Adiós a Mercedes Sánchez del Río

Ante la luctuosa noticia de la inesperada muerte de Mercedes Sánchez del Río hemos de mostrar nuestra tristeza, nuestro dolor. En la memoria se agolpan los recuerdos. El primero, claro, aquel que nos informa del día en que nos conocimos. Fue en el piso de sus padres, sito en la calle de Atocha de Madrid, muy cerca del Monumental Cinema, sede en aquella época de los conciertos domingueros de la Orquesta Nacional, allá por el año 1969. Había organizado uno de aquellos llamados guateques en el que se dieron cita numerosos artistas. Recuerdo que hubo varias intervenciones solistas y que, en las postrimerías, ignoro la razón, se escuchó el último movimiento de la Sinfonía Pastoral de Beethoven por Karl Böhm y la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Los encuentros posteriores serían habituales en cualquiera de las sedes musicales de aquel Madrid, a las que ella, como integrante de la Agencia de Conciertos Vitoria, regida por Felicitas Keller, acudía un día tras otro y en donde trabajaba también Beatrice Altobelli, que es quien está al frente en la actualidad del despacho. En 1993, Mercedes decidió instalarse por su cuenta y abrió la agencia Mercedes Sánchez del Río Representaciones artísticas, en la que estuvo trabajando mucho y bien y con la que consiguió no pocos históricos contactos con algunos de los mejores artistas musicales del momento. Fue muy importante su relación con Teresa Berganza entre 1976 y 1987.
En 2010, por motivos personales, dejó la agencia de sus entretelas y se la pasó a Carolina Bellver y a Cecilla Lavilla, hija de Berganza. Pero no dejó de estar conectada con el mundillo lírico, sinfónico y camerístico. Aquejada de una paulatina pérdida de visión, vio disminuidas sus actividades. Necesitaba en los últimos años la presencia de un lazarillo, misión que cumplían muy atentamente amigos y parientes. Pero allí estaba ella, siempre sonriente, amable, generosa y dicharachera. Su memoria no conocía límites: se acordaba de todos los artistas que habían estado bajo su férula, y de otros. Como nos demostró en los últimos años a lo largo de varios encuentros y conferencias en el Casino de Madrid o en el Hotel Moderno. No se le iba una.
La verdad es que daba gusto escuchar a Mercedes narrar sus aventuras, sus viajes, sus contactos con los más grandes artistas. Siempre con la sonrisa en los labios y la mente abierta. Recordemos, entre otros muchos logros, como demostración de su capacidad de convocatoria y facilidad de captación, el haber conseguido en su día que Pavarotti actuara en Madrid el 11 de mayo de 1991 en un recital con piano, pañuelo al viento. Fue un concierto memorable. Nos lo recordaba hace un tiempo Carolina Bellver.
Pese a sus limitaciones de visión, Mercedes no se arredraba. Nos la podíamos encontrar en los sitios más inesperados. Con ella mantuve a lo largo de los años una cordial relación, incrementada por el hecho de que había convivido en su juventud en Londres con una prima de mi madre. Siempre tenía las mejores palabras para sus amigos. En los últimos años cambiábamos con frecuencia impresiones, sobre todo a raíz de que yo le prestara las memorias en inglés del que fuera director del Metropolitan de Nueva York durante tantos años, Rudolf Bing. Disfrutaba rememorando hechos, conciertos, vivencias, personajes. Los vivía y revivía.
Por todo lo dicho, ha sido para muchos de nosotros un duro golpe su inesperada desaparición. Con ella se va una persona generosa, cálida, entrañable. No te olvidaremos, Mercedes.
Arturo Reverter
(foto: Michael Thallium)


