ALICANTE / ADDA-Simfònica se luce con la música contemporánea

ALICANTE / ADDA-Simfònica se luce con la música contemporánea

Alicante. Auditorio de la Diputación. 6-XII-2019. ADDA-Simfònica. Director y trombón: Christian Lindberg. Obras de Per Egland, Lindberg, Schubert y Schumann.

Bajo el título de “Diabólica” se presentaba el cuarto concierto sinfónico de abono de la temporada del auditorio alicantino con la orquesta ADDA-Simfònica liderada por el trombonista Christian Lindberg que, dado el éxito obtenido en otoño de 2018 con la Israel NK Orchestra y el trompetista Pacho Flores, ha vuelto a entrar en la programación del ADDA como gran figura mundial de su instrumento y director de reconocido prestigio internacional.

Con la vitalidad que le caracteriza, el maestro sueco inició su actuación con la obertura del singspiel sobre textos del dramaturgo alemán August von Kotzebue titulado  Des Teufels Lustschloß (La cerradura del placer del diablo), D.84 de Franz Schubert en la que los trombones tenían una especial relevancia, en este, caso no demasiado feliz por desajustes de entrada y algún que otro problema de soplido sin que llegaran tales efectos a perturbar al resto de la orquesta, que se mostró muy atenta y receptiva a la tensión y energía que irradiaba el maestro Lindberg, que anticipaba con expansiva gestualidad el contrastado mensaje del compositor.

El concierto adquiría una relevancia significativa por el estreno absoluto de la obra Un diablo dormido del compositor sueco Per Egland que, sorprendido por el carácter diabólico del concierto al recibir el encargo de Lindberg, lo superó ante el consejo de su hija de tres años de que había que enviar a dormir a tan malévolo personaje. La capacidad de sugerencia de este músico, especializado en temas infantiles, ha quedado demostrada en esta obra que, desde un destacado entendimiento de su mensaje por parte del director, se manifiesta algo fantasmagórico en su colorido sonoro que va desde los ruidos de soplado de los metales hasta las dinámicas más estridentes sin perderse en momento alguno el sentido de musicalidad.

El respeto que Per Egland tiene por el instrumento orquestal quedó patente en la ejecución y dirección de esta obra de una sonoridad siempre equilibrada, estabilizada y transparente en su conjunto y con estudiada funcionalidad de cada sección instrumental, que se alternaban entre sí buscando una percepción subliminal en el oyente. La orquesta respondió con una rara calidad recreativa, seguramente ante el estímulo y comprensión que se generaba en el pódium, dejando la sensación de una experiencia y efectividad superiores a la de una formación de sólo un año de existencia. Con esta interpretación ADDA-Simfònica destapó el tarro de sus esencias musicales contemporáneas sabiendo aprovechar la clara lectura de este muy experimentado director en decenas de estrenos propios y ajenos. Sin duda, fue el resultado, entre las diversas prioridades con las que trabaja su titular, el maestro Josep Vicent, de un virtuoso ejercicio de escucha interna.

Otro tano se puede decir de la obra concertante Mandrake in the Corner, para trombón y orquesta del propio Lindberg. Su audición deja la sensación de una obra de espontánea inspiración, que ha sido materializada desde el dominio absoluto del instrumento solista, que adquiere a lo largo de la obra un creciente protagonismo total. Volvía a revivir las experiencias tenidas en los momentos de su composición, de las que hay que deducir el aire que anima a cada uno de sus tres movimientos. Con su instrumento y de espalda a la orquesta, transmitió un ambiente doméstico y familiar en el allegro que abre la obra, dejó una sensación de tranquilidad en el segundo destacando el canto del Maestoso central, que funciona a modo de trío, para de forma trepidante y en attaca abrir con diabluras del trombón el Vivace final que tiene todos los rasgos expresivos de haber sido creado con ayuda computacional. ADDA-Simfònica volvía a brillar de modo fulgurante funcionando, viene a colación, como un gran ordenador sonante arrastrada por la arrolladora eficacia conductiva de Christian Lindberg.

La segunda parte del programa estuvo dedicada a la Tercera Sinfonía Op. 97, “Renana”, de Robert Schumann. La sonoridad de la orquesta se plegó a la estética romántica con enorme eficacia y respeto al autor y al director, que hizo una auténtica construcción con el discurso del Vivace inicial haciendo que funcionara como un motórico staccato en el pasaje de unión de sus dos temas aderezado de síncopas. Se personalizó cada variación del Scherzo reflejándose el sentido de canción popular en cada una de ellas para, en su trío, suavizar la tímbrica de los instrumentos de viento, que dejaba una bucólica sensación diminuente. El director enfatizó el sentido cantabile del pequeño Andante como función transitiva hacia el cuarto movimiento, donde hizo funcionar a la orquesta como una formación barroca con el implemento de los instrumentos de metal, los trombones y las trompas, estas últimas muy felizmente, dibujando con sus robóticos gestos el contrapunto continuo que subyace en este tiempo tan majestuoso. Lindberg orientó el Finale con alta tensión dinámica y frenético ritmo sintiéndose cómodo con la alta capacidad de respuesta de ADDA-Simfònica que, por el compromiso de la sociedad alicantina en su creación, corta e intensa historia y creciente trayectoria, hay que considerarla como un verdadero milagro orquestal en nuestro país.