Ud. está aquíInicio /  Septiembre 2012 / Opinión / Impuestos

Impuestos



Impuestos

Este editorial se escribe en los días en que el Gobierno anunciaba primero y ponía en práctica después las medidas de recorte económico que nos sitúan en la plenitud de una crisis sin precedentes en nuestra democracia. Ignorarlo y hablar solamente de música parecería, por nuestra parte, de una frivolidad impropia, más en un país en el que la cultura tiene tanto que ver con la política y, por eso mismo, con la economía. Así, lo que más puede afectar al consumo de cultura es, por encima de todo, el empobrecimiento general, la caída en la capacidad adquisitiva de sueldos en disminución, el cada vez mayor número de parados y la sensación general de desánimo que lleva a no gastar hasta a aquellos que en una situación como la que vivimos pueden hacerlo. Y como catalizador del descenso en el consumo —la peor noticia en una sociedad capitalista como la nuestra— el aumento de los precios, esta vez por la vía del incremento del IVA —complementado a la hora de medir el gasto con el del IRPF— de conciertos y discos, ambos alcanzando ya el 21 por ciento y a la espera de que organizadores de aquéllos y fabricantes de éstos decidan imputar o no —la primera impresión es que sí— al consumidor aquel aumento en el precio final de su producto. Es el momento también en el que muchas de las orquestas a las que dedicamos nuestro habitual dosier de temporadas ponen a la venta sus abonos y tratan de atraer a sus públicos con una programación a la que afectará quiérase o no las nuevas normas. Y en toda la cadena, desde la contratación del artista o el alquiler de las partituras al precio final de las entradas. Añádase a ello el recorte en las aportaciones públicas y privadas —cuando las haya, a la espera de una ley de mecenazgo de la que no hay razones para esperar demasiado— y nos encontraremos con un panorama en el que al sacrificio pedido a todos habrá que sumar el que se solicite a quien pueda hacerlo para que sobreviva la orquesta o la temporada de ópera de su ciudad, una especie de micromecenazgo que en otra sociedad más consciente del valor de lo suyo que la nuestra ya habría empezado a funcionar.

Párrafo aparte merece el incremento del IVA de los discos, del 18 al 21 por ciento, que vuelve a poner de manifiesto dos cosas: la consideración inferior del disco como soporte de cultura respecto al libro —es decir, la música cuenta menos que otras artes— y la inexistencia en nuestro país de una organización colectiva por parte de los editores de fonogramas como la que supone en el libro la Federación de Gremios de Editores de España, que ha conseguido que el IVA se mantenga en un 4 por ciento para el libro en papel —la tecnología, no se sabe muy bien por qué es otra cosa cuando conviene y el del electrónico y sus soportes sube como todo. Es lo que ocurre también cuando la producción propia se reduce a las independientes y las sucursales de las multinacionales no poseen la autonomía necesaria a la hora de poder ejercer una presión eficaz sobre las administraciones públicas, para las que la cultura suele ser una mera herramienta ancilar de la política y casi siempre antes de las elecciones correspondientes. Entre el libro de texto —y sus conexiones mediáticas y sociales— y los discos y sus debilidades tan mal defendidas —el IVA hoy pero el canon digital antes— hay un abismo de consideración social que los políticos conocen. Como conocen, igualmente, que sus interlocutores de la música no tienen hoy ni han tenido nunca la fuerza de los del papel impreso, una industria de consideración por méritos propios y que, desde una crisis que le afecta y muy seriamente, sabe, de momento, defenderse. Tomemos nota.

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter