A CORUÑA / La OSG, Perianes y González-Monjas se lucen en María Pita

A Coruña. Plaza de María Pita. 22-VIII-2026. Javier Perianes, piano. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Roberto González-Monjas. Obras de Falla, Buide y Turina.
Ya es un clásico coruñés el concierto veraniego de la Orquesta Sinfónica de Galicia en la plaza de María Pita. En esta ocasión estuvo, además, precedido el día anterior por otro de la Orquesta Joven —Bernstein, Moncayo, Ginastera, Tovar, Márquez, Moncayo y Castellanos—, dirigida por ese músico estupendo que es el colombiano Alejandro Posada y al que este crítico, que no goza del don de la ubicuidad, no pudo asistir. Como siempre, el público —herculino y foráneo— llenó a rebosar el recinto y la música, con la complicidad, además, de una climatología que respetó encantada una fiesta que es ya una tradición decididamente establecida, surgió vencedora de su lucha con el rumor de los viandantes sin asiento y el olor de las cocinas hosteleras.
En el programa, parte del que la OSG había llevado a su primaveral gira británica con el cambio del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo por unas Noches en los jardines de España de Manuel de Falla en las que el magisterio de un Javier Perianes doliente por repentinos problemas de salud lució como si nada pasara. El onubense se vino arriba desde el principio, lo dio todo a partir del dominio absoluto que posee de la pieza y, lo que es más importante y muestra una profesionalidad sin fisuras, regaló momentos en los que la plena complicidad con la partitura le otorgó una libertad casi improvisatoria. Ejemplo señero, el modo de exponer por última vez el tema principal de En los jardines de la sierra de Córdoba, no ya magistral sino, como dicen ahora, lo siguiente. Para culminar, el regalo de la Danza ritual del fuego.
Antes, González-Monjas expuso magníficamente el Intermedio y danza de “La vida breve” y después, como conclusión del programa oficial del concierto, ofreció una impecable, rutilante segunda suite de El sombrero de tres picos. Antes de esta, la Sinfonía Sevillana de Joaquín Turina, una obra que antes aparecía, como las Danzas fantásticas o La procesión del Rocío, en las programaciones de todas las orquestas españolas y que hoy sólo parece servir para mostrar, precisamente en giras —las Danzas fueron llevadas por la ONE este mismo año a su periplo alemán—, lo que da de sí la versión patria de un impresionismo aquí, afortunadamente, lejos de la postal.
Se estrenaba en España Ruada, la partitura de Fernando Buide que la propia OSG utilizó como primera pieza en algunos de sus programas británicos. En ella luce el compositor compostelano toda su sabiduría orquestadora, su capacidad para integrar en la partitura eso que en cierta manera quiere evocar, sin atisbo alguno de entrar al oyente por el lado sentimental. Es música celebratoria —perfecta como preludio, brillantísima como propina— que, además de para admirar un trabajo excelente, sirve también para hacer un poco más feliz a quien la escucha.
La Sinfónica de Galicia ha vuelto de las vacaciones en plena forma, encantada de reencontrarse con un maestro que la hace volar y no sólo en avión. Todos sus atriles rindieron a plena satisfacción, uno a uno y por junto, con reseña personalizada para la concertino Olatz Ruiz de Gordejuela y la corno inglés Carolina Rodríguez, madrileña y sevillano respectivamente en la historia de amor a primera vista que describe Turina en el Guadalquivir y que narró graciosamente González-Monjas, quien explicó con toda naturalidad cada una de las obras del programa.
Hubo dos encores. El primero la inevitable referencia al Deportivo y su ascenso a la primera división del fútbol español con la versión orquestal —no sé yo en Riazor— de su nuevo himno escrito por Xoel López. Y el segundo la habitual y emocionantísima Negra sombra de Juan Montes en el muy eficaz arreglo de Peter Hope.
Una vez más hay que destacar el excelente trabajo de los técnicos encargados de llevar el sonido a cada rincón del amplio espacio y las imágenes del concierto a través de las dos grandes pantallas situadas a ambos lados del escenario.
Luis Suñén


