‘O foll amor’: la música en el Cancionero de Ausiàs March

‘O foll amor’: la música en el Cancionero de Ausiàs March

Esta bella invocación a la folía, a la locura de amor, llena hoy, 9 de octubre, las calles de Valencia como parte de una campaña publicitaria municipal que invita a recordar a Ausiàs March con motivo del Día de la Comunidad Valenciana.

La poesía de Ausiàs March (1400-1459) es aclamada de forma unánime como máxima expresión literaria del Siglo de Oro valenciano. La vida del poeta coincide con el reinado de Alfonso V de Aragón, “el Magnánimo”. Durante este periodo, la floreciente actividad comercial y el enriquecimiento económico de la población propician el crecimiento demográfico y una mayor dedicación a la cultura, que se ve favorecida asimismo por los intereses y gustos personales del monarca. Adelantando el espíritu humanista, en la corte se fomenta la creación artística, que convive aquí con la expresión en lengua romance derivada de la tradición trovadoresca.

La presencia trovadoresca de origen provenzal en la Corona de Aragón se había visto favorecida por la proximidad geográfica, las relaciones políticas, y la afinidad lingüística. Ello permitió la asimilación de formas y expresiones poéticas, que se consolidarán en un modelo cuya pervivencia se extiende más allá del declive del propio movimiento trovadoresco.

Esta influencia se manifiesta de manera clara en la obra de Ausiàs. En ella encontramos  la descripción de una práctica por la que este tipo de creación lírica se dotaba de acompañamiento musical, si bien frecuentemente la composición del verso y de su melodía convergían en la creación del mismo trovador, poeta y cantor a la vez (“Los cantadors ab melodia canten, los trobadors a fer dictats acuyten”, XV).

Una de las principales funciones de la poética trovadoresca era la de ofrecer una crónica de acontecimientos y hazañas alejados en el tiempo o en el espacio, especialmente en exaltación del valor del monarca bajo cuyo auspicio nacía este repertorio. El testigo histórico o narrativo se desvanece en la obra de Ausiàs, que anuncia el potente sonido de la trompa (“D’aquest valent una gran trompa sona”, LXXII) en alabanza y proclama de las virtudes “de quienes bien obran” frente a la tiranía y los vicios del poder (“En gran defalt és lo mon de poetes per enbellir los fets dels qui bé obren”, LXXII).

La referencia musical convive en las páginas del Cancionero con reflexiones filosóficas o morales. Así, el canto se revela como expresión de deseo en Ausiàs, e incluso las bestias se estremecen al escuchar el “dulce canto” en la brama del ciervo o en el trinar amoroso de garzas, cuervos y ruiseñores (“Lo cervo brau sent en lo bosch bramar, e son fér bram per dolç cant és tengut”, LXIV).  Al mismo tiempo, Ausiàs apela al entendimiento frente a la locura del danzante que, siguiendo al instrumento, se embriaga en el movimiento desbocado y sin mesura (“e co.l dançant segueix a l’esturment e mostra bé haver poch sentiment si per un temps dança rostit bullit”, VIII).

Sin embargo, es la función lírica la que predomina en el Cancionero, que profundiza en el tema amoroso invocando a los trovadores que escriben sobre el amor y sufren sus desdichas (“D’aquest voler los trobadors escriuen, e, per aquest, dolor mortal los toca”, LXXXVII) y, a la vez, evidenciando cierto distanciamiento respecto al tópico del amor cortés. El propio autor critica el estilo de los trovadores que, “en su ardor, transgreden la verdad” (“Lexant a part l’estil dels trobadors qui, per escalf, trespassen veritat”, XXIII) a favor de una poética más pura, fiel a la autenticidad de la emoción íntima en la que becuadros y bemoles funcionan como metáfora de la exaltación de la alegría amorosa frente a su reservada contención (“cantar no deu ab alegre becayre, mas ab bemols alegria constrényer”, LVI).

Las páginas que integran este Cancionero despliegan la magnífica expresión del amor anhelante y apasionado con la que Ausiàs supo erigir su idioma materno a lenguaje universal del sentimiento.