Tan cerca, tan lejos

Tan cerca, tan lejos

TRANSATLANTIC: Obras para violín y piano de Elgar, Beach, Coleridge-Taylor, Whitley y Adams / Callum Smart, violín; Richard Uttley, piano / Orchid Classics

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La célebre ocurrencia de Winston Churchill de que Gran Bretaña y Estados Unidos están divididas por un lenguaje común es igualmente cierta en lo que se refiere a su producción musical. En lo que respecta al repertorio romántico tardío, el acento a ambos lados del Atlántico es tan fuerte que un oyente jamás podría confundir a Elgar con Barber, y aún menos a Britten con Bernstein. Así, buena parte del atractivo de este recital grabado en plena era Covid por el violinista Callum Smart y el pianista Richard Uttley reside en el esfuerzo que invierten ambos intérpretes para encontrar un territorio común.

La Sonata para violín de Elgar, escrita durante el último verano de la Primera Guerra Mundial, parece ignorar olímpicamente todo el horror que estaba sucediendo a su alrededor. Cuando Elgar se aburría mientras componía, salía a dar un paseo por el bosque y bajaba al río para pescar con mosca. En vano buscaremos en la partitura indicio alguno de la interminable matanza que se estaba produciendo en Francia. La sonata se estrenó en su salón de Hampstead, un gesto de normalidad que desafiaba abiertamente la cruda realidad.

El Romance de Amy Beach, fechado en 1893, pertenece al universo de Edith Wharton, es decir, mucho gesto y poca sustancia. Se estrenó en una feria de comercio en Chicago y exhibe una hermosa línea melódica que poco tiene que ver con los ruidos y bullicios de las industrias de Chicago.

Otro Romance, esta vez del medio inglés, medio africano, Samuel Coleridge-Taylor, tampoco parece tener mucho que ver con las tensiones que marcaron la corta vida del compositor, su pobreza y los prejuicios a los que tuvo que enfrentarse por el hecho de vivir en un matrimonio racialmente mixto. Lo que hacen Smart y Uttley -y muy bien, por cierto- es presentar estas piezas de época sin interferencias expresivas, permitiendo que el oyente extraiga sus propias impresiones y conclusiones. El resultado es uno de los lanzamientos discográficos más atmosféricos del año que termina.

El disco confronta además a dos compositores contemporáneos, la joven británica Kate Whitley y el veterano y mediático John Adams. Las tres piezas cortas Whitley juegan juegos posmodernos, burlándose de nosotros con miradas que no terminan de consumarse. Por su parte, Adams, en Road Movies, juega a ser Adams: mucho ritmo, no demasiado blues y una insistente impresión de trenes en movimiento.