VALLADOLID / Inbal glorifica a Mahler

VALLADOLID / Inbal glorifica a Mahler

Valladolid. Auditorio Miguel Delibes. 17-V-2019. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Ivo Pogorelich, piano; Belén Alonso, soprano. Director: Eliahu Inbal. Chopin: Concierto nº 2. Mahler: Sinfonía nº4. Aforo: 95%

Cada una de las partes del concierto supuso un mundo opuesto al otro. En el Concierto nº 2 de Chopin, Ivo Pogorelich se comporta como quien es capaz de malear oro a capricho ofreciendo joyas valiosas pero de extrañas formas. Nadie niega que conoce muy bien al compositor, que domina la partitura y que sabe concertar con una orquesta. Con comodidad es capaz de mostrar una versión de elocuencia indiscutible, de cristalina claridad en los numerosos ornamentos, y de una generosa y nada afectada expresividad en el fraseo. A partir de ahí, y sin salir del marco de la corrección, sí se puede discutir una cierta querencia a lo iconoclasta en detalles incomprensibles para quien espera un Chopin más académico. Con todo, se trata del sello de la volubilidad individual del artista quien, con toda seguridad, en unos meses podría interpretar una versión totalmente opuesta del mismo concierto, con la misma orquesta y el mismo director.

La OSCyL había jugado en la primera parte a ser la orquesta de Chopin, pero su papel en la Cuarta sinfonía de Mahler era el de arrasar con cualquier recuerdo, por muy bueno que hubiera sido, de lo ocurrido anteriormente. Uno se pregunta qué hay en Inbal y cómo lo comunica a los músicos para que la OSCyL responda con tal grado de perfección y unidad. Da la impresión de que cada frase musical de la partitura responde a una gran idea del director secundada, comprendida y asimilada unánimemente por cada uno de los profesores. Es reconfortante asistir a un lucimiento del arte del fraseo en cada sección, pues es en particular esta Cuarta una obra muy de secciones, así como del arte de esa asignatura poco estudiada del portamento en la cuerda. Tan memorable sonó la música en el Delibes como para pensar durante cada movimiento que no podía existir mejor dirección junto a mejor orquesta. Y para coronar una de las más artísticas y excelentes interpretaciones de la temporada, surgió en el movimiento final, como regalo al espectador y descubrimiento maravilloso, la voz mozartiana de la soprano burgalesa Belén Alonso, maravillosamente idónea en su timbre para el texto sobre “La vida celestial“, y a la que cada oyente se quedó con ganas de seguir escuchando. Bravo, Inbal: vuelva usted cuando quiera.