MADRID / Meritorio segundo reparto de ‘La Cenerentola’

MADRID / Meritorio segundo reparto de ‘La Cenerentola’

Madrid. Teatro Real. 26-IX-2921. Rossini, La Cenerentola. Aigul Akhmetshina (Angelina), Michele Angelini (Ramiro), Nicola Alaimo (Don Magnifico), Borja Quiza (Dandini), Natalia Labourdette (Clorinda), Carol García (Tisbe), Riccardo Fassi (Alidoro). Coro y Orquesta del Teatro Real. Director musical: Riccardo Frizza. Director de escena: Stefan Herheim.

La Cenerentola de Herheim (y, de paso, de Ferretti y Rossini) ha contado en esta función con un meritorio y equivalente reparto al del estreno del pasado día 23, que sirvió para dar oficialmente inicio a la Temporada del Teatro Real (sesión ofrecida por La2 de TVE en directo y con una sobria y competente conducción de Martín Llade; sana costumbre que merecería mantenerse… y parece ser que así será).

El timbre carnoso y sensual de Aigul Akhmetshina ofreció, como Angelina, un atractivo relieve, tan juvenil como voluptuoso. Voz de volumen y amplitud de registros, destacó la diversidad de escritura vocal, dejando para el rondó conclusivo sus mejores armas, con una coloratura ejemplar y unos ascensos a la octava aguda de una precisión y riqueza modélicas. Dio por ello toda la brillantez que la página concede. Asombra que, siendo tan joven, ya disfrute de semejante madurez instrumental y ejecutiva.

Un contraltino (con Almaviva y Lindoro, se mide ya con esta trimurti tenoril rossiniana) es Michele Angelini, otro tenor americano que se suma al mundo del pesarés. El joven cantante, formando con la mezzosoprano una creíble pareja, se desenvolvió con pericia desde su encantador encuentro con la heroína hasta su momento solista, muy atento al canto en el andante y superando con creces los varios Do naturales agudos de su triunfante allegro vivace. Curiosamente, en el resto de su cometido pareció no molestarse más tras el alarde anterior.

Borja Quiza parece hallarse en la tesitura justa que merece Dandini, aunque algunas notas graves fueron algo débiles. Su desenvoltura como actor, su simpatía y su expresividad completaron el notable retrato.

Nicola Alaimo, Don Magnifico (y, para el regista, también Rossini en plan Deus ex machina, en compañía de su nube habitual), se mueve con fantasía y posibilidades en este tipo de personajes a los que da contenido (magistrales recitativos), siempre con un punto del control necesario para no caer en la desmesura. Su dúo con Dandini (Quiza estuvo a su altura) y las tres arias (sobre todo, Sia qualunque delle figlie) resultaron un modelo de lo que es el canto cómico rossiniano.

Impecables Natalia Labourdette (que sustituía a Rocío Pérez por enfermedad) y Carol García, quien, por cierto, es capaz de asumir el papel titular, como ya ha demostrado. Riccardo Fassi dio prestancia y nobleza a Alidoro,  superando sin problemas su aria di sorbetto en su variado estilo de escritura.

El concepto de Riccardo Frizza resultó lo esperado: fino y colorista, atento a la respiración de los solistas, y de trasparencia, lo que se requiere para disfrutar  de tal exquisita escritura. En suma, y jugando respetuosamente con su apellido, frizzante (es decir, burbujeante).

Las funciones se basaban en la edición crítica de Albero Zedda. Sin embargo, no se tuvieron en cuenta el coro de inicio del acto II (Ah, della bella incognita) ni el recitativo y aria de Clorinda Sventurata, mi credea que, pese a ser un añadido de Luca Agolini, sí se incluyen en dicha edición. Seguro que el magnífico coro de Máspero, así como Rocío Pérez y Natalia Labourdette habrían agradecido su inclusión.

Las representaciones de esta Cenerentola se dedican a Teresa Berganza, cual “fabulosa intérprete del papel titular”. Puestos ya a homenajes nacionales, podrían haberlo extendido a la extraordinaria Cenerentola de Conchita Supervía y a la destacable Marina de Gabarain, quien en Glyndebourne protagonizó un resurgir de la ópera en los pasados años 50.

(Foto: Javier del Real)