CÓRDOBA / Orquesta de Córdoba: pareja de Sextas

CÓRDOBA / Orquesta de Córdoba: pareja de Sextas

Córdoba. Gran Teatro. 17-VI-2021. Orquesta de Córdoba. Dirección: Carlos Domínguez-Nieto. Obras de Mozart y Bruckner

En la última mano de esta partida de cartas que ha sido la temporada 2020-2021, la Orquesta de Córdoba y su titular, Carlos Domínguez-Nieto, jugaron con pareja de sextas, la Sexta en Fa mayor K 43 de Mozart (1767) y la Sexta en La mayor de Anton Bruckner (1881). Jugaron con sextas y ganaron.

Curioso arco planteado por el programa entre la obra de un preadolescente, estrenada tras su recién cumplido undécimo cumpleaños, y la de un reputado y maduro profesor del Conservatorio de Viena de 57 años. Los más de ciento diez años de separación entre ambas composiciones dan cumplida cuenta, a modo de alfa y omega, del recorrido de la tradición sinfónica centroeuropea. Con Mozart, nos instalamos en los orígenes, el mundo de la revolución haydniana, el de la entronización de la sinfonía de cuatro movimientos como forma de expresión para un naciente civismo laico e ilustrado. Con la sinfonía de Bruckner, contemplamos hasta qué punto sin posibilidad de continuidad llegó esa revolución cuando todos los temas habían sido desarrollados, todas las tonalidades, visitadas, las longitudes, expandidas.

Elegante y redondeada, sin aristas, comenzó y se desplegó una gentil Sexta mozartiana. Destacamos un bellísimo Andante, compuesto por el salzburgués a partir de un tema lírico de su ópera Apollo et Hyacinthus, cantado por los violines con tanta efusividad, tanta variedad de acentos, sobre el lecho rítmico de pizzicatti en la cuerda grave, que nos colocó en el punto medio de una línea imaginaria que uniera el Che farò senza Euridice del Orfeo de Gluck con cualquiera de las futuras arias de Cherubino de las Bodas de Fígaro. Gran rendimiento de la Orquesta, que acreditó agilidad, sentido de la articulación y transparencia.

Con expectación e inusual despliegue de medios sobre el escenario del Gran Teatro dio comienzo un nuevo jalón más del ciclo Bruckner que orquesta y director nos vienen ofreciendo desde que se iniciara la titularidad de Domínguez-Nieto. El maestro impuso mando en plaza y exprimió todo el potencial sonoro de la Orquesta, que fue mucho —con mención especial esta vez a un viento metal a tope—. Y es que lo sobresaliente precisamente aquí, en una sinfonía bruckneriana, fue que por fin hubo una propuesta, quiero decir, un planteamiento expresivo para cada uno de los movimientos de una obra atrevida, áspera, irregular, que se desequilibra entre sus dilatados primeros movimientos y los dos últimos, y no el devenir sin rumbo al que nos tienen acostumbrado con este compositor en tantas y tantas salas de conciertos. Pero vayamos por partes.

Verdaderamente majestuoso el Majestoso, dicho de un solo trazo, pero sabiendo diferenciar cada sección del movimiento. Desde el arranque, asombró el cuidado desplegado por el maestro sobre el balance y la intensidad en las grandes explosiones sonoras, tan peligrosas en Bruckner, y que fue uno de los rasgos distintivos de la propuesta. Mágica, como debe ser, la transición hacia la coda con ese crescendo de transformaciones tonales del primer tema. En el Adagio, llevado sin excesiva parsimonia, se alcanzaron picos de insoportables intensidad y dolor, aunque en los remansos líricos hubiéramos deseado un mayor reposo para alcanzar el contraste caleidoscópico de sentimientos y bellezas que el movimiento atesora.

La sorpresa vino con el Scherzo, seco y cortante, más ruso que vienés, donde las trompetas fueron lanzadas como martillazos sobre la orquesta y sobre sala, así como el tratamiento burlesco —¿descarado?— del Trio. Pero la revelación llegó con el Finale: nunca lo habíamos escuchado tan matizado, llevado a tempo tan justo, tan misterioso en su inicio y tan fluido en la manera de transitar de sección en sección hasta llegar a la coda e, instalados en ella, entregarnos toda la grandeza prometida.

Entre ovaciones finalizó una temporada tan enloquecida como extraordinaria. Se han cosechado tantos hitos a lo largo de ella que, pese a las dificultades, el logro conseguido por todas las personas que hay detrás de ella posiciona a nuestra Orquesta como la institución cultural más seria y rigurosa de toda la ciudad. La partida de la temporada que viene, con estos mimbres, promete ser apasionante. Expectantes aguardamos el nuevo reparto de cartas.

(Foto: Paco Casado)