Una sorprendente Jovanshchina en el Teatro Stanilavski de Moscú

Una sorprendente Jovanshchina en el Teatro Stanilavski de Moscú

El aficionado sabe muy bien que la red le ofrece a menudo recompensas que en otro tiempo no hubiera podido soñar. Aquí, en estas páginas aéreas de noticias o de bitácoras, le damos a veces pistas sobre lo que muchos sin duda han localizado ya; y que aquí le señalamos por si no ha estado lo bastante atento o todavía no se aventura por esos campos, ondas o accesos (que no sé bien cómo llamarlos). En este caso, les voy a recomendar simplemente que vean una Jovanshchina (esta es la transliteración más correcta para el castellano, créanme) que he ha dejado más que gratamente sorprendido, que acaban de subir, y que tendrá una accesibilidad limitada en el tiempo.

Este es el vídeo:

Esta es la ficha:

MUSSORGSKI: JovanshchinaTeatro Stanislavski de Moscú, 2019. Principe Ivan Khovansky: Dmitry Ulyanov. Principe Andrey Khovansky: Nikolay Erokhin. Principe Vasiliy Golitsin: Najmiddin Mavlyanov. Dosifei: Denis Makarov. Marfa: Ksenia Dudnikova. Boyardo Fyodor Shaklovity: Anton Zaraev. Escriba: Chingis Ayusheev. Emma: Maria Makeeva. Susanna: Natalia Muradymova. Kuzka: Dmitry Polkopin. Varsonofiev: Vladimir Svistov. Streshnev: Alexander Nesterenko. Dirección musical: Alexander Lazarev. Director de escena: Alexander Titel. Escenografía: Vladimir Arefiev. Figurines: Maria Danilova. Luces: Damir Ismagilov. Coreografía: Larisa Alexandrova.

Pero esto no es una crítica. Es una recomendación de esta bitácora con vocaciones teatrales consumadas, y que ahora se recupera en el nuevo formato, tan bello, de esta bella revista que ya pasó los treinta y tres años y medio de vivencia y supervivencia. Esta recomendación tiene que ver, sobre todo, con lo impecable de un reparto en cuanto a voces y actuación teatrales, y en la puesta en escena y la filmación. Adelantemos que la filmación es de una agilidad nada habitual en este tipo de tomas audiovisuales de ópera, por lo atrevido de cada enfoque, por lo penetrante de la cámara, por el viaje de ésta a través de una escena que nunca afloja, que siempre parece dispuesta a más acción, a más sorpresa, por mucho que conozcamos la ópera. La versión se permite algunas libertades francamente interesantes, pero eso ya lo juzgarán ustedes. La lectura teatral de Alexander Titel —y a eso íbamos— resiste la comparación con la que parecía insuperable de Cherniakov que reseñábamos aquí hace unos años y correspondiente a una toma de la Opera de Baviera de 2007. Titel no va tan lejos como Cherniakov, pero su teatralidad es acaso más intensa. Pero, insisto, esto no es una crítica. Baste con decir, finalmente, que es la versión de Shostakovich, es decir, su recuperación, pero el final no es el que ya parecía habitual, el de Stravinsky.