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Sinfónica de Euskadi: 30 años.



Sinfónica de Euskadi: 30 años.

Con la constitución el 20 de abril de 1982 de la Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE), signo de  identidad para la política cultural del recién nacido Gobierno Vasco, se establecían las bases de un proyecto capitaneado por Enrique Jordá, que mostró sus frutos musicales dos meses después, el día de San Juan, en el Bellas Artes donostiarra, que pasaría a convertirse en sede de la orquesta hasta su transferencia a la actual de Miramón. Treinta años después de su despegue, la OSE se muestra como una de las agrupaciones sinfónicas más sólidas del panorama nacional. Por su estructura musical y organizativa y por la cálida acogida dispensada a sus numerosas propuestas a favor de la captación de nuevos públicos que la mantengan en esa primera línea en la que se ha sabido situar.

De manejar los hilos de la gestión se responsabiliza el guipuzcoano de Soraluze Íñigo Alberdi Amasorrain, que a su licenciatura en derecho suma entre otras actividades el rodaje como profesor titular de pedagogía musical y clave en el Conservatorio Superior de Música de San Sebastián. Alberdi se muestra satisfecho por la respuesta de la audiencia: “Las cifras de seguimiento con que contamos son muy importantes”, dice. “Una de las vías para atraer al público es ofrecerle programas interesantes. Pero lo que estamos intentando en los últimos años no es tanto aumentar el número de asistentes, ya que las ratios son muy buenas, sino diversificar el público, aumentando su espectro sociológico, si se quiere llamar así. Además de con la fidelidad del abonado, que acude a las actividades habituales de la orquesta, poder contar con un público más esporádico, que en su tiempo de cultura pueda optar también por nosotros. Pensando en ese nuevo colectivo, desde hace tres años tenemos en cada temporada un concierto crossover fuera de abono que se llama KlasikAT, que significa más allá de la clásica, con el que estamos consiguiendo resultados muy interesantes: mayor asistencia y unas caras diferentes, más jóvenes. El primero fue con Michel Camilo; el segundo lo titulamos genéricamente Una noche de swing y el tercero lo hicimos poco antes de Semana Santa con Kepa Junkera como invitado. En todos lo casos, acompañados por la OSE”.

Los resultados globales atestiguan el éxito de la respuesta. Ahí están los 7000 abonados, que convierten a la OSE en la segunda orquesta del país en este concepto (el primer lugar lo ostenta la Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña). O los 150.000 aficionados de media que acuden cada año, consiguiendo una ocupación media del 92%, hasta anotarse como cifra acumulada en sus tres décadas de vida de más de tres millones de espectadores.

A esto habría que unir un programa educativo previo a la llegada a la orquesta de Alberdi. “Hace 16 años que en la orquesta se empezaron a programar actividades pedagógicas. Cuando entré en 2006
incidimos más en esta vertiente. Con anterioridad a la OSE, además de haber sido director de coros durante muchos años, mi primer trabajo fue, durante seis años, el de profesor de música, y para mí esa parte es muy importante. Constitutiva de lo que tiene que ser el trabajo de una orquesta. De hecho, somos fundadores de la Red de Organizadores de Conciertos Educativos (ROCE), y con el nombre genérico Aula de Música creamos un departamento educativo dentro de la propia orquesta, que tiene un especialista a su frente, y son muchas las actividades pedagógicas que se programan. Desde DVDs educativos o conciertos escolares a visitas a centros, conciertos en familia, conciertos para embarazadas, para bebés…”. De especial mención es el interés mostrado en los últimos tiempos por la OSE a través de su apartado de Responsabilidad Social Corporativa de acercar la música a los colectivos más desfavorecidos y a personas del País Vasco cuyos distintos tipos de discapacidad les dificultan el acceso a ella. A este respecto, conviene destacar la colaboración que mantiene desde 2009 en distintos proyectos con FEVAS, (Federación Vasca de Asociaciones en Favor de las Personas con Discapacidad Intelectual), que implican la asistencia a los conciertos como público y la realización de talleres para su familiarización con la música, promoviendo así su derecho a desarrollar la creatividad y a participar activamente en la vida cultural. La iniciativa ha sido reconocida como Buena Práctica por la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual,
FEAPS.

El presente

Para calibrar el momento actual de la orquesta sirve el testimonio de Andrés Orozco-Estrada, último eslabón en la cadena de directores titulares, que arranca con Jordá y continúa con Maximiano Valdés, Matthias Kuntzsch, Miguel Ángel Gómez Martínez, Hans Graf y Gilbert Varga, compartiendo funciones primero con Mario Venzago y, posteriormente, con Christian Mandeal. Tras esta última etapa concelebrada se apostó por la voz única del colombiano Orozco-Estrada (Medellín, 1977), que recuerda sus inicios. “Al llegar en 2009 encuentro una orquesta muy bien organizada. Ideal: musicalmente y en su estructura, tanto organizativa como en la logística, en sus conciertos y en sus abonados. Una orquesta con mucha juventud, por el promedio de edad y por mentalidad. Con muchas expectativas, y en el momento justo de iniciar una nueva vía para acercarse a la música. Con ganas de experimentar otras cosas y seguir creciendo de manera diferente”. En este tiempo, el trabajo de Orozco-Estrada se ha notado en distintos aspectos. “Mi primer paso consistió, comenta, en estar alerta y descubrir en qué momento estaba la orquesta para encontrar la dosis y las herramientas precisas para su crecimiento. Por dar un ejemplo: después de mucho tiempo haciéndolo, mostraba tendencia a las obras de gran formato, importantísimas para una orquesta sinfónica romántica moderna. Pero al mismo tiempo, se requiere cuidar continuamente el resto de la música del repertorio clásico. Y vi que los músicos también concedían a este aspecto una importancia capital. No sólo lo pedían: disfrutaban con ese repertorio más pequeño, un poco de cámara: más refinado; de trabajo más sutil. Como director, manifiestas muchas veces tu interés por esas obras grandes de Mahler o Strauss, que decidí en algunas temporadas sacrificar en alguna medida por otro tipo de repertorio: Mendelssohn, Mozart… Aparte de esto, mi interés se ha centrado en hacer el trabajo con la dedicación, la inteligencia y las ganas que poseo, y en buscar una manera de motivar a los músicos para que se entreguen todavía más, disfrutando con lo que hacen cuando están en el escenario. Transmitiendo al público esa emoción que la música tiene per se. Intentando aportarle frescura, emoción. Buscando cómo ponerle un poco más de alma y de espíritu a las interpretaciones. Generando esa ilusión que hace falta muchas veces cuando llevas años y años sentado ahí, instalado en la rutina, tocando día tras día más o menos las mismas obras y con los mismos maestros. En esto, unido a la elección del repertorio, se resume el proceso que me planteé con la orquesta”. (...)

Juan Antonio Llorente.
(Comienzo del artículo publicado en Scherzo nº 274, mayo 2012)

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