Prosit Neujahr! (calentando motores para el concierto de Año Nuevo en Viena)

Prosit Neujahr! (calentando motores para el concierto de Año Nuevo en Viena)

“¡La Filarmónica de Viena y yo, les deseamos un Feliz Año Nuevo!”. Con o sin parlamento previo (Harnoncourt o Maazel, por ejemplo, incluyeron breves discursos antes de la felicitación), estas palabras son las que pronuncia el director, con la orquesta coreando el “Feliz Año Nuevo” final, año tras año, tras los aplausos del público que ‘interrumpen’ el trémolo inicial de la segunda propina del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, el archiconocido Danubio azul de Johann Strauss hijo. En efecto, pasada ya la Navidad, y pasados los Mesías y Oratorios de Navidad (vaya todo ello sin la menor connotación peyorativa, dado que son partituras bien queridas por el que suscribe), se aproxima el turno de otra tradición: un evento musical de máxima difusión e impacto mediático, y que, quizá por ello, es a menudo despreciado por muchos, creo que con notoria injusticia.

Digo lo de notoria injusticia porque esto de poder escuchar en directo a la Filarmónica de Viena, un lujo de orquesta donde las haya, en la Sala dorada del Musikverein vienés (otro lujo), e interpretando música que llevan en la sangre y que hacen, sin duda, como nadie, no es algo que ocurre todos los días, y proporciona muchas veces momentos musicales de extraordinario nivel. Tras Clemens Krauss, Josef Krips, el inolvidable Willy Boskovsky y algunas de las contribuciones de Maazel (1979-86 de forma ininterrumpida y después en cuatro ocasiones más, la última en 2005), los tiempos más recientes vienen marcados por las dos excepcionales presencias de Carlos Kleiber (1989 y 1992), pero también por los espléndidos conciertos de Karajan (1987), Harnoncourt (2001 y 2003), Pretre (2008, 2010), Jansons (2006, 2012, 2016) o Thielemann (2019).

Aunque es verdad que la idea nace en un momento poco afortunado (1939) y con auspicios menos afortunados aún (los nazis habían anexionado Austria el año anterior), lo cierto es que el evento sobrevivió tras la guerra y de hecho ha ido creciendo hasta nuestros días, aunque en tiempos recientes surgen voces (sin mucho impacto, gracias a Dios) que se empeñan en resucitar las circunstancias de su origen (como si alguien se acordara de ellas cuando llega el concierto) o aprovechan para sacar a relucir presuntas, nada claras, “connotaciones” filonazis del director de turno, supongo que con el vano propósito de ver si consiguen “hundir” el asunto. Tal ocurrió con Thielemann el año pasado, cuando tuvimos que oír y leer una cantidad inconmensurable de tonterías, no sólo sobre la ideología del director, sino sobre otras materias que no venían a cuento y que prefiero dejar al margen, por aquello de tener la fiesta en paz.

Hubo también sus barbaridades, como que Thielemann era el primer alemán que dirigía el evento, como si Kleiber o Harnoncourt hubieran nacido en Macedonia. Este año, dirige el concierto por vez primera el letón Andris Nelsons (Riga, 1978), una de las batutas más destacadas del panorama actual, titular de la Orquesta Sinfónica de Boston y de la Gewandhaus de Leipzig, y, casualidades del destino, discípulo de su compatriota, fallecido hace menos de un mes, Mariss Jansons. Como casi todo el mundo sabe, el concierto se celebra el día 1 de enero a las 11:15, es transmitido en directo por la 1 de TVE y por Radio Clásica, y llega a más de 90 países (entre los que se encuentran, por ejemplo, Botswana o Malawi, algo que a buen seguro hubiera despertado algún comentario del añorado José Luis Pérez de Arteaga, sagaz comentarista de tantas ediciones del concierto), con una audiencia estimada en más de 50 millones de personas. En Viena, el evento se produce por triplicado: ensayo general el 30 de diciembre, concierto “de San Silvestre” el 31 de diciembre (mismo decorado e incluso bromas que en el popular del 1 de enero) y el de año nuevo, que además se transmite por pantallas de TV en toda la capital vienesa. Es una gozada ver la devoción con la que vieneses y turistas, por encima del frío e incluso de la nieve, se detienen en dichas pantallas a seguir el concierto. El programa de este año pueden consultarlo aquí:

https://www.wienerphilharmoniker.at/concerts/concert-detail/event-id/10034

Comprende un total de 16 obras (sin incluir las propinas, la primera que siempre es una sorpresa y los archiconocidos Danubio azul y Marcha Radetzky), de Carl Michael Ziehrer, los Strauss (Eduard, Josef, Johann padre y Johann hijo), Franz von Suppé, Josef Hellmesberger Jr., Hans Christian Lumbye y, en honor al 250 aniversario del nacimiento, que se cumple en 2020, Ludwig van Beethoven. Nelsons y la dirección de la Filarmónica de Viena se han afanado en componer un programa en el que las novedades son casi la norma: 9 de las 16 obras que se ofrecerán se interpretan por vez primera en un Concierto de Año Nuevo. En concreto se trata de las siguientes: la Obertura «Die Landstreicher» de Ziehrer, el Vals “Liebesgrüße” y la “Liechtenstein March” de Josef Strauss, la polka rápida “Knall und Fall” de Eduard Strauss, la polka francesa “Cupido”, de Josef Strauss, la Polka-mazurka “Eisblume” de Eduard Strauss, la “Gavotte” de Hellmesberger, el “Postillon Galop” de Lumbye y la selección de contradanzas (nº 1-3, 7, 10 y 8) de las “12 Contradanzas WoO14” de Beethoven.

Podría tomarse como alusión beethoveniana adicional el vals “Seid umschungen, millionen” de Johann Strauss hijo, que también incluyera Daniel Barenboim en su segunda aparición en el Concierto de Año Nuevo (2014), pero en realidad, aunque el título viene de la misma oda de Schiller que Beethoven insertó en su Novena Sinfonía, lo cierto es que el vals en cuestión, estrenado por el propio Strauss en 1892 en la misma sala en la que lo escucharemos el próximo 1 de enero, no contiene alusión musical alguna al gran sordo, y, en cambio, estaba dedicado a ese gran amigo de Strauss que fue Johannes Brahms. Pueden abrir boca con este video “previo” de casi 25 minutos:

Vienna Philharmonic Orchestra – New Year’s Concert 2020 a preview: https://www.dailymotion.com/video/x7nos2o

Esperemos que Nelsons, excelente director, nos ofrezca un estupendo concierto con los filarmónicos vieneses en el marco incomparable de la Musikverein y con la preciosa decoración floral de los Wiener Stadtgärten(los jardines estatales de Viena, que tomaron el relevo de San Remo en 2014, proveedor de dicha decoración hasta ese año). Daremos cumplida cuenta del evento desde estas líneas. Por mi parte, me sumo al maestro letón y a la Filarmónica para desearles un feliz año nuevo a todos. Sony Classical ya anuncia, para muy poco después, la comercialización del concierto en cuatro formatos: Blu-ray, DVD, CD y LP, siendo este, cómo cambian las cosas, el más caro de los cuatro.