GRANADA / Uniendo esfuerzos por la Ópera

GRANADA / Uniendo esfuerzos por la Ópera

Granada. Paraninfo de la Universidad. 29-XI-2019. Donizetti: L’elisir d’amore. Ruth Terán (Adina), Ángel L. Pérez (Nemorino), Marcelo Solís (Belcore), Francisco García (Dulcamara), Elvira Padrino (Giannetta). Coro del Ópera-Estudio. Orquesta de la Universidad de Granada. Director de escena: María del Mar Donaire. Director musical: Gabriel Delgado Morán.
Tras más de un año de trabajo, el Ópera-Estudio de la Universidad de Granada, dirigido por la conocida soprano de la tierra Mariola Cantarero, presentó el fruto de su trabajo. Un trabajo ilusionante que ha supuesto movilizar los recursos artísticos de la ciudad, pues en él han colaborado la Universidad (a través del programa Atalaya de la universidades andaluzas y con la colaboración de su departamento de Musicología), la Escuela de Artes y el Conservatorio Superior, en un modelo colaborativo digno de encomio en una ciudad carente de programación lírica. Este esfuerzo no queda tan sólo en Granada, sino que se lleva también a las universidades de Jaén y Almería en días sucesivos al estreno.
Toda la dimensión escénica ha corrido a cargo de María del Mar Donaire, quien traslada la acción a la oficina de una empresa de publicidad en la Roma de los años cincuenta del siglo pasado. La traslación temporal funciona con buena lógica teatral gracias a un estupendo juego de movimientos de actores que saca todo el partido posible al limitado espacio de un salón de actos. La dramaturgia es respetuosa con la trama argumental y la escenografía muy vistosa, así como el brillante vestuario. Tan sólo cabría mejorar en este terreno el evitar los bruscos cambios de luces de algunos momentos.
La dirección musical fue mucho más irregular. Sin foso y con los músicos casi a nivel de escena, debería haber regulado mucho más las dinámicas para no desequilibrar los balances sonoros y mejorar el empaste global del meritorio conjunto orquestal. No supo establecer una concepción global de la obra, pues a momentos algo lánguidos le sucedían arranques de velocidad que se iban dejando atrás a partes de la orquesta, al coro y algunos solistas, incapaces de seguir tan desenfrenado ritmo.
En cuanto a los solistas, seleccionados entre jóvenes cantantes españoles, cabe señalar en primer lugar a la magnífica Adina de Ruth Terán. Voz ligera pero con cuerpo, una magnífica proyección, timbre cristalino muy penetrante, elegante fraseo y buena resolución de las coloraturas fueron las armas que le permitieron salir como la triunfadora vocal de la noche. Llamado a sustituir a última hora al inicialmente previsto Nemorino, Ángel L. Pérez se mostró muy irregular toda la noche, tanto en lo musical como en los teatral, con momentos de graves apuros vocales, pérdida del tempo y escasa implicación expresiva. A cambio, el Dulcamara de Francisco García fue un dechado de voz firme y poderosa (muy suelto en el siempre complicado canto sillabato) y de actuación de gran comicidad y soltura escénica. Algo más envarado y con voz nasal y trasera fue el Belcore de Marcelo Solís, mientras que Elvira Padrino fue todo un lujo como GIannetta con esa voz brillante y carnosa que le adorna. A muy buen nivel también el coro, muy empastado y con gran calidad de voces.
En definitiva, un ejemplo a seguir por otras ciudades que dejan sin aprovechar los recursos de las entidades docentes y artísticas por falta de mentalidad cooperativa.