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De orquestas, zarzuelas y nacionalismo.



De orquestas, zarzuelas y nacionalismo.

Como cada año al empezar la temporada, SCHERZO dedica su dosier de septiembre a la programación de las orquestas españolas. Una programación hecha en tiempo de crisis y para tiempo de crisis, pues no parece que la salida vaya a ser fácil. Hasta tal punto la cosa está difícil que en alguna orquesta se ha incidido en la necesidad de ofrecer obras de dominio público, cuyas ediciones no generen derechos para así abaratar costes, lo cual rompe de algún modo el equilibrio entre creación y ejecución, la normal relación del público con su tiempo y, digamos, el inmediato anterior. Es verdad, por otra parte, que tocar Haydn o Mozart es enormemente beneficioso para el crecimiento de una orquesta y que hay que hacer de la necesidad virtud pero también en el esfuerzo de todos, en la asunción de la difícil realidad por creadores y programadores debe haber un punto de encuentro frente a los malos tiempos.

Unas cuantas orquestas españolas entrarán en la próxima temporada con cambios a la vista. Destaca con luz propia la designación de nuevo director titular de la ONE, pues Josep Pons comienza el último trecho a su frente. La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias deberá designar igualmente al sucesor de Max Valdés. La Sinfónica de Tenerife sigue a la búsqueda de quien haga lo propio con Lu Jia. La Sinfónica de Castilla y León habrá de resolver el inesperado problema de que se le vaya el joven y brillante Lionel Bringuier. Y en Córdoba también parece que se despide Hernández Silva, una de las sorpresas de las últimas temporadas. Mientras, la Sinfónica de Euskadi ha renovado a Andrés Orozco-Estrada y la Sinfónica de Galicia deberá ir pensando en el maestro que sustituya a Víctor Pablo Pérez, quien en la temporada 2013-2014 se hará cargo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Por cierto, con Pérez se abre una hipótesis muy interesante dada su próxima condición de titular de la orquesta que actúa en el foso del Teatro de la Zarzuela. ¿Será también el director musical del teatro cuando tome posesión de la ORCAM? El contrato de Cristóbal Soler —al que se suma la curiosa situación de Miguel Roa— caduca el próximo mes de octubre, es decir, cuando Paolo Pinamonti tome posesión como director del coliseo de la calle Jovellanos. ¿Podría, pues, darse la circunstancia de que Víctor Pablo Pérez fuera titular de La Zarzuela primero y de la ORCAM después? En todo caso, un maestro como él al frente de un foso histórico sería darle al teatro un empujón definitivo en ese aspecto, convertirlo de verdad, en lo musical, en lo que siempre hemos deseado los aficionados y las gentes del oficio.

Por cierto, no parece demasiado limpio atacar a Paolo Pinamonti como futuro director de La Zarzuela porque no es español. Gestionar un teatro como el de La Zarzuela no significa solamente conocer el género con compulsión erudita. Ya ha anunciado además su nuevo responsable que quiere dar a conocer títulos fuera del repertorio, abrir los ojos a obras que no merecen el olvido. Por la misma razón nacional, Luis Rojas Marcos no hubiera sido responsable de los servicios de psiquiatría de la ciudad de Nueva York, ni Vicente Todolí director de la Tate Gallery, ni Àlex Rigola de la Bienal de Teatro de Venecia. ¿Qué nos hubiera parecido que a Juanjo Mena se le hubiera puesto la proa en Manchester por no ser británico? Pinamonti tiene el mismo derecho, es decir todo, que tuvo Gerard Mortier para ser director artístico del Teatro Real y, como en su caso, cualquier crítica por el mero hecho de no ser español es poco decente. Por cierto, y hablando de Mortier, no entendemos por qué considera a SCHERZO públicamente —en la radio, por ejemplo— como un medio que le detracta y que malinterpreta sus palabras. Si lo que le gusta es la adhesión incondicional, la hallará en otras páginas, aquí preferimos la crítica, constructiva y argumentada siempre. Sus palabras fueron las que fueron —grabadas están ambas ocasiones— en la entrevista que nos concedió y en la rueda de prensa de presentación de la temporada del Real. Y nuestro comentario editorial referido a esta última no pudo ser más respetuoso. En fin, que si el nacionalismo suele ser mal consejero y en el arte es simplemente empobrecedor, el provincianismo vestido de sumisión no lo es menos. Y también lo tenemos ahí al lado.

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