LA CORUÑA / Reencuentro

LA CORUÑA / Reencuentro

La Coruña. Palacio de la Ópera. 1-VII-2020. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Dima Slobodeniouk. Obras de Beethoven.

Tras el paréntesis del confinamiento y el fin del estado se alarma, la Orquesta Sinfónica de Galicia se reencontraba con parte de su público de La Coruña en un concierto de homenaje a los abonados que renunciaron a la devolución del importe de los conciertos que quedaron por celebrarse cuando hubo de suspenderse la temporada. Unos nuevos mecenas que comprenden el valor que la orquesta tiene para la ciudad y cuánto necesita esta de su continuidad en las mejores condiciones posibles. El aforo del Palacio de la Ópera se redujo sustancialmente —aproximadamente a un tercio de su capacidad habitual— para mantener una amplia distancia de seguridad y los accesos y las zonas de paso se acotaron convenientemente. Naturalmente, el uso de la mascarilla era obligatorio, lo que, si se nos permite la broma, supuso también un silencio absoluto por parte del público mientras fluía la música. Puede decirse que no se escuchaba no ya ni una mosca sino ni una tos.

El concierto tuvo un preludio muy emotivo con las palabras del gerente de la OSG, Andrés Lacasa, y su director titular, Dima Slobodeniouk, seguidas de una larga e intensa ovación de la audiencia a los músicos y de estos a aquella tras la que se palpaba esa necesidad mutua que no es sino el resultado de un hacer las cosas bien desde el primer día. No siempre ha sido fácil pero ahí está el resultado. Próximamente se anunciará la nueva temporada en la que, necesariamente, habrá que tener en cuenta las limitaciones impuestas por una pandemia que no ha sido vencida y cuyo rebrote será una amenaza permanente hasta que no se generalice la anhelada vacuna.

En programa uno de los dos —beethovenianos ambos— con los que la OSG se presentará en el Festival de Granada a fin de mes: Obertura “Coriolano” y las sinfonías Primera y Tercera. Los músicos —a excepción de los vientos— y el maestro con mascarilla y suficientemente distanciados, por supuesto con un atril para cada uno.

Por fuerza o de grado Slobodeniouk hubo de optar por una versión menos amplia de lo habitual en la cuerda —10/8/6/4/3—, lo que supuso, se diría que afortunadamente, una posibilidad de transparencia que no abunda cuando el contingente es más amplio por más que también someta a esa misma cuerda a mayores riesgos, pues no es que se oiga todo, sino que se oye a todos y cada uno. La ligereza, que tanto conviene a la Primera, no supuso —en el caso de la Tercera— carencia de hondura y Slobodeniouk, que se reveló como un excelente beethoveniano, marcó muy bien el salto entre las dos, partiendo de un clasicismo más marmóreo que fogoso en una para llegar, a través de él, a un paisaje diferente en la otra, más intensa que dramática en su concepto y con un Finale bien pimpante. La obertura recibió la dosis necesaria de impulso, por su propia esencia más evocador que narrativo.

No ha perdido el tiempo la Sinfónica de Galicia. Los conciertos en streaming de sus grupos de cámara en el Teatro Colón, los videos de sus componentes recordando sus mejores momentos en la orquesta —algunos demostrando cómo para el músico inteligente la exigencia no se combate, sino que se comparte— eran la muestra de que había ganas de volver. La prueba ha sido este concierto que nos hace pensar en que la única forma de que podamos seguir es mantener la guardia bien alta. De nada sirven las precauciones si al salir nos encontramos con los que piensan que la bola no va con ellos.