MADRID / Spanish Rundown, por David Rodríguez Cerdán

MADRID / Spanish Rundown, por David Rodríguez Cerdán

Madrid. Teatro Real. 29-I-2019. Arnold, Casino Royale In Concert. David Arnold, bajo eléctrico. Orquesta Clásica Santa Cecilia. Director: Gavin Greenaway.

David Rodríguez Cerdán

E

n 2006 la saga Bond fue reseteada según los códigos de Jason Bourne y Ethan Hunt: súperagentes irrompibles con cicatrices en las cicatrices preparados para salir de cualquier situación con una punch line de tipo sobrado. Brosnan tenía demasiado glamour y los productores querían un 007 capaz de atravesar paredes. Un auténtico bulldog al servicio secreto de Su Majestad pero con un corazoncito que sangrase por amor. Puede decirse que lo consiguieron. La música no sufrió grandes cambios con respecto a la Era Brosnan porque David Arnold [en la foto] ya había hecho puente tuneando la estética Barry con sus bases y cajas de ritmos electro-dubstep en El mañana nunca muere (1997), una síntesis electro-sinfónica que reconcilió a los fans con la música de la saga tras el muy groovy Goldenye de Eric Serra. Arnold pondría música a cinco Bonds —El mañana nunca muere (Roger Donaldson, 1997), El mundo nunca es suficiente (Michael Apted, 1999), Muere otro día (Lee Tamahori, 2002) y las dos primeras incursiones de Daniel Craig en el mundo del espionaje destroyer: esta Casino Royale (Martin Campbell, 2006) y Quantum of Solace (Marc Forster, 2008)—, siendo el compositor después de Barry que más ha trabajado para el MI6.

De entrada, un concierto-proyección de Casino Royale cuenta con la dificultad de reproducir (o no) en vivo la multipista original de percusión —el gran Pete Lockett a los idiófonos— y electrónica que Arnold mezcló en la banda sonora. Una dificultad que no existe si se aíslan estas pistas junto con el diálogo y los efectos, que es justo lo que hicieron Gavin Greenaway y la Orquesta Clásica Santa Cecilia. Y puede que me equivoque porque la amplificación en surround no permitía discriminarlo óptimamente, pero es posible que en las escenas de acción de mayor voltaje musical se incluyera también la pista de violines primeros para mantener la pegada. Pero es solo una impresión. Greenaway sabe todo lo que hay que saber sobre maniobras orquestales en la oscuridad (del estudio y del directo) y bajo su mando la partitura sonó poderosa y en su sitio. Hubo algún desmayo en los metales durante los últimos cortes, pero en general la Santa Cecilia tocó a pedir de boca, con ataques certeros y la contundencia necesaria.

Como botón los dos momentazos de la banda sonora: la trepidante persecución African Rundown y el muy barryano City of Lovers sonaron espléndidos, cada uno en lo suyo. Lo que resultó un tanto imperdonable es que la segunda parte se proyectara en real motion a una tasa de 60 fotogramas. Interesante comprobar cómo ni una gran orquesta sonando en 35 mm. puede levantar un pase de calidad televisiva. Fue el único punto negro de una experiencia por otra parte muy disfrutable que cerró el propio Arnold a la Gibson ES135 marcándose en la escena final el celebérrimo riff que la leyenda dice escribió Barry y no Monty Norman. Muy grande.