Camille Saint-Saëns: las oberturas Andrómaca y Espartaco, y su conocida Danza macabra op.40 obras que están previstas en un proyecto fonográfico de ADDA Simfònica. Una vez más, la sección de viento-madera empezó a destacar haciendo que la agradable música de este polifacético compositor parisino fuera objeto de la atención del público, de modo más sugestivo y conmovedor en el tenebroso poema sinfónico en el que es obligado mencionar por su excelente intervención a los percusionistas Rafael Mayans y Salvador Soler en el xilofón y los timbales, respectivamente, y a la joven violinista venezolana Lila Carolina Vivas, concertino de la orquesta, así como a la violista rusa Yana Kucherova, que dejaron muy elevada su calidad artística en sus solos. Un público cada vez más entregado a su orquesta, con su insistente aplauso llevó a que el maestro Josep Vicent ofreciera un pequeño bis con la primera Amorosa perteneciente a las Diez melodías vascas de Jesús Guridi que dejó un evocador sentimiento en el auditorio.

(Foto: Chris Ganser)