Ainhoa Arteta : “Soy más una actriz que canta que una cantante que actúa”

Ainhoa Arteta : “Soy más una actriz que canta que una cantante que actúa”

Ainhoa Arteta acaba de cantar de CioCioSan  en Madama Butterfly, tanto  en el Festival de Verano de San Lorenzo de El Escorial como en el Auditorio Kursaal, dentro de la programación de la Quincena Musical Donostiarra. Ahora prepara a fondo su próximo compromiso, que será el Don Carlo que tendrá lugar en el mes de octubre próximo en el Teatro Real de Madrid, donde cantará el rol de Elisabetta de Valois. En esta entrevista, la soprano vasca nos cuenta sus impresiones sobre estos dos papeles y su visión general sobre el actual estado de lírica.

Tras una larga temporada encarnando a heroínas veristas, va a meterse ahora en la piel de Elisabetta de Valois en el Don Carlo del Real. ¿Cómo afronta el paso de un personaje a otro y de un estilo a otro?

Estas heroínas veristas, de gran carga protagónica, conllevan una responsabilidad tanto vocal como actoral muy grande, lo que me obliga a concentrarme únicamente en un papel: el que estoy cantando en el momento o voy a cantar inmediatamente. Admiro a quienes son capaces de compaginar dos roles, porque yo no puedo hacerlo. Y, si lo hiciera, tendría la sensación de traicionar al personaje que interpreto en escena en ese momento. Por tanto, he estado completamente absorbida por CioCioSan en verano y estos dos últimos meses con Elisabetta. Pero este proceso es lo que más me gusta de mi profesión: preparar los roles y darles vida y de hecho, me gustaría tener más tiempo para cada uno, porque es el momento de estudiar, leer, empaparse culturalmente de los personajes, su época, la escritura de la partitura, el tema… Y el plazo del que disponemos es corto. Cada vez que hago un personaje le encuentro algo nuevo y cada producción me enseña algo sobre él. A veces me da mucho coraje hacer tanto esfuerzo, conseguir encajar por fin en el personaje para hacerlo sólo dos o tres veces y abandonarlo. No es nada fácil, da incluso tristeza porque es deshacerse de alguien en quien has puesto mucho de ti.

Elisabetta de Valois, dada su condición regia, es un personaje en principio más contenido que esas heroínas veristas, con una gran tensión interna que explota, al menos hasta cierto punto, en Tu che la vanità.

Está educada para ser reina, pero es hija de una Medici, esa  madre tremenda que fue Catalina y que influyó mucho en ella. Por eso, cuando tiene que defender su lugar, como en el duetto con Eboli, no da lugar a réplica ni cede ante nada ni nadie. Es reina pero también es una mujer de mucho carácter y con la Eboli, que es un personaje femenino de rompe y rasga, lo saca sin cortapisas. Eso sí, frente al rey ella ha de callar y aguantar. Una situación muy difícil de vivir. La complejidad de este personaje tan interesante me cautivó cuando lo preparé hace seis años. Es verdad que la versión de cuatro actos hace que  se desdibuje un poco su figura y que no se entiendan bien los celos del rey, aunque el libreto no se atenga a la verdad histórica, como sabemos. Evidentemente, cuando se representa la versión en cinco actos todo queda mucho más claro y Felipe II no adquiere ese tinte de un Otello prácticamente.

Si en Butterfly el peso protagónico de CioCioSan es casi absoluto, en Don Carlo está muy repartido entre seis personajes que requieren seis solistas de la mayor solvencia y por tanto la manera de trabajar es completamente distinta.

Por supuesto. A esta ópera hay que llegar con la idea del personaje bien clara. Esto facilita mucho las cosas con los otros compañeros para abordar los dúos, tríos, etc. y sobre todo a la hora de trabajar de manera más profunda en escena. De hecho, el intercambio con los directores de escena me encanta porque las distintas miradas que proporcionan cada uno de ellos me permiten investigar los papeles desde ángulos diferentes o complementarios. Siempre he dicho que soy más una actriz que canta que una cantante que actúa, así que me apasiona ese trabajo.

Esta próxima temporada canta Mirentxu en versión concierto en el Teatro de la Zarzuela, donde el año pasado cantó Katiuska y esta pasada temporada participó en el Ciclo de Lied. Háblenos de esa especial relación que parece unirle con este teatro.

En efecto, quiero mucho al Teatro de la Zarzuela, en primer lugar porque es el teatro que defiende un género que es muy nuestro y que tenemos que defender nosotros. En segundo lugar, porque Daniel Bianco está dándole la vuelta al teatro con un trabajo maravilloso y unas producciones estupendas. Así que… sí, siempre es un placer cantar y volver allí. Y por supuesto me encantaría colaborar más con el Real y el Liceo, pero no depende sólo de mí.

Entiendo que está usted muy centrada en esos personajes veristas pero ¿tiene pensado adentrarse en otros repertorios?

Al principio de mi carrera canté mucho repertorio francés, al que mi voz se adaptaba con naturalidad, pero ahora se amolda muy bien al repertorio verista y especialmente al pucciniano. Sí tengo en mente, porque creo que es un reto posible para mí  tal como estoy vocalmente, hacer el Trittico. Me ofrecieron La fanciulla del West, pero dije que no porque no lo veo en mi voz y prefiero rechazar un papel a forzarla, aunque a veces los teatros no lo entiendan. Voz sólo hay una y hay que ser cuidadoso con ella.

Hablando de repertorio francés, parece que tiene el proyecto de cantar Carmen.

La primera vez que escuché ópera fue la Carmen de Callas en un disco de vinilo que me regaló mi padre cuando tenía seis años. Me quedé perpleja, asombrada y la imitaba, la cantaba, la bailaba… me la sé entera desde niña. La quiero hacer, la tengo que hacer y no creo que tarde más de unos dos años. No pretendo hacer una gran Carmen, sino ‘mi’ Carmen y en un teatro en el que me quieran, así que la tengo apalabrada con el Teatro de Jerez en la producción de Paco López.

En recital canta usted bastante repertorio alemán, bastante Strauss. ¿No le tienta su obra operística, que contiene roles que se adecuarían también a su vocalidad?

Igual algún día hago Salomé, no lo descarto. Pero porque dentro de los compositores alemanes, es, entiéndame lo que le digo, también bastante verista.

Ya que hemos evocado el recital, creo que le concede mucha importancia al género lied-mélodie-canción, y la prueba son los numerosísimos conciertos que ofrece.

Todo el repertorio de recital es necesario para un cantante, incluso para cantar bien  ópera. Sin ir más lejos, el trabajo de la correcta dicción que proporciona el recital es fundamental, porque se canta poesía y hay que saber decirla y que se entienda. El recital se debería de cultivar más, es un mundo más profundo, más intelectual que nos enfrenta a algunas de las obras más sublimes que se han compuesto y nos refina mucho en lo estilístico y lo vocal.

No es sólo una gran embajadora del repertorio español, sino que lleva a cabo una defensa a ultranza de los cantantes españoles.

España está en un momento estelar en cuanto a voces. En mi opinión habría que darles el escaparate que merecen en los principales teatros del país, y me refiero a primeros repartos, que son los que acaparan la atención de los programadores de teatros de todo el mundo, y no sólo roles pequeños. La plataforma de salida de los cantantes ingleses, franceses, alemanes… son sus propios teatros, como es lógico. Nuestra plataforma deberían ser nuestros teatros, porque, si no hay españoles en los escenarios de nuestro propio país, ¿qué pueden pensar los programadores extranjeros? Todo funciona a base de audiciones, de tener la suerte de gustar a algún director de orquesta… pero no hemos tenido y no veo tampoco ahora un apoyo importante al cantante español, y lo digo con auténtica pena. De hecho, pienso que a un nivel más general y en lo que al campo de la cultura se refiere, no se está aprovechando los recursos de que disponemos y se está malgastando la inversión que se hizo desde la Transición en auditorios, orquestas y profesorado y que ha producido unos frutos estupendos. Creo firmemente que  Ministerio de Cultura y de Turismo deberían ir de la mano para aprovechar este potencial, crear festivales y hacer crecer los existentes y por supuesto, venderlos, porque las infraestructuras de todo tipo están ahí.

Me gustaría conocer su opinión sobre el auge de la ópera retransmitida en directo en salas de cine.

Desde luego está muy bien para quienes no pueden ir a ver ópera en vivo, Sin embargo, eso no es ópera y hay que decirlo; y quienes acuden a los cines tiene que saberlo. La ópera conlleva una liturgia, un ritmo, y el lugar en el que se desarrolla, su templo, es el teatro, sin micros ni intermediarios. Es verdad que habría que tener más ayudas gubernamentales y leyes de mecenazgo para hacer más accesible la ópera al público, porque los recortes no sólo han sido negativos para los artistas de manera directa, sino para el gran público, porque lo priva de cultura y educación de la sensibilidad. A todo esto se añade un problema para los cantantes, y es que parece que lo importante es que el cantante dé bien en pantalla, aunque no sea tan bueno vocalmente. Esto no es Hollywood.

Habla de la esclavitud de la apariencia física que también sufre la ópera.

Le voy a contar algo. Cuando gané el Metropolitan en el 93, el director del teatro me dijo: “Siéntate y escucha a los que cantan aquí”. Freni, Te Kanawa, Scotto, Pavarotti, Domingo, Caballé, Berganza…. Y todos tenían de cuarenta o cincuenta para arriba. Y ahora, a los de esa edad, nos dicen que nuestro mercado ya está agotado y que quieren cantantes jóvenes y nombre nuevos. Lo hablo frecuentemente con los colegas: ¡me ha costado treinta años aprender a cantar así, ser la artista que soy ahora! Es un disparate tanto para nosotros como para los jóvenes. Un cantante joven muchas veces no se atreve o incluso no puede decir que no a un rol  que no le conviene vocalmente por miedo a que el teatro se enfade y no lo contraten más. De este modo, muchos asumen papeles  de una responsabilidad tanto vocal como emocional tremenda que les quema muy pronto. No se apuesta por los artistas longevos, pero yo me encuentro en mi mejor momento vocal y artístico, así que me rebelo. Hay Arteta para rato.