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Prioridades



Prioridades

Se han movido las orquestas españolas, en plena crisis y con los problemas que en mayor o menor medida afectan a todas, a la hora de ir buscando nuevos directores titulares que se responsabilicen de sus próximas temporadas. La Real Filharmonía, la OSPA, la Sinfónica de Tenerife, la ORCAM o la Orquesta de Córdoba han designado en los últimos meses a sus nuevos responsables artísticos y anuncian el cambio la Orquesta de Granada y la Sinfónica de Galicia. Con evidentes dificultades a la hora de adecuar la realidad al deseo, explicando a los políticos la importancia del caso, viendo sobre sus cabezas la amenaza de unos recortes que pueden dar al traste con una de las construcciones culturales más importantes de la España democrática, como es la generalización de las buenas orquestas a lo largo de nuestra geografía y su presencia en cada comunidad, se acierte o no con los elegidos, el caso es que se ha conseguido que la vida siga a pesar de los pesares.

Por su parte, antes de aprobarse los Presupuestos, el Secretario de Estado de Cultura afirmó en una entrevista aparecida en el diario El País, a primeros de marzo, que el nombramiento de nuevo director titular de la Orquesta Nacional de España —o, lo que es lo mismo, en manos de quién se pondría el futuro de la misma— no era un tema prioritario. Se estaba estudiando qué se haría con las monedas del tesoro del Nuestra Señora de las Mercedes pero con la ONE no había prisa. Desde antes de la convocatoria de las elecciones era vox populi que el titular iba a ser el alemán David Afkham y que como principal director invitado se designaría a Giovanni Antonini. La jugada era maestra, pues se ligaba a la orquesta a un joven valor en alza clarísima, que muy pronto será titular de una orquesta grande pero manteniendo su compromiso con la ONE, en la línea de lo que ha sucedió con Dudamel en Gotemburgo. De otra parte, Antonini aseguraba una parte del repertorio y prestaba un nombre de excelente reputación en todo el mundo. Los dos graban discos, los dos aparecen en los grandes festivales. Se esperó hasta el último momento pero las suspicacias —por decirlo suavemente— que levantaron otros nombramientos de última hora y una CECIR poco flexible hicieron que finalmente la sucesión de Josep Pons quedara sólo en buenas —buenísimas— intenciones.

Han pasado dos meses desde aquella entrevista y nada se sabe. El asunto puede no ser prioritario, no faltaba más, para mucha gente. Pero para una Secretaría de Estado de Cultura sí debiera serlo —es su responsabilidad— el porvenir de una agrupación llamada Orquesta Nacional de España. Es de agradecer la sinceridad pero en el fondo del asunto no deja de ser inquietante que no haya opinión al respecto. Porque tampoco es cuestión sólo de dinero sino de negociación, de conocimiento del medio y de saber hacer las cosas. Y hay gente que a lo largo de los últimos años ha demostrado dominar la materia. Ahora, según se comentó en el acto de presentación de la próxima temporada de la ONE —por cierto, magnífica— se trata de convocar el Consejo de la Música y aplicar el Código de Buenas Prácticas, tan poco eficaz para cuestiones como ésta. Es decir, que frente a la sensatez del planteamiento abortado, quizá volvamos a escuchar razonamientos del peso de que como la Filarmónica de Viena, a la que siempre le ha ido muy bien con ese modelo, la Orquesta Nacional no necesita un director titular. O que éste ha de ser español. O que el proceso requiere la presentación previa del candidato con su proyecto en forma de instancia.

En cualquier caso, no se debiera utilizar la necesidad acuciante en lo económico como escudo para no afrontar las cosas inherentes al funcionamiento de nuestra cultura. Si después de analizarlas no hay modo de tomar una decisión, pues se dice y no pasa nada. Apelar a las circunstancias sin demostrar que se domina lo que éstas condicionan sería, cuando menos, decepcionante. Como lo fue que el director general del INAEM no acudiera a la presentación de la temporada de su orquesta, que es la nuestra como su nombre indica.

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