PARMA / Gran Lisette Oropesa en el salón con Verdi

PARMA / Gran Lisette Oropesa en el salón con Verdi

Parma. Teatro Regio. 7-X-2021.Verdi Festival 2021. Lisette Oropesa, soprano; Francesco Izzo, piano. Piezas de Verdi, Mercadante, Schubert, Bellini, Donizetti y otros.

Con el título de In salotto con Verdi, el Verdi Festival de Parma ha organizado un original concierto, que suponía además la presentación en esta ciudad de la soprano Lisette Oropesa. La música de salón es una expresión algo equívoca porque abarca realidades musicales muy diferentes. Como muy bien explica Francesco Izzo, director científico del Verdi Festival, no se trataba tanto de reconstruir un salón de la época, sino de traer a la sala del teatro aquellas piezas que circularon en los espacios privados del mundo decimonónico. El programa estaba bien concebido, articulando piezas vocales de cámara, principalmente italianas, aunque no solo, buscando relaciones entre ellas como los boleros de Donizetti (L’amante spagnuolo) y Rossini (L’invito) o el carácter bailable de los valses de Verdi y Arditi. Muy curioso e interesante fue relacionar una de las primeras piezas que compuso Verdi (la canción Perduta ho la pace publicada en 1838) con uno de los grandes lieder del repertorio Gretchen am Spinnrade de Schubert, que utilizan el mismo texto del Fausto de Goethe, aunque en una traducción italiana compuesta para los salones milaneses. Lógicamente los resultados musicales son muy diferentes, pero muestra esta circulación de textos e ideas en contextos y momentos diversos.

Proyectos como este solo pueden surgir con un protagonismo de la musicología. En Italia se valora a los estudiosos de la música, presentes en conferencias, textos de sala, asesoramiento científico y en el diseño de proyectos. Se buscan sinergias con el mundo académico para lograr un enfoque plenamente cultural. En este sentido, España aún tiene mucho que aprender donde muchas veces se ve al estudioso como figura molesta y se prefiere promover lo meramente aficionado, consiguiendo un enfoque superficial que no justifica los presupuestos públicos que manejan las instituciones musicales. Francesco Izzo es uno de los grandes especialistas en ópera italiana, profesor de la Universidad de Southampton y director de la Verdi Edition (Ricordi-Chicago). Además, como demostró ayer, es también un buen músico y desde el piano ofrece colores y ritmos a una gran variedad de repertorio, incluidas algunas piezas a piano solo como una mazurca de Chopin (op. 67/4) y el Vals en Fa mayor de Verdi (famoso por la orquestación que realizó Nino Rota para el Gattopardo).

En este contexto se presentó Lissete Oropesa en el Verdi Festival, una de las más apreciadas voces del momento. No era un concierto más, el habitual recital de famosos momentos operísticos que ofrecen muchos grandes divos en gira, sino un proyecto bien pensado, con un repertorio variado de más de dos horas de duración, que incluía numerosas piezas poco habituales. Un programa que huía intencionadamente de lo operístico para buscar los perfiles más íntimos del mundo de la canción de cámara. Oropesa luce una voz limpia y hermosa, con un registro igualado y un canto sin amaneramientos. En los momentos más líricos consigue ricos colores en una intensa línea de canto, como en La stella de Mercadante que abrió el programa o el dolente lamento en memoria de Bellini que escribió Donizetti. En la misma línea estuvo su interpretación magistral de las Sei ariette de Bellini; el catanés es el compositor en que la soprano se siente más a gusto. Su base técnica impecable, que nunca fuerza la emisión, le permite además una coloratura fácil que lució con brillantez en las dos piezas que cerraron cada parte, el divertido vals de las hermosas vienesas de Luigi Arditi y el virtuosístico bolero de Les Vêpres siciliennes de Verdi.

Aunque la música italiana fue el centro de la noche, un momento destacable fue la interpretación de dos conocidas canciones de Schubert. Era una manera de abrir aún más esa puerta de la música de salón, con una mirada hacia la Viena del Biedermeier. Pero también fue la oportunidad para que Lisette Oropesa mostrase su dominio de la expresión vocal. En realidad, ambos lieder son dos piezas auténticamente operísticas: la famosa balada de Goethe (Gretchen am Spinnrade), en que Margarita expresa sus anhelos de enamorada, y la escena Vedi, quanto adoro, que es un aria de Didone abbandonata de Metastasio en la que la protagonista lamenta el rechazo de su amado. La soprano, que no es solo una magnífica cantante, sino que posee un enorme carisma escénico, supo construir todo el dramatismo del momento, mostrando la conexión entre la canción y el escenario, el salón y la sala de conciertos.

El concierto se cerró, como no podía ser de otra forma en el Verdi Festival, con dos grandes propinas del más conocido repertorio del maestro de Busseto: una hermosa e impecable lectura del Caro nome de Rigoletto y la gran escena de Violetta del final del primer acto de La traviata que, con gran generosidad y de forma inesperada por la longitud del concierto, no solo incluyó el cantable (Ah fors’è lui) sino la cabaletta (sempre libera). Dos papeles que domina y está actualmente cantando en Londres. Se produjo el delirio de un público ya entregado, porque Lissete Oropesa no solo maneja su voz magistralmente, sino que es una artista que sabe conectar muy bien con el público. Los largos aplausos, y la larga cola de aficionados que la esperaban a la salida, fueron una muestra de una noche mágica en Parma, en la que una gran intérprete se implicó y se lució en un proyecto original y bien construido.