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Mucho mejor



Mucho mejor

La segunda temporada bajo responsabilidad de Gerard Mortier, que el Teatro Real presentó el 7 de febrero pasado, supera en interés y en intensidad operística la primera de las suyas, todavía en curso y comentada en su día en SCHERZO. Se trata de una propuesta más equilibrada, que mantiene, como no podía ser de otra forma, las constantes necesarias para que la actividad del teatro se siga planteando desde esa suerte de culto a la personalidad de su director artístico que le ha acompañado en todos sus destinos anteriores —en la rueda de prensa hablaba de “mi programación” sin rubor alguno— pero a la vez con la intención, más que aparente, de conformar a un mayor número de abonados y de público en general.

Tratándose de alguien que no admite la crítica, curado como está en salud para lo que venga, Mortier ha sabido esta vez dejar su impronta y pensar en todo el mundo, veteranos y noveles, aficionados tradicionales y público más inquieto sin traicionarse a sí mismo. Incluso, curiosamente, nadie ha parecido molestarse porque este año no haya ni un solo título del repertorio español mientras vuelven a anunciarse para temporadas próximas los ya sabidos encargos a Elena Mendoza, Mauricio Sotelo y Alberto Posadas o la exhumación de un nuevo Arrieta. Sobre la presencia —mayor— de cantantes españoles, Mortier se refirió en la rueda de prensa a la de Ainhoa Arteta pero desvió una pregunta sobre la elección de repartos como si él no fuera pleno responsable de la misma. Como sí lo es, debiera haberla respondido por mucho que, como a todos, le fatigue el asunto.

Mozart es el gran protagonista de la temporada con montajes de Così fan tutte, Don Giovanni y La flauta mágica —éste dentro del convenio con Rattle y ya no con Salzburgo sino con Baden-Baden. El poder es tema que comparten Boris Godunov —sin demasiado sentido por la cercanía de la última vez que apareció en el teatro—, Macbeth, el programa doble Il prigioniero y Suor Angelica y —afirmó Mortier— también The Perfect American, el estreno de Philip Glass que aquél se trajo de su fugaz aventura neoyorquina, que es lo más atractivo de la temporada y uno de esos espectáculos que sí ayudan verdaderamente a proyectar la imagen exterior del Teatro Real. Un acierto pleno. Las voces —en esa absurda confrontación entre ellas y lo que la ópera tiene de teatro— se concentran como en un gueto en Roberto Devereux —Gruberova— y Pescadores de perlas —Flórez—, ambas en versión de concierto. Il postino de Catán corresponde a la carta blanca que Mortier otorga, y con razón, a Plácido Domingo. Los quince años del Teatro Real se celebran con Moisés y Aarón —Segunda Escuela de Viena, a la que se suma el Wozzeck de Alban Berg— y la presencia del EuropaChorAkademie y la Orquesta de la SWR dirigidos por Cambreling. Esperamos no pecar de nacionalistas de vía estrecha por pensar que resulta curioso ese gasto cuando la Sinfónica de Madrid —un teatro en el que crece la autoestima debiera dar oportunidades así a sus cuerpos estables, coro incluido— ha mejorado espectacularmente su rendimiento esta temporada o la JONDE y la JONC acaban de sacar en DVD, con DG, unos admirables Gurrelieder. Igualmente se importan la orquesta y coro Balthasar-Neuman para hacer Parsifal —el título que estaba previsto en el acuerdo con Salzburgo antes de la marcha de Rattle y los berlineses a Baden-Baden— con instrumentos originales en versión de concierto. Riccardo Muti, por su parte, exige otra vez para su proyecto con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini una obra de Mercadante —La rappresaglia—, como si este viaje Nápoles-Madrid sólo tuviera billete de ida.

No hay espacio para entrar pormenorizadamente en la nómina de directores musicales y de escena —les remitimos a nuestro próximo dosier dedicado a las temporadas de ópera— pero sí hay que destacar cómo el presidente del Patronato, Gregorio Marañón, afirmó en la presentación de la temporada que las cuentas del Teatro Real están saneadas a pesar de la crisis y relacionó excelencia en lo artístico con rigor en lo económico. Esperemos que los tiempos no desmientan el pronóstico. Por otra parte, está claro que no hay voluntad de recuperar producciones propias y tampoco las razones para no hacerlo —curiosamente ahorrar, según Mortier— se explicaron con claridad en la presentación. Sería interesante saber qué representa en el conjunto del presupuesto de la temporada esa Flauta de Rattle —se hablaba de 7, 5 millones de euros como acuerdo por tres títulos con Salzburgo— o la orquesta y el coro de la SWR o Muti haciendo Mercadante. Una cosa es el arrebato y otra el sentido común. En todo caso, repetimos, enhorabuena al Teatro Real por su próxima temporada.

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