ALICANTE / Redescubriendo a Óscar Esplá

ALICANTE / Redescubriendo a Óscar Esplá

Alicante. Auditorio ADDA. 14-II-2020. ADDA-Simfònica. Marta Espinós, piano. Director: Álvaro Albiach. Obras de Óscar Esplá, Jacques Ibert y Wolfgang Amadeus Mozart.

Con la figura de Mozart como elemento aglutinador del programa, que llevaba por título “Júpiter” en referencia a su última sinfonía, la orquesta ADDA-Simfònica actuaba en el noveno concierto de la Temporada Sinfónica del auditorio de Alicante con el maestro Álvaro Albiach como director invitado, con la misión de interpretar una de las composiciones más interesantes de Óscar Esplá, su Sonata del Sur, Op. 52 para la que se contó con la participación de la pianista de Xávia, Marta Espinós, una de las discípulas más valoradas por su maestro Joaquín Achúcarro. Se presentaba así como uno de los atractivos más a destacar de la velada, de modo especial por la responsabilidad que significaba reivindicar y poner en valor la música del significado compositor alicantino.

Como introducción, Álvaro Albiach dirigió un pequeño rondó orquestal del compositor francés Jacques Ibert, Hommage à Mozart, en el que queda muy definido y concentrado el sentir creativo de este músico. Así es como lo asumió y planteó el director valenciano, sabiendo sacar a la orquesta su mejor cromatismo, carácter muy presente en esta obra que requiere sutileza en las indicaciones de exposición, sensitivo instinto ante su eclecticismo formal, contención en la dicción y sobriedad en el gesto, cualidades muy determinantes en su manera de dirigir. ADDA-Simfònica tradujo sus planteamientos con eficacia volviendo a dejar constancia de su colectivo instinto musical y una estimable conjunción sonora que, desde la diversidad armónica y transparencia tímbrica que contiene esta obra, el oyente agradece con satisfacción y no poca admiración por la juventud de este bien elegido grupo de músicos que la integran.

Marta Espinós, lejos de un lucimiento superfluo, se adentró en la música de Esplá con profundo respeto y máxima exigencia a los postulados que contiene su Sonata del Sur. Así llegó a tal punto su compromiso que, la apariencia de dispersión temática en el diálogo entre el piano y la orquesta del Allegro inicial, quedó serenada en su lírica cadencia posterior que interpretó con sensitivo gusto. Este sentido lo mantuvo en el Andante central, realzando su mayor calidad musical entre los movimientos extremos de la obra, realidad favorecida por un diálogo con la orquesta muy ponderado y mejor realizado, destacando en su meditativa cadenza, bien entendida por la pianista. El maestro Albiach impulsó el Allegro alla marcia final con gran determinación rítmica, sacando las sugerencias ‘ravelianas’ que contiene este movimiento, que lo planteó sabiendo estratificar sus sonoridades, deslizando con esmero la complejidad de su organización concertante, reto al que respondió Marta Espinós con matizado equilibrio. El aplauso del público vino a confirmar el trabajo bien realizado por la solista, el director y la orquesta en esa loable intención de poner en valor la inclasificable música de Óscar Esplá que, lejos de cualquier influencia concreta imaginable, este autor subsume en unos parámetros expresivos levantinos de particular y personal cuño con difusa influencia folclórica.

Mozart apareció en la segunda parte con la posiblemente más elocuente sinfonía de su extenso catálogo: la Sinfonía nº 41 en Do, Kv. 551, “Júpiter”. Con un exhaustivo conocimiento de cada uno de sus pentagramas, Álvaro Albiach se dispuso a ofrecer su idea de esta obra genial notándose de inmediato una atención especial a realzar los contrastes dinámicos y los puntuales acentos de su discurso, hecho que imprimía a su interpretación un aliciente vital que hacía que su escucha hubiera de mantenerse atenta en todo instante. Así se pudo disfrutar del intenso contrapunto del acelerado allegro inicial y de la esclarecida melodía del andante subsiguiente. Todo ello dejaba la sensación de ser consecuencia de un pormenorizado seguimiento de sus líneas de canto que se materializaba en el sonido de la orquesta, siempre atenta con resolutiva eficacia técnica en cada una de sus secciones instrumentales.

Como si de un prólogo se tratara del alucinante último tiempo de esta sinfonía, Albiach transmitió con elegancia el Menuetto, permitiendo que el núcleo de componentes de ADDA-Simfònica luciera la belleza del estilo clásico, logrando un diálogo con preciosistas detalles en su combinación. Llegó a su máxima capacidad de respuesta en el Finale, todo un paradigma contrapuntístico en su estructura armónica, que el director supo enfatizar hasta el límite, sacando el máximo partido a la sobriedad de sus movimientos, que justificaron la precisa ejecución de los diversos temas que se dan simultáneamente, con fuerza, poder y destreza técnica. El público reconoció tales méritos con un prolongado aplauso.

Terminaba así un concierto necesario en la programación del Ciclo Sinfónico del ADDA en el que la figura de Óscar Esplá, como referente indiscutible del acervo musical levantino, fue puesta en valor con el reconocimiento que merece de compositor cultivado y creador de delicado gusto.