PARMA / La herencia de Graham Vick en su producción póstuma

PARMA / La herencia de Graham Vick en su producción póstuma

Parma, Teatro Regio. Verdi Festival 2021 1-X-2021. Verdi, Un ballo in maschera (Gustavo III). Piero Pretti, Maria Teresa Leva, Amartuvshin Enkhbat, Anna Maria Chiuri, Giuliana Gianfaldoni. Filarmonica Arturo Toscanini, Coro del Teatro Regio di Parma. Dirección musical: Roberto Abbado. Dirección escénica: Jacopo Spirei (a partir de un proyecto de Graham Vick).

El pasado mes de julio fallecía a los 67 años el director de escena Graham Vick víctima del Covid. Entre sus proyectos pendientes estaba esta nueva colaboración con el Festival Verdi de Parma, que ha sido concluida por su discípulo Jacopo Spirei. El espectáculo ofrece muchas de las prácticas innovadoras y polémicas de Vick, como vimos en el rompedor montaje de Stiffelio en el Teatro Farnese de Parma para este mismo festival en 2017, o como el que tuvimos ocasión de conocer en Madrid con el discutido montaje de Curro Vargas de Chapí en el Teatro de la Zarzuela en 2014.

En este Ballo se rompen los códigos tradicionales con una original escenografía construida con una gran pantalla semicircular que rodea todo el fondo, base para unos intensos cambios de color, y una plataforma giratoria presidida por una gran tumba que nos muestras desde el inicio el trágico destino de la historia, y una serie de sillas que definen los diferentes ambientes según su colocación. Por allí circulan no solo los cantantes, sino un extenso grupo de actores con un cierto tono surrealista, mientras el coro participa desde lo alto contemplando a lo lejos la acción. Un sugestivo espacio escénico utilizado con gran expresividad, que genera momentos de fuerza, como la cabaña de la bruja Ulrica convertida en un alocado burdel o el gran Carnaval del baile de máscaras del final, en el que las luces se abren a toda la sala con el deseo de incluir a todos los presentes en la trágica fiesta. En otros instantes se producen detalles hermosos y poderosos, como cuando al inicio del último acto Amelia canta su desesperada aria (Morrò, ma prima in grazia) mientras la plataforma la aleja muy lentamente de su marido, poniendo en evidencia la intensidad de sus sentimientos. En definitiva un espectáculo con fuerza, coherente y expresivo, que resume bien la trayectoria de Graham Vick.

En esta versión se ha utilizado, como viene siendo habitual en los últimos años, la revisión crítica de la ópera que reconstruye el libreto original a su ambientación original en la corte del rey Gustavo III de Suecia, devolviéndonos la intención inicial sobre la que trabajaron Verdi y su libretista. Conocido es el caso de Un ballo in maschera que ante la dura censura napolitana y romana terminó ubicando su acción en un extraño Boston en tiempos de la colonia inglesa. En realidad no importa mucho la ubicación y el cambio de nombres. El barítono pasa de llamarse Renato a Anckaström, aunque este complicado nombre no se pronuncia nunca en la ópera, mencionándole siempre como el conde. Lo importante, como señala Spirei recogiendo las ideas de Graham Vick, es la mayor crudeza del texto no censurado, más directo y claro en torno a la actitud de los personajes.

Vocalmente la ópera ha estado bien servida con voces que se pueden calificar sin duda de verdianas. El tenor Piero Pretti, pese a algunas dificultades en los graves, consiguió recrear la variedad del protagonista, pasando del tono ligero de la escena inicial al lirismo de sus encuentros amorosos. Maria Teresa Leva utiliza bien su voz de soprano dramática, especialmente su color oscuro, aunque debe evitar algunos amanerados gestos a la antigua pese a su juventud. El barítono mongol Enkhbat, como siempre el triunfador de la función, lució su amplia y redonda voz que le está convirtiendo en uno de los cantantes verdianos más demandados del momento. No obstante debe mejorar sus dotes de actuación que resultan excesivamente rígidas y no contribuyen a matizar sus personajes. Poderoso el canto de la mezzo Anna Maria Chiuri como Ulrica y gracioso el Óscar de Giuliana Gianfaldoni, muy bien cantado llenando el escenario con su presencia.

Otro de los puntos de interés fue la dirección de Roberto Abbado: precisa, con tempos claros que ayudaban siempre a los cantantes, sabiendo sacar los contrastes y colores de una orquestación que Verdi puso en función del drama. El Festival Verdi organizó una larga jornada en memoria de Graham Vick, donde junto a otros muchos participó Paolo Pinamonti recordando sus maneras de ver la ópera. No sabemos dónde queda la memoria de un director de escena, cuyo arte es inevitablemente efímero desapareciendo cada vez que baja el telón. Pero la huella de Graham Vick se mantendrá para recordarnos que el espectáculo operístico no puede ser algo acomodaticio y frívolo, sino que debe conectar con nuestros aspectos más humanos, conmoviéndonos y nunca dejándonos fríos. Como se recordaba en unas declaraciones del propio Vick, el maestro inglés prefería el prosciutto crudo al cotto, ya que mantenía mejor la intensidad del original que se perdía con la elaboración y la cocción en el segundo caso. Este Un ballo in maschera lo consigue.

[Fotos: Teatro Regio di Parma]