SEVILLA / Música(s) Contemporánea(s) que no lo son tanto

SEVILLA / Música(s) Contemporánea(s) que no lo son tanto

Sevilla. Teatro Central. Sevilla. Del 20/03/2019 al 15/05/2019. Johanna Rose & Diego Montes. Taller Sonoro. Zahir Ensemble. Proyeco Dyce.

Vaya por delante que el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro Central de Sevilla forma parte de lo que, llamaríamos, la resistencia cultural de la ciudad. Un ciclo que comenzó siendo Festival de las Artes Sibila, por impulso del profesor universitario y poeta Juan Carlos Marset, y que luego se asentaría, también se acomodaría, en forma de serie de conciertos bajo el mandato de Manuel I. Ferrand y Ángel Aparicio. Tristemente desaparecido el segundo, el primero sigue moviendo el timón. No ciertamente en la dirección que a sus más conspicuos seguidores (y también desertores) nos gustaría pero, con todo, es justo reconocer su empeño. Ojalá la nueva Junta de Andalucía no repare demasiado en él (en este Ciclo), vaya a ser que lo finiquite y ya ni peros puedan ponérsele.

La aparición hace poco años de unas inquietantes ‘s’ entre paréntesis en la denominación del evento vinieron a ahondar más en esa idea siempre movediza de lo que es (debe ser / debemos considerar) como música contemporánea. Fue algo así como la patada en la puerta de muchas otras cosas. Otras cosas que, hasta la fecha, interesan bien poco. O al menos así lo hacen al público que llega aquí esperando una pizca de modernidad. Porque no es verdad que los ciclos y festivales que en Europa existen dedicados a la música de hoy tengan la manga tan ancha. A sus programaciones me remito.

Rubén Alonso y Esperanza Moreno presentaron Mix Nostrum, “una obra [en clave deejay y videojay] de remezcla musical en torno al Mediterráneo”. Más pop es el que traerán, en estos días, la banda sevillana Pony Bravo, muy admirada por la facción hipster hispalense. Un grupo, por cierto, que no necesita de este Ciclo para convocar a los suyos.

Tampoco lo necesita ni Shostakovich ni Weinberg, en las magníficas versiones que sirvieron la pianista Judith Jáuregui y el Cuarteto Signum. Gran e histórica música robando el lugar de la nueva y desconocida música. Sofia Melykian inauguró el Ciclo con su programa Women, confeccionado a base de piezas nada arriesgadas de Sofia Gubaidulina y Geghuni Chitchyan, entre otras. Y hasta el grupo local Zahir Ensemble (que en este mismo marco ha interpretado a Feldman, Luther Adams, Glass, Haas…) fue infectado por el plural de Música(s) quedando de comparsa de la cantaora (o lo que sea) Rosario La Tremendita en la ejecución de la insoportable nadería Ayre, de Osvaldo Golijov. Prologaron -algo es algo- este programa imposible con Graphein (2014) una composición del enfant terrible de la nueva música francesa Raphaël Cendo. Su otrora tono de apisonadora parece dar muestras de atemperamiento, y en esta proceso la partitura las sonoridades desmañadas tan propias de su estética parecen respirar, sin tanto abigarramiento. Mucho nos interesará conocer qué caminos transita su música en el futuro, y ojalá Zahir, grupo que comanda Juan García Rodríguez, pueda seguirle la pista. La interpretación (amplificada por expreso deseo del compositor) fue un prodigio de articulación y hasta de musicalidad en una creación que parece refractaria a cualquier atisbo de hedonismo.

Al recital que ofreció la violagambista Johanna Rose y el clarinetista Diego Montes le sobró Bach (no porque sobre, evidentemente, más bien porque casa con todo y tuvo pinta de recurso sonoro para la urdimbre del asunto) y le faltó obras de peso. De Gerardo Dirié escuchamos una amplia selección de sus Noctuary Duos, música que quiere ser evocadora pero que se queda asida a un conservadurismo de muy escaso vuelo. Viento Sur, de Ramón Gorigoitía, acabó resultando una larga nadería con ínfulas kagelianas que terminó derivando en un teatrillo colegial. Muy atractiva, sin embargo, la presencia en el programa de Hilda Paredes (responsable este año de la Cátedra Manuel de Falla). Suya era la página de estreno Estrofas del viento, una excelente exploración alrededor de los encuentros y desencuentros de dos instrumentos de improbable conjugación. Una obra que podría ser un buen punto de partida para que Rose y Montes, excelentes músicos, comiencen a crear un repertorio propio y de interés para un dúo que, hasta la fecha, carece de historia.

Así, en sentido estricto, solo Taller Sonoro (la otra gran formación hispalense, junto con Zahir) [en la foto] se amoldó a lo deseado con su programa Músicas de otros reinos. La sabbia dil Tempo, de Fausto Romitelli, con su tímbrica enrarecida promovida por la presencia como de colchón del sintetizador resultó quizá el momento musical más contundente de todo este Ciclo. Especialmente porque la muy estable plantilla de este ensemble se crece en cada nueva comparecencia. Y por que además están  a lo que están. A tener el radar en funcionamiento, a captar de qué va todo esto y presentar, aunque sea en cápsulas, músicas que toman el pulso al presente. Mauro Lanza es uno de los creadores a seguir, y de él dieron a conocer la muy ensimismada Tutto cio che e solido si dissolve nell aira. Por cierto, Lanza es autor del soberbio ciclo Systema naturae, que le iría como anillo al dedo al Taller… Muy ágil, también muy en una línea de empático ruidismo, resultó Treibstoff, de Carola Bauckholt. Y solo interesantes acabaron siendo las aportaciones de Ivan Fedele (Arcipielago Mobius) y Panayiotis Kokotas (Morphallaxis).

Por cierto Taller Sonoro fue el grupo artífice de la jornada vivida el 28 de abril. Proyecto Dyce es una iniciativa de la Unión Europea, un concurso dedicado a apoyar a los jóvenes compositores que se concretó en un festín sonoro de varias horas con distintos conciertos en streaming de distintas formaciones. Taller culminaría, en directo y para el mundo, un día (con múltiples animaciones / actividades en los descansos) que será recordado como un modesto empeño multimedia en el que, por cierto, sí que escuchamos música contemporánea. O lo que muchos reivindicamos que es y debe seguir siendo, pese a todas las inexactitudes.