AIX-EN-PROVENCE / Claus Guth y Raphaël Pichon rescatan a ‘Samson’ de entre las ruinas

Aix-en-Provence. Théâtre de l’Archevêché. 13-VII-2024. Festival de Aix-en-Provence. Jarrett Ott (Samson), Jacquelyn Stucker (Dalila), Lea Desandre (Timna), Nahuel di Pierro (Achisch), Laurence Kilsby (Elon), Julie Roset (ángel), Pygmalion. Director y concepto musica: Raphaël Pichon. Dirección de escena, concepto y escenario: Claus Guth. Voltaire / Jean-Philippe Rameau: Samson.
El Festival de Aix-en-Provence alcanza el vértice de su programación bajo el impulso de una importante relación de producciones escénicas cuyo sentido final se completa con conciertos y otras actividades. Ocho títulos delimitan el ámbito del teatro musical, de los que seis se presentan con carácter de estreno mientras a su alrededor surgen poco menos de una veintena de actos musicales que enriquecen las “lineas de fuerza” de los programas en formatos muy distintos y repertorios que van desde lo sinfónico al recital con voces de referencia, a la creación contemporánea en dimensiones diversas, el jazz, y otras incursiones como los encuentros divulgarivos y las jornadas profesionales de artistas y gestores en un espacio para el intercambio de experiencias.
Una sensación de viveza y dinamismo surge ante el proyecto dirigido por Pierre Audi quien tras seis años de gestión ha demostrado capcidad para incentivar una maquinaria que gestiona tres grandes teatros y otros pequeños escenarios y hacerlo bajo el paraguas de ideas poderosas. Algún ejemplo sirve para confirmar el propósito general y el perfil de la actual edición, muy centrada en lo francés tanto en el significado como en los medios que le dan forma, así como en la posibilidad de reflexionar sobre la violencia, la locura y la destrucción desde la fidelidad, la voluntad y la lucha por la justicia. Samson, por ejemplo, es una “creación” que toma como base la ópera perdida de Voltaire y Jean-Philippe Rameau, basada en el héroe bíblico y cuyos devaneos profanos fueron prohibidos por la censura. El libreto sobrevive gracias a su publicación y la música acabó repartida por otras obras de Rameau sin que a día de hoy sea fácil su identificación.
La sublime concepción dramática de la música de Rameau y su exquisita realización orquestal son asuntos que se pusieron de manifiesto hará unos veinte años cuando Marc Minkowski decidió inventar “une symphonie imaginaire” reuniendo fragmentos de distintas obras. Estos días se ha visto por Aix al director francés convertido ahora en espectador e inevitablemente abocado a rememorar proyectos como este que en su momento fueron una pionera forma de fantasear sobre un autor a quien se reconoce por su capacidad para la teoría y la polémica, y la composición de obras fundamentales en la tradición teatral francesa del XVIII tras la revolución de Lully. La sombra de proyectos musicales como el de Minkowski, dedicados a imaginar legados desconocidos o inexistentes (en su caso en el ámbito sinfónico) alcanza a este Samson en el que se tanta importancia tiene el trabajo musical de Raphaël Pichon como el escénico de Claus Guth, ambos dispuestos a reinventar antes que a reconstruir.

En lo musical, Samson relaciona fragmentos de Castor et Pollux, de Dardanus, de Le Temple de la Glorie, de Zoroastre, de numerosas obras, en una recopilación pensada para la continuidad dramática de un espectáculo trazado con minuciosidad. Raphaël Pichon, con su orquesta y coro Pygmalion, lo convierten en algo importante, más inclinados a endulzar los aspectos trágicos de esta música que el veterano Minkowski, por entonces abanderado de Rameau en años de compromiso y apasionamiento. Pichon es parte fundamental del grupo de artistas que dan cobertura a las ideas de Audi para este festival, y en él es fácil encontrar a un músico de carácter, muy bien representado en la solidez de su orquesta y coro Pygmalion. Sorprende en este contexto la presencia de un reparto tan irregular dominado por la fortaleza física de Jarrett Ott, un Sansón evidente aunque no tan robusto en lo vocal y en lo gestual. En la cabecera del reparto hay que colocar a la soprano Jacquelyn Stucker como Dalila, quien añade al papel poderosas connotaciones expresivas. La también soprano Julie Roset en el papel secundario del ángel hace una muy sugerente propuesta, del mismo modo que Jacquelyn Stucker lleva a Dalila a cotas eficaces. Fuera de toda sensatez queda el destemplado Achisch del argentino Nahuel Di Pierro.
De una manera muy evidente, la interpretación se subsume a la ejecución escénica de Claus Guth, abierta a muy diversas observaciones sobre la obra y su proyección en el tiempo, y a la vez cerrada a la consideración de una representación cuya narración discurre con naturalidad. El libreto de Voltaire queda en un segundo lugar ante la reconfiguración contemporánea de la historia sobre un escenario que es la ruina de un edificio y que asimila la propia ópera y su sentido. El escenario de Samson espera ser reedificado por varios técnicos que lo visitan ajenos a la historia acumulada entre sus propios muros y cuyo origen se encuentra en el relato hablado de una anciana que rememora el recuerdo del ser perdido, mientras fluye la epopeya apoyada por la proyección de varias citas del bíblico Libro de los jueces en el que se narra la historia de Sansón.
Los números musicales se superponen a transiciones de naturaleza electrónica que ambientan los cuadros mientras la totalidad del gesto se adapta a una poderosa coreografía que incurre en imágenes fijas, cambios de ritmo y movimientos directamente relacionados con el fluido musical. Samson surge así con una energía importante, creando algo convincente y destruyendo a través de la farsa su propia inexistencia. Lo que de verdad o invención pueda haber en este espectáculo es algo que queda en segundo lugar, pues se impone la elocuencia de una realización que penetra en los espectadores con el indiscutible argumento de lo indubitable, lo que hace posible la inviable realidad de esta ópera.
Manuel Nogales
(fotos: Monika Rittershaus)


