A CORUÑA / OSG, Blechacz y Pérez: Un Beethoven equilibrado e intenso

A Coruña. Palacio de la Ópera. 1-V-2026. Rafal Blechacz, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Víctor Pablo Pérez. Obras de Del Adalid/Durán y Beethoven.
Un programa Beethoven con el Concierto para piano nº 3 y la Quinta Sinfonía puede —que Dios me perdone— no ser, en principio, lo más atractivo del mundo. Puro repertorio al que se añaden las versiones predilectas de cada cual que suelen actuar como muros de contención. Pero también para muchos oyentes se trata de la vuelta a la tranquilidad de lo conocido y reconocido. Esta vez, digámoslo enseguida, valió la pena en ambos casos.
Lo satisfactoria que habría de resultar la sesión, se intuyó desde la introducción del Concierto beethoveniano a cargo de una orquesta en magnífica forma, a la que parece que los aires ingleses le han sentado de maravilla y un Víctor Pablo Pérez, su director honorario, que acabaría firmando el mejor trabajo que este crítico le ha visto desde que dejó la titularidad de la formación coruñesa. Pérez acertó de pleno con ese estilo beethoveniano que todavía bebe del clasicismo. Intenso siempre —como luego en la Sinfonía—, inteligentemente equilibrado, su concepto resultó ser el acompañamiento ideal para un Rafal Blechacz que mostró por qué es uno de los grandes de su generación. En cierta medida su lectura fue complementaria de la del maestro, aun siendo, cómo no, protagonista máximo de la versión. A la energía general aportó la admirable delicadeza de un toque sutilmente indagador, de una belleza de sonido que surge de un virtuosismo sin tacha, pero sin que eso se note. Su cadenza del primer movimiento fue ejemplar, más la reflexión sobre lo antes escuchado que una mera paráfrasis sostenida en el más difícil todavía. En la misma línea estuvo su muy hermoso arranque del Largo y la impecable secuencia de intervenciones en el Rondó, con esa suficientemente imperceptible variedad que hace que salte por los aires, pero suavemente, la falsilla formal sobre la que se sostiene.
Una vez más, por mucho que se aplaudiera, sobró el encore. Si habíamos asistido a una extraordinaria versión de una pieza redonda, que nos había dejado plenamente satisfechos, ¿por qué añadir nada, por qué romper el encanto del trabajo bien hecho por parte de todos, no sólo del solista? Blechacz regaló una versión bien tocada pero un punto sosa del primer movimiento de la Sonata nº 14, la “Claro de luna”, que no añadió un átomo de gloria a lo escuchado antes.
En la segunda parte, Víctor Pablo Pérez firmó una Quinta Sinfonía de la vieja escuela, ello sea dicho con toda la intención de resaltar los valores de esa clase de mirada. Solidez, intensidad, grandeza, tempi vivos que colaboraron a esa sensación tan definidora del disfrute —sí, aquí más que el análisis o que cualquier proceso dialéctico— como es la de que el tiempo pasa rápidamente: pasión, en suma, no exenta de una idea estructural muy clara. La OSG volvió a mostrarse pletórica en todas sus secciones y valga citar, como epítome, al flautín Juan Ibáñez.
Se abrió el concierto con Galicia-Marcha triunfal de un Marcial del Adalid que fuera, por cierto, gran admirador de Beethoven y de quien se cumple este año el segundo centenario de su nacimiento, precisamente en A Coruña. Dedicada a los soldados de la Guerra de África y escrita en principio para piano fue parcialmente orquestada por el autor y definitivamente, y de forma muy eficaz, por Juan Durán para banda y para formación sinfónica. Lo lustroso de la interpretación no fue suficiente para paliar la falta de sustancia de la obra.
Luis Suñén
Foto Pablo Sánchez Quinteiro


