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Patricia Petibon



Patricia Petibon

Tranquila y apasionada puede que sean dos adjetivos que describan a Patricia Petibon, pero no son suficientes. Es también concienzuda, imaginativa, comprometida. Un ejemplo de ello es esta misma entrevista, prevista a última hora de un largo día de promoción; cuando hablamos con ella nos pide retrasarla unos días más para poderse dedicar a nosotros plenamente porque está agotada. Un regalo. La soprano francesa está a punto de ofrecer en Madrid tres conciertos dentro de la temporada de la Orquesta Nacional. De la mano de Josep Pons presentará su nuevo disco que, bajo el título de Melancolía, se inspira directamente en Victoria de los Ángeles. Pero además sale estos días al mercado la Lulú del Liceu de Barcelona, esta vez en formato DVD. Un personaje que ha cambiado su vida y su voz y del que no puede dejar de hablar a lo largo de la conversación.

 

(...) Y después de este recorrido, ¿cómo llega a su vida Josep Pons?

Yo quería grabar un disco con música española y empezamos a repasar directores, porque nos parecía que el maestro debía ser español, y nos decidimos por él por su experiencia y, para mí, era especial el hecho de que hubiera conocido a Victoria de los Ángeles. Me interesaba especialmente ese repertorio que ella cantaba y que descubrí gracias a ella. Me gusta muchísimo España, su música y sus tradiciones, y me dije, por qué no trabajar con Josep Pons que conoce bien este repertorio.

¿Y el repertorio lo eligió con él?

Hablamos de ello. Le expuse mis ideas y lo que quería hacer en un momento, además, en el que estaba un poco perdida. Buscaba repertorio concreto, no quería un disco exclusivamente de zarzuela. Ya había hecho una con Placido Domingo y me animé a profundizar más en la música española, pero no quería grabar sólo ese género. Quería hacer un recorrido que saliera de España y llegase a América del Sur, buscaba contrastes, dialectos, ritmos diferentes. Finalmente la elección del repertorio se concentró en torno al aria de Salud, en La vida breve, porque para mí es una mezcla perfecta entre la música clásica y la popular. Falla es para mí un compositor ineludible que supo integrar y dar importancia a la música popular. Junto con García Lorca, fue el primero en organizar un concurso de cante jondo, por ejemplo. Volviendo al disco, tenía claro que quería partir de ese personaje por ser
el que mejor trata la melancolía, que es el título del álbum. Una melancolía que va de la alegría a la tragedia, un sentimiento, en definitiva, muy teatral; una especie de balanza de la vida que según se incline hacia un lado o hacia otro nos lleva de la tristeza y la desesperación al contento y la alegría. El personaje de Salud, atacada, traicionada por el hombre que ama, una mujer que cae y va hacia la muerte; ese aria que es el instante mismo de la muerte me hizo articular el disco en torno a la melancolía.

Usted se ha inspirado en Victoria de los Ángeles para este disco. ¿Cómo evita la imitación? ¿Cómo hace para que su interpretación sea propia y no copiada?

Hay que olvidarse de ellas en un cierto sentido. No desaparecen, en cualquier caso, las olvidamos y no las olvidamos. Hay que buscar en uno mismo una fuente y creo que eso es la música española, buscar la verdad que uno lleva dentro. Cuando hay que decir algo, como en La maja dolorosa, por ejemplo, hay que buscar en el interior, sacar esa verdad que después incide en el color de la voz. Hay una canción que se llama Adiós Granada, que también cantaba Victoria, para la que llamé a un guitarrista flamenco. Pero a la hora de interpretarla no quise imitar una cantaora flamenca, la hice desde mi sensibilidad. En este disco hay algo que habla también de la unión entre España y Francia. Todos los compositores de la grabación vivieron en Francia. Muchos compositores franceses se inspiraron en España y viceversa. Falla, por ejemplo, para su Salud, se inspira enormemente en Debussy. Vino a Francia para aprender no sólo composición, sino para conocer el origen, para completar su formación con Ravel, con Dukas y eso se escucha en su música, llena de influencias y siempre en torno a ese eje que es la música popular. Hace mucho que quería hacer un disco de música española. Ya mi profesora, Rachel Yakar, me enseñó a amarla y desde entonces en prácticamente todos mis recitales hay una parte de esta música. También en el disco está presente ese matrimonio entre Francia y España del que hablaba antes: le pedí a Nicolas Bacri, un compositor francés, que me escribiera unas canciones inspiradas en España y ahí están esas Canciones de la melancolía. Era también un contraste contemporáneo al resto de obras del pasado que componen el álbum y me gustaba la idea de que Bacri fuese francés, puesto que yo también lo soy.

Y en este mundo tan español y tan cerrado de la zarzuela, en el que para nosotros es muy poco habitual escuchar un cantante extranjero, ¿se ha sentido aceptada?

No es fácil cantar zarzuela o música española. Puedo asegurarle que este disco ha resultado más difícil que uno con repertorio barroco. Vocalmente la exigencia es enorme. Por ejemplo, en el aria de Salud cuando empiezo a cantar siento que llega de repente esa ola de música popular que me envuelve, pero en la parte central el canto se vuelve más pucciniano… Es complicado. Hay que usar la voz siendo también consciente del idioma, pero eso pasa siempre. En cualquier caso, me resulta técnicamente mucho más complicado que un aria de Haendel.

¿Siente miedo o curiosidad por saber cómo aceptará el público español su interpretación de estas canciones?

No sabría decirle. No se puede tener constantemente miedo. Mi intención es presentarme con mi naturalidad y con honestidad y veremos lo que pasa. No pretendo pasar por española. Llego a esta música desde mi sensibilidad, desde mi manera de verla o de entenderla. Como le decía antes, no he querido imitar a una cantante flamenca en ciertas canciones, sino interpretarlas desde mi punto de
vista. La imitación no me interesa, sino conocer el repertorio, interpretarlo, darle color. Me hace también mucha ilusión dar a conocer las canciones de Bacri que son muy bonitas.

¿Hacía dónde evoluciona su voz?

Ha cambiado mucho. No es la misma del principio. Los distintos componentes han madurado con los años y se han desarrollado. Es evidente para mí que en mi voz está ese antes y después de Lulú del que hablábamos antes. De todos modos, cuanto se canta ópera lo que nos hace progresar es el reto que supone la escena, con la orquesta en el foso, el vestuario, ahí es donde se aprende mucho sobre la resistencia física y mental, y después eso se aplica al recital. Creo que la voz se está haciendo más lírica, algo más pesada. El año que viene hago Nana, Susana y también Gilda, así que me voy inclinando poco a poco hacia el bel canto. Mi voz es muy extensa, con sobreagudos, pero ha ganado en cuerpo y va yendo hacia personajes como Manon que utilizan toda la voz. Como algunos papeles mozartianos también, personajes que atraviesan todo el cuerpo.

Usted dice siempre que es importante saber esperar. ¿Es ese el secreto de su éxito?

No lo sé. El éxito es algo efímero. Puede que para mí el éxito quiera decir que todo va bien y mi voz no se ha roto. Algo fundamental para un cantante, saber conservar y cuidar esa parte de sí mismo que, finalmente, es su alma. Puede que sí, que haya algo en mi temperamento que me haga necesitar esa espera. No me suelo precipitar en nada, soy una persona bastante tranquila, reflexiva. Eso no quiere decir que cuando me suba a un escenario no me lance y lo dé todo, pero creo que tengo una forma intuitiva de aceptar la vida, de pensar que si una puerta no se me ha abierto es porque no tenía que hacerlo. No lucho contra aquello que finalmente no vale la pena.

Catalina García
(Introducción y final de la entrevista publicada en Scherzo nº 267, octubre de 2011)

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