¡Música, Filomena!

¡Música, Filomena!

Nunca he entendido por qué Santa Cecilia es la patrona de la música, y no lo es Santa Filomena. Las dos fueron mártires, las dos nacieron en Roma y es probable que las dos fueran asesinadas en muy corto espacio de tiempo, pero la primera jamás tuvo que ver nada con la música, mientras que la segunda sí, aunque solo fuera su nombre: Φιλουμένη, en griego, quiere decir “la que ama la música”. Por eso, antiguamente a los ruiseñores (tenidos por los pájaros con el más bello canto de entre todos los de su especie) se les llamaba “filomenas”.

Me ha venido todo esto a la cabeza por culpa de la ola polar Filomena que nos está sacudiendo y que ha dejado blanca de nieve prácticamente a toda España. El entuerto de Santa Cecilia solo es producto del desconocimiento de un papa, Gregorio XIII, que fue quien la canonizó y la nombró patrona de la música, a finales del siglo XVI, por “haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos”.

A este pontífice la música le importaba una higa (lo mismo que, seguramente, a la propia Santa Cecilia), como lo demuestra su contumacia a la hora de aplicar a rajatabla en todos sus apartados —música incluida— el Concilio de Trento. No ha habido ningún hecho histórico que haya hecho tanto daño a la música religiosa del mundo católico como el Concilio de Trento. Bueno, sí… el Concilio Vaticano II, con sus guitarritas y el “¡qué alegría cuando me dijeron ‘vamos a la casa del Señor’!”.

Al grano: a Santa Cecilia, ya desde tiempos inveterados, la iconografía la presentaba tocando un órgano, producto de una mala traducción de las Actas de Santa Cecilia. Cecilia fue martirizada por no renunciar a su fe cristiana, y es en ese martirio de dónde proviene el equívoco: los códices más antiguos no se refieren a canentibus organis (canentibus como sinónimo de cantantibus, es decir, ‘órganos cantantes’), sino a candentibus organis (o sea, los ‘instrumentos incandescentes’, los que se aplicaban para torturar).

Francesco Corselli, al que ya me he referido en alguna otra ocasión en este cuaderno de bitácora, compuso la cantata de Reyes con violines y flautas A ti, invisible ruiseñor canoro en el año 1749. En 2002, Emilio Moreno, ornitólogo vocacional, la incluyó en el primer disco que grababa su orquesta, El Concierto Español, en el cual intervenía la soprano Núria Rial.

Filomena o ruiseñor, ruiseñor o filomena… Tanto da, como da lo mismo… Sirva esta ola glacial bautizada Filomena como excusa para volver escuchar esta magnífica cantata de Corselli en la voz ‘filoménica’ de Núria Rial y, de paso, para intentar aclarar, en la medida de lo posible, el fake de Santa Cecilia. Tal vez convendría abrir una campaña de recogida de firmas en Change.org para solicitar a quien proceda que aplique un poco de memoria histórica y  para que convierta a Santa Filomena en la legítima patrona de la música (y a Santa Cecilia, quizá, en la nueva patrona de los herreros, por ejemplo). Sería de justicia.