A CORUÑA / Una ‘Jenufa’ muy sólida en lo musical pero discutible en la escena

A Coruña. Palacio de la Ópera. 17-IX-2026. Temporada Lírica de Amigos de la Ópera. Vanessa Goikoetxea, Eliska Weissová, Alejandro Roy, Joan Laínez, Cristina Faus, Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero, Ruth González. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Director musical: José Miguel Pérez-Sierra. Director de escena: Emiliano Suárez. Janácek: Jenufa.
Ciento veintidós años después de su estreno, consolidada absolutamente en el repertorio y con producciones más o menos recientes en el Teatro Real, el Liceu de Barcelona, el Palau de Les Arts de Valencia y el Maestranza sevillano, llegaba por fin a Galicia Jenufa, la primera muestra del genio operístico de Leos Janacek. El resultado ha sido un triunfo en lo musical por parte de un elenco tan idóneo como entregado. Excepto Eliska Weissová, la sacristana Kostelnicka, y Vanessa Goikoetxea, en el papel titular, todos debutaban en Janácek, incluido José Miguel Pérez Sierra en el foso. A notar que, salvo la primera, todos eran españoles, lo que revela el olfato de Aquiles Machado, que se despide como director artístico de Amigos de la Ópera, a la hora del casting y la buena materia prima con que hoy contamos para empresas antes imposibles.
La producción, dirigida escénicamente por Emiliano Suárez, trataba, por una parte, de acercar la acción al espectador y, de otro lado, presentar una Jenufa sufriente pero finalmente empoderada. Lo primero no acabó de lograrse al trasladar el conflicto a los Estados Unidos se supone que de los años cuarenta —el cartel que ocupa el escenario, una gasolinera, en el primer acto es de 1943— pero con anacronismos como la aparición de Steva en un Mini matriculado, además, en A Coruña —por suerte hay en Virginia una ciudad llamada Viena, lo que evita otro problema en la lógica interna del libreto. En el segundo acto, la casa de Jenufa y la Sacristana se convierte en una suerte de muro pétreo, cerrado y ominoso y, en el tercero, el desenlace sucede en un espacio que hubiera servido para cualquier localización. En general, Suárez firma una buena dirección de actores y resuelve adecuadamente un final en el que al amor prometido sigue la marcha de Jenufa hacia la luz y el sometimiento de Laca —manco, curiosamente— a su destino. El coro resultó un elemento perturbador, no por su papel en la historia sino por mor de una fea caracterización cuyo significado no acababa de verse. Tampoco parece que hicieran falta los ruidos amenazadores antes de cada acto.
Musicalmente la función fue un triunfo incontestable. Empezando por el foso, con un José Miguel Pérez-Sierra que volvió a demostrar que es un estupendo director de ópera y al que Janácek puede darle muchas alegrías. Con una OSG pletórica subrayó los acentos que el compositor otorga a los momentos decisivos de la ópera y entendió perfectamente algo aquí básico: que el checo no hace nunca trampa, que la emoción llega siempre con pleno respeto a un espectador que no necesita que le subrayen dónde debe llorar y que Jenufa acaba por ser una variante plena de inteligencia del verismo reinante entonces.
El reparto fue impecable, partiendo de la base de unas voces que lo dieron todo. Ninguno tuvo problema alguno con las tesituras que se le plantean y todos cumplieron a la perfección con ese “cantar como se habla”, que Pérez-Sierra considera una de las claves del arte de Janácek. Vanessa Goikoetxea, que está en un momento extraordinario, fue una Jenufa perfectamente creíble en su peregrinaje de la oscuridad a la luz y su plegaria del segundo acto fue simplemente modélica. Eliska Weissová es una de las grandes Kostelnikas de nuestros días. La voz es imponente, el centro es amplio y le permite un sólido apoyo para un agudo que domina la expresión del dolor por la desgracia de su hijastra y por la barbarie en su modo de resolverlo. Los dos tenores —nunca se sabe lo que uno puede llegar a cantar— estuvieron igualmente a gran altura. El joven Joan Laínez circuló con facilidad por los vericuetos del abominable Steva y el curtido Alejandro Roy puso toda su valentía canora para salvar a ese pobre hombre que es Laca —aquí, curiosamente, manco. Cristina Faus fue una convincente Abuela —un rol que, sin embargo, se le adjudica con frecuencia a alguna vieja gloria— y Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero y Ruth González, experta en papeles como el de Jano, rayaron a la altura de sus compañeros con más protagonismo. Cosa rara en estos casos, se puede decir que nadie hizo nada mal, que estas voces menos expuestas fueron perfectamente conscientes de lo que sus papeles suponen en una ópera como esta.
Deficiente el uso de los sobretítulos, que están para guiar al espectador, no para hacer que se sorprenda con alguna errata o que se le anticipen los diálogos. No se llenó el Palacio, lo que decepciona un poco si se piensa que esta ciudad se considera a sí misma una plaza de primera en lo operístico. Queda otra función mañana sábado y este crítico no puede por menos que recomendar vivamente a cualquier amante del género que no se la pierda.
Luis Suñén
(Fotos: Alfonso Rego)


