A CORUÑA / OSG y Karl-Heinz Steffens: la gran tradición

A Coruña. Palacio de la Ópera. 9-V-2026. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Karl-Heinz Steffens. Obras de Mozart y Schumann.
A poco más de una hora de música se reducía el programa propuesto por el alemán Karl-Heinz Steffens (Tréveris, 1961) a la Sinfónica de Galicia para el pasado fin de semana. Solemos convenir en que lo breve, si bueno, dos veces bueno. Y añadir esta vez que, si intenso, tres veces bueno. Y ello haciendo constar que era la segunda semana seguida de puro y duro gran repertorio luego del Beethoven de Rafal Blechacz y Víctor Pablo Pérez que suponía la vuelta de la OSG al Palacio de la Ópera tras la gira inglesa. La próxima cita ampliará horizontes con el concierto de abono incluido igualmente en el Festival RESIS.
Ya hemos dicho más de una vez que a la ventaja indudable que supone para una orquesta hacer lo mejor posible ese gran repertorio de que hablamos se une, en conciertos como este, el inconveniente de las versiones más o menos idealizadas que el respetable atesora en su memoria y en su discoteca. Por eso contar con un invitado como Steffens permite poner al día mitomanías propias y ajenas y refrescar sensaciones sin que se pierda nada de esa gran tradición en la que se mueve quien fuera antes de director de orquesta clarinete principal de formaciones como la Sinfónica de la Radio de Baviera o la Filarmónica de Berlín. Steffens luce maneras y gesto claros, planta elegante e ideas bien asentadas que corresponden a lo que puede esperarse de nombres que adquirieron su solidez en una tradición bien asumida. Pero, ojo, eso no quiere decir que sea sólo un lector de fiar cuando es, por encima de eso, un guía con la brújula muy bien orientada.
La Sinfonía “Linz” de Mozart fue, como decíamos al principio, intensa, pero también clara, de músculo equilibrado, muy bien articulada desde un poderío orquestal que en el Finale dejaba atisbar sin esfuerzo la grandeza de la “Júpiter” y que contó con un Andante estupendamente dicho en el que destacaron la oboe Carolina Rodríguez y el fagot Steve Harriswangler. Fue una lástima que, el sábado, la irrupción de un par de grupos de espectadores impuntuales hicieran que se perdiera la concentración necesaria en el silencio entre el primer y el segundo movimiento. Esa entrada y, sobre todo, que se consienta fue una falta de respeto para el resto del público y para los profesionales que estaban haciendo su trabajo.
La Cuarta de Schumann de la OSG y Steffens —que tiene grabada, en Coviello Classics, la integral con la Deutsche Staatsphilharmonie Rheinland-Pfald— fue simplemente magnífica, consciente el maestro de que esas carencias que se predican de su orquestación ya no significan nada. Lo que cuenta es lo que la pieza, como tantas de su autor, tiene de viaje interior, de retrato de una vida compleja que en este caso no deja de reflejarse en su reescritura.
Quizá, por cierto, hubiera sido interesante plantear la recuperación de la versión original de 1841, grabada por Harnoncourt, Gardiner con no demasiada fortuna o Rattle, y que a un público avisado como el coruñés seguramente le hubiera sugerido interesantes puntos de reflexión comparativa. Pero eso hubiera sido otro concierto y, probablemente, con otro director. El Schumann que escuchamos fue excelente de todo punto, entre la exaltación y el ensimismamiento, fluido como el propio discurso del autor, y muy superior al de la grabación citada. Hubo momentos verdaderamente brillantes en los que la orquesta mostró no ya su envidiable estado de forma sino su valor para afrontar determinadas exigencias de la batuta como los incisivos ataques de las cuerdas en el Finale. Steffens destacó a la concertino, Olatz Ruiz de Gordejuela, tras su estupendo desempeño en la Romanza y fue despedido con largas ovaciones tanto por parte del público como de una OSG aparentemente muy feliz por el buen trabajo hecho por todos.
Luis Suñén
(Foto: Pablo Sánchez Quinteiro)


