Ud. está aquíInicio / Abril 2012 / Con nombre propio / Antony

Antony



Antony

Cantante, compositor, artista visual de postín y último heredero de la vanguardia neoyorquina en su refundación warholiana, Antony Hegarty lleva años vendiendo cantidades más que respetables de discos nacidos con aparente vocación de oscuridad (el nombre de su sello americano, Secretly Canadian, refleja con ironía tal vez involuntaria ese secretismo que lleva 30 años siendo parte integral de lo que aún llamamos música independiente). La razón principal es que ofrece algo que el pop con aspiraciones de arte mayor hace tiempo que ignora: canciones. Y no cualquier cosa, sino miniaturas intensas de aguda invención melódica y estilo incalificable que navegan entre el music hall, el cabaret, la música contemporánea y esas canciones populares inglesas llenas de espectros y doncellas moribundas.

Antony and the Johnsons, su primer disco con una banda de formación variable que junta músicos de formación clásica como la chelista Julia Kent con veteranos del rock alternativo como el batería Parker Kindred, vio la luz en 1998 en Durtro, el sello de David Tibet, figura capital del underground británico y factótum de los muy psicodélicos Current 93. Lou Reed, siempre atento a la aparición de espíritus afines, reparó en la singularidad de su pop de cámara y le invitó a cantar en The Raven (2003), una colección de adaptaciones musicales de cuentos y poemas de Poe. I Am a Bird Now no llegó hasta siete años después, pero, más allá de un nuevo fervor soul, es esencialmente una vuelta de tuerca más al estilismo barroco y a ratos siniestro de su predecesor. “Hay un fantasma en el horizonte/cuando me vaya a la cama/¿Cómo voy a dormir?/¿Cómo va a descansar mi cabeza?” canta en I Hope There’s Someone, una muestra más del talento de Hegarty para pergeñar canciones emocionantes y vestirlas con perversa mesura, pero también de una ausencia de humor tan absoluta que llega a molestar. Esta vez, ayudado por una distribución en condiciones y su aparición en un par de bandas sonoras, se coló en el Top 20 británico y ganó un premio Mercury. Desde entonces ha grabado dos más con los Johnsons (The Crying Light, quizás mejor acabado; Swanlight, más ambicioso) que añaden arreglos cada vez más cercanos a la música clásica y una orquesta de cámara al completo sin alterar demasiado la fórmula.

Antony Hegarty ha escrito buena parte de las canciones que se escuchan The Life and Death of Marina Abramovic, una pieza dramática con música y performances dirigida por Robert Wilson e inspirada por la peculiar artista serbia. Es fácil ver el proyecto como el último paso en esta extraña transformación de la drag queen de la modernez exquisita en uno de esos artistas “serios” que ya nos hemos acostumbrado a ver en auditorios y teatros en vez de las salas de conciertos donde algunos los preferiríamos. Por supuesto el caso de Hegarty tiene truco. Él nunca dudó de su naturaleza de artista ni ha tenido que abandonar pretendidos principios rockistas en una de esas renuncias que a veces pasan factura.

Jaime Suñén

Foto: Antony en The life and death of Marina Abramovic, en el Festival de Manchester. © Lucy Jansch

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter