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Brotes verdes para el disco clásico



Brotes verdes para el disco clásico

En medio de la batalla económica, de la voracidad de los mercados, de que no se sabe qué será de nosotros dentro de un rato, aparece una noticia sin importancia aparente pero que a algunos nos reconforta la congoja de ánimo siquiera un ápice: el mercado del disco clásico crece. Según los datos que recoge el informe SoundScan’s hecho público por la consultora Nielsen, las ventas de clásico, ventas físicas, de discos tangibles, con su cajita y su libreto, han aumentado en el primer semestre de 2011 con respecto al mismo periodo del año anterior en un 13%, lo que supone unas ventas totales de casi cuatro millones de ejemplares. Eso supone muy poco —sólo el 2,4 % en el total del mercado— pero es, de entrada, un aumento y, además, un cierto desmentido al temor repetidamente manifestado por todos nosotros de que la descarga y el streaming desbancarían por completo a la venta física. Ese “por completo” es lo que las cifras de Nielsen ponen a cubierto de los más negros presagios que, al menos, se aclaran un poco o se convierten en esos brotes verdes que para el resto de la economía parecen no advertirse por ningún lado.

La suma para obtener esos aparentemente buenos resultados llega de un cierto sentido común por parte de todos, de los que le vieron las orejas al lobo y de los que sabían que era importante no crecer por encima de sus posibilidades. Las grandes multinacionales con sellos clásicos —Universal, Sony o EMI, por ejemplo— tratan de equilibrar el aprovechamiento de sus fondos —incluyendo la limpieza de almacenes— con la apuesta por nuevos valores que suponen un cierto riesgo en lo artístico pero no necesariamente en unas ventas inmediatas que, como demuestran las cifras, han funcionado. De otra parte, los pequeños sellos, que enarbolan la bandera de la originalidad y el descubrimiento de artistas y repertorio y que se han beneficiado de unos distribuidores que han creído en su oferta y cuyos nombres conoce cualquier aficionado: Diverdi en España, Naxos en el mundo entero y Harmonia Mundi aquí y allá. Curiosamente estos distribuidores citados —Diverdi ocasionalmente— son también productores, lo que hace que conozcan el mercado en profundidad, desde la idea hasta su puesta en venta, es decir, el pleno espectro para cualquier empresa que se precie.

Otro argumento para empezar a creer que el aumento de ventas tiene sentido es la proliferación de orquestas con sello discográfico propio. Los primeros intentos protagonizados hace ya muchos años por la Royal Philharmonic alcanzan hoy a orquestas de todo el mundo, con un muy especial plus de calidad en sus productos para la Sinfónica de San Francisco, Filarmónica y Sinfónica de Londres y Real Orquesta del Concertgebouw… formaciones que fueron estratégicas en los planes de las grandes multinacionales y ahora dúctiles artistas en los estudios de grabación al mando de sí mismas y no cerradas a la colaboración con aquéllas. Además, algunas de ellas han comprobado cómo el servicio a la comunidad es un plus socialmente necesario e igualmente rentable, como lo demuestra el proyecto Keeping Score de la Sinfónica de San Francisco, probablemente el mejor trabajo pedagógico —y dicho sea ello en el sentido más amplio— que ofrece hoy cualquiera de las grandes orquestas del mundo.

Y como las orquestas, los teatros de ópera, los intérpretes, los compositores —Philip Glass y su Orange Music Mountain—, las salas de conciertos y hasta los fabricantes de pianos —Steinway— han creado sus sellos o sus empresas asociadas con otras de mayor tamaño. Ello ha hecho que crezca esa oferta sin la que no puede haber demanda, que el aficionado siga sintiéndose tentado y que no todo sea sota, caballo y rey. Y todo ello en un contexto cambiante, en el que la venta en la red crece mientras el punto de venta físico estrecha su espacio y sus posibilidades. En ese sentido, la aparición de amazon.es puede ser un acicate para espolear la imaginación de editores, libreros y vendedores de discos y una posibilidad de ampliar mercado —por ahora, además, sólo referido al producto físico— para todos, incluidos los que al verse en compañía del nuevo huésped decidan apostar más fuerte que antes y demostrar a su comprador potencial que siguen y seguirán ahí, compitiendo y hasta ganando. El camino que va del producto al mercado ya no es único. Es todo más complejo aunque parezca más fácil.

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