Ud. está aquíInicio /  Marzo 2012 / Entrevista / Andreas Staier

Andreas Staier



Andreas Staier

Tras la aparente introversión o timidez de Andreas Staier se esconde todo un mundo de sabiduría, de búsqueda del conocimiento, de curiosidad. A través de los cristales de sus gafas, Staier mira el mundo y lo analiza. Habla con emoción de aquello que le interesa, pero sin perder la calma. Parece que calibrase cada palabra, igual que con su música en la que nada es casual. Todo está pensado, meditado, trabajado y tal vez por eso suena tan libre.

(...) ¿Cómo elige los instrumentos para los programas que confecciona? ¿Usa el mismo instrumento para grabar o para un concierto? ¿Trabaja siempre con un único constructor?

En la práctica de la vida de un músico hay que hacer siempre muchas concesiones, porque en buena parte de las salas de concierto uno no tiene habitualmente el instrumento que desearía. A veces porque el alquiler es muy caro, otras porque el instrumento adecuado está demasiado lejos. Sin embargo, para las grabaciones intento tener siempre el instrumento que mejor se adapte al programa.

Supongo que la mayor parte de las veces trabaja en copias modernas de los instrumentos originales.

Sí. Alguna de las grabaciones está hecha con instrumentos originales y otras con copias.

Tomemos como ejemplo su última grabación, las Variaciones Diabelli. Están llenas de matices, de colores que el instrumento le ofrece y que usted utiliza sin dudar. El cuidado en el sonido es más que evidente. ¿Tenía ya pensado el instrumento que quería para ello?

En este caso la elección del instrumento fue muy sencilla porque era mío. Es una copia de un instrumento vienés de la época en que fueron escritas las Variaciones. El original se encuentra en el museo de Arnsburg y data de 1825, así que es el instrumento ideal para este repertorio, no sólo cronológica, sino también geográficamente. Está hecho por uno de los mejores constructores de nuestro tiempo. Es un instrumento maravilloso. (...)

Volviendo a su grabación sobre las Variaciones Diabelli, ¿cómo la preparó? Cada obra tiene al final una personalidad propia, el sonido está muy cuidado, así como toda la gama de matices y los colores que usted consigue sacar del instrumento. ¿Cuánto tiempo dedicó a este disco?

Las Variaciones Diabelli me han acompañado durante un muy largo periodo. Como las Variaciones Goldberg que toqué en tantos lugares a lo largo de tantos años antes de decidirme a grabarlas. Estas dos obras son dos monumentos tales que uno debe llevarlas consigo, cargar con ellas durante un tiempo para conocerlas en profundidad, para acostumbrarse a ellas. Puede que la primera vez que ofrecí las Diabelli en concierto fuera hace unos doce años. No es que las haya estado tocando hasta ahora constantemente, pero estaban ahí. Para mí estas dos obras son en ciertos aspectos la culminación del arte de la composición para instrumentos de teclado. Ambas son un reto, porque al ser ciclos de variaciones están compuestos de pequeñas obras cortas —sobre todo en Beethoven, algunas de ellas llegan a durar tan sólo veinte o treinta segundos— con un importante componente de arquitectura que construye cada una de las obras en su totalidad. Tener una visión completa del todo lleva un tiempo. Para mí las Variaciones Diabelli son especialmente atractivas porque me gusta su música; me parece que Beethoven es el primer compositor que edifica un ciclo de variaciones a partir de un tema que no voy a decir que sea simple o estúpido, pero sí es un tema del que él se ríe; de alguna manera lo destruye. Tiene una actitud polémica hacia el tema, y eso creo que es algo único. Las dos cualidades confluyen: es una obra profunda y a la vez muy divertida. Sucede lo mismo con las Variaciones Goldberg: hay momentos muy divertidos, muy ligeros, pero el todo es de una gran profundidad. La música puede ser seria y desenfadada al mismo tiempo y eso es algo que me parece fantástico.

¿Y el resto de compositores que escribieron también su variación para Diabelli?

Diabelli escribió un pequeño vals y lo envió a varios compositores y virtuosos para que cada uno de ellos escribiera una variación que después se publicaría. Finalmente publicó cincuenta de ellas, de cincuenta compositores, y me planteé si debía grabar todas esas variaciones. Lo cierto es que Diabelli recogió también lo que habían escrito algunos aficionados y algunas de las variaciones son música bastante mala. No dejan de ser interesantes para un músico, sobre todo al ponerlas al lado del ciclo de Beethoven, con sus treinta y tres variaciones sobre un mismo vals. Es muy interesante comparar, ver qué ideas tenía cada compositor. Como le digo, finalmente abandoné la idea de grabar todas las cincuenta, porque algunas eran realmente malas. La duración del ciclo de Beethoven dejaba espacio en el disco para poder hacer una elección representativa de los otros compositores. Algunas de las composiciones son excelentes y uno descubre que varios de ellos tenían, sorprendentemente, ideas muy similares acerca de lo que hacer y de la manera de escribir una variación. Así que me decidí a preparar un pequeño ramillete que mostrara esa, valga la redundancia, variedad. Beethoven ilustraba el resto de obras, y éstas ilustraban las variaciones de Beethoven. Me llamó también la atención que muchos de estos compositores fueran también pianistas virtuosos, y por tanto escribieron sus variaciones en el estilo virtuoso. Sin embargo, hay una de ellas que es increíblemente simple y conmovedora, escrita por Schubert. Entre las demás, resulta una pieza única. Si se compara esta pequeña variación con el resto de la producción pianística de Schubert, uno se dice que no está mal, pero que debió de componerla en veinte minutos para enviarla rápidamente por correo; no le costó un gran esfuerzo. Y sí, no es una gran obra de Schubert, pero demuestra claramente la independencia de su mente como músico frente al resto de compositores de su tiempo. Esa pequeña variación, sencilla como es, se aleja de todas las demás, de la mayor parte de las de Beethoven. Ilustra a la perfección la independencia de criterio de Schubert, más aún si pensamos que uno vivía a la vuelta de la esquina del otro. ¿Cómo se puede desarrollar una independencia tal si un hombre genial que vive a tu lado ya lo ha hecho todo?. (...)

Catalina García.
Fotos: Josep Molina/Harmonia Mundi.

(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 272, marzo 2012.)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter