ALICANTE / Convincente Carles Magraner al frente de la ADDA

ALICANTE / Convincente Carles Magraner al frente de la ADDA

Alicante. Auditorio ADDA. 21-X-2020. ADDASimfònica. Director: Carles Magraner. Obras de Rameau, Bach y Haendel.

La dirección artística del ADDA ha querido contar con la intervención en el pódium del violagambista valenciano Carles Magraner, fundador en 1987 del grupo de música antigua Capella de Ministrers, dirigiendo la orquesta ADDASimfònica en esa intención de poner a esta formación a las órdenes de especialistas, como ya hizo en el caso del trombonista Christian Lindberg o, más recientemente, del flautista Paco Varoch. Con ello, pretende que, desde su conocimiento y sentido musicales, estos músicos vayan enriqueciendo la versatilidad de esta formación alicantina, que se presta con verdadera ansia de superación a adentrarse en los distintos estilos y con una naturalidad de adaptación sorprendente, dados los resultados artísticos que viene obteniendo con tales experiencias.

Es el caso de este concierto con un programa de gran fuste orquestal en el que se presentaron tres obras de referencia de autores muy relevantes del periodo barroco como fueron Rameau, Bach y Haendel. Del primero se interpretó la suite orquestal de la ópera-ballet Les Indes Galantes, que permitió se pudiera apreciar cómo Magraner orientaba sobre las distintas técnicas de interpretación de la música francesa del siglo XVIII, aunque se estuviera realizando en instrumentos de sonoridad romántica. Las amplias dimensiones de la orquesta para este repertorio no fueron un hándicap para que el director experimentara en aspectos tan importantes como regularizar articulación, distinguir acentuación, adaptar sonoridad y realzar fraseo de los tiempos de esta suite, cuya música tiene de por sí una plasticidad de enorme trascendencia. Fue el caso del Air pour les esclaves africans y sus dos tambourins pertenecientes al episodio Le Turc Généreux, o el conocido rondó Les sauvages realizado con gran nervio y excitante distinción rítmica, que sería repetido en uno de los bises.

El concierto tomó una orientación más sería con la Suite en Re BWV 1068 de Bach. La destreza técnica que requiere la cuerda se percibió por momentos mermada en sus dos gavotas, apreciándose algunos problemas de ajustes de conjunto y sobredimensión dinámica en el penetrante sonido de las trompetas, después de un exquisito tratamiento del Air que contiene su segundo movimiento.

Se volvió a un ambiente más distendido y festivo con la Música para los reales fuegos artificiales de Haendel, con una atractiva Réjouissance después de la solemne obertura y una muy bien entretejida Bourrée. Los insistentes aplausos provocaron una brillante ejecución del eurovisivo preludio del Te Deum de Marc-Antoine Charpentier que no hizo sino acrecentar el entusiasmo general.