Scherzo | CRÍTICAS / BOGOTÁ / Piadosa y dramática interpretación de la 'Petite Messe Solennelle' de Rossini, por Ricardo Visbal Sierra

BOGOTÁ / Piadosa y dramática interpretación de la ‘Petite Messe Solennelle’ de Rossini

BOGOTÁ / Piadosa y dramática interpretación de la ‘Petite Messe Solennelle’ de Rossini

Bogotá. Auditorio Fabio Lozano. 11-IX-2022. Rossini: Petite Messe Solennelle. Beatriz Helena Mora, soprano. Fabiola Martínez Vargas, mezzosoprano. Christian Correa, tenor. Camilo Mendoza, barítono. Rubén Pardo, piano. Bibiana Carvajal, armonio. Coro de la Ópera de Colombia. Director: Luis Díaz Herodier.

En el desarrollo del XI Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, se ha interpretado la Petite Messe Solennelle, considerada como un testamento musical y legado piadoso de Gioachino Rossini. Hoy podrá parecer algo extravagante, pero en el siglo XIX se tomaban las arias de las óperas y se interpretaban junto a los cantos gregorianos en las misas latinas. Esta costumbre, muy extendida en el catolicismo, terminó en 1903 con el Motu Proprio Tra le Sollecitudini del papa Pio X. Este documento denunciaba los excesos de las armonías del mundo en los recintos sacros, y por ello, en este texto se anota que la música debe ser “santa y, por lo tanto, debe excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes”.

Ahora bien, la Petite Messe Solennelle es una obra de principios religiosos católicos, con influencias en la tradición el motete y el contrapunto sacro, pero no se puede dejar de pensar que Rossini se considera uno de los mejores compositores operísticos del siglo XIX. Esta combinación entre lo piadoso y lo dramático se encuentra en todos los números de la partitura y, en la interpretación del Coro de la Ópera de Colombia, lo ejecutó con el debido desarrollo teatral de esta peculiar composición espiritual.

El aspecto dramático, operático y religioso también se percibió en la interpretación de los fragmentos de los cuatro solistas con sus voces robustas y saludables. En esta edición, los solistas se destacaron por dar vida y sentido a las palabras latinas con una verdadera pasión propia del Romanticismo italiano del XIX. Sin embargo, un musicólogo anglosajón o alemán de la actualidad estaría escandalizado porque preferiría voces más livianas, sin tanto cuerpo y poca anchura en la emisión. En esta obra sacra de Rossini tiene unas buenas piezas que se pueden considerar verdaderas arias para los cuatro registros tradicionales de soprano, mezzo, tenor y bajo.

Los solistas lograron grandes momentos en sus respectivos números y ante el público demostraron el buen estado de sus voces líricas. El tenor Christian Correa logró un buen desarrollo en Domine Deus (Señor Dios), donde su voz dramática y robusta impactó por su vitalidad y buenos agudos. La voz es vibrante y con potencia, pero no es la primera vez que se escucha a Rossini con una voz contundente, pues basta recordar los registros del mítico Enrico Caruso de esta pieza, o también del gran Franco Corelli.

El barítono Camilo Mendoza realizó el Quoniam Tu solus Sanctus (Porque Tú eres el único Santo) con un gran dramatismo porque asumió las palabras del texto latino con dinamismo, tal como lo requiere la obra rossiniana. Además, su voz peculiar y penetrante logró rematar los agudos poderosos y con cuerpo, pues no necesitó adelgazar la voz para llegar a las notas altas. En cuanto a la soprano Beatriz Helena Mora, la solista logró matizar el dolor expresado en el momento del Crucifixus (Crucificado) del Credo. Este fragmento, es una cantinela más ligada al mundo operático, debido a que recuerda mucho a las famosas arias de las divas de los escenarios. En el momento de O salutaris Hostia logró un excelente pianísimo en el Amén.

El fragmento Agnus Dei estuvo a cargo de la mezzosoprano Fabiola Martínez Vargas, que demostró la fuerza de su voz, cuyo rango permite unos excelentes graves y un registro agudo con una emisión fácil en las notas altas. Lo bueno de esta solista es que no tiene ese vibrato desagradable de las contraltos de la escuela eslava de canto.

En cuanto a la dirección de la Petite Messe Solennelle, el maestro Luis Díaz Herodier estuvo a la altura. Enfatizó los contrapuntos de Cum Sactus Spiritus (Con el Espítitu Santo) del Gloria y de Et Resurrexit (Y resucitó) del Credo, al modular el tejido armónico y las complejidades de la partitura. Además, no debe dejar de lado la buena labor del pianista Rubén Pardo y de Bibiana Carvajal en el armonio, quienes acompañaron la misa y resaltando todas las peculiaridades sonoras de estos instrumentos en conjunto con el coro y los solistas.

Mirando hoy la frivolidad del mundo del siglo XIX en las melodías religiosas, ¿qué pensaría san Pío X con la música sacra de las misas de la actualidad? Si bien en la época de Rossini, lo frívolo en la iglesia eran las arias de ópera y su interpretación dramática. En este siglo XXI, se pueden ver a los curas y a los feligreses cantando salsa y cumbia en las eucaristías. También interpretan rock cristiano, bailan y palmotean en las iglesias. Cosas pintorescas, graciosas y absurdas se han visto en los últimos años, pero lo peor de lo peor, es la invariable desafinación de los coros parroquiales con sus constantes guitarras destempladas. Esto sí es el infierno musical en la tierra.

Ricardo Visbal Sierra