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Riccardo Chailly



Riccardo Chailly

Riccardo Chailly, luego de su fructífera etapa en Ámsterdam, está desarrollando, desde septiembre de 2005, una notable actividad como titular de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. Sus acercamientos a Mendelssohn o Bach han llamado la atención de la crítica. Ahora plantea un nuevo ciclo Beethoven que aparece estos días en disco (Decca) tras haber sido escuchado en concierto en varias ciudades europeas. La intensa frecuentación de Beethoven y su obra sinfónica marca una línea tradicional en la Orquesta de la Gewandhaus. Los músicos lipsienses fueron los primeros que interpretaron el ciclo sinfónico de Beethoven en vida de éste y anteriormente lo habían grabado con Franz Konwitschny y Kurt Masur.

Maestro Chailly, ¿cómo son sus sinfonías de Beethoven?

Durante los conciertos, mis interpretaciones produjeron, al comienzo, una suerte de impacto. La orquesta misma mostró al principio cierta irritación por mi manera de entender a Beethoven. Con el paso del tiempo todo fue cambiando y se llegó a la… sorpresa ante mi concepto. Leipzig está óptimamente familiarizada con Beethoven. Las ejecuciones de su obra han sido constantes y el público de la vieja y la nueva Gewandhaus las ha deseado siempre. Para mí es más que agradable la tarea de incorporarme a una línea donde figuran leyendas como Felix Mendelssohn, Carl Reinecke, Arthur Nikisch, Wilhelm Furtwängler, Bruno Walter o Hermann Abendroth…

…sin olvidar a Franz Konwitschny, a Kurt Masur y a su inmediato antecesor en el cargo de director titular, Herbert Blomstedt, que dirigió el ciclo muchas veces…

…y con ello hacer comprensible qué inmenso espectro de interpretaciones se pueden descubrir con esta fantástica orquesta.

Por ejemplo, ofrecer la Novena Sinfonía al comienzo de cada año es una tradición que se remonta a Arthur Nikisch…

Correcto. Y créame usted: cada director en Leipzig ha tenido su propia versión de la Novena. En mi caso, cada año, cuando dirijo la Novena, me parece percibir una nueva sonoridad. Se descubren cada vez nuevos detalles en esta obra tan compleja. Para nosotros, la Novena es un punto de partida y un punto de llegada en nuestra tarea durante un ciclo, por así decir, tan opulento.

La grabación de las sinfonías, el ciclo en Leipzig e, inmediatamente antes de su aparición en disco, una gira por siete ciudades europeas, entre ellas Viena, París y Londres…, una auténtica maratón…

Hemos grabado las sinfonías después de trabajarlas durante tres temporadas y media. Y luego ha habido, es verdad, una gira con las sinfonías por siete ciudades europeas. La gira ha sido un éxito. Usted sabe que los públicos de esas ciudades están muy habituados a ese repertorio. Tanto en la Musikverein, en la Salle Pleyel o en el Barbican Center han actuado todas las grandes orquestas del mundo. Eso quiere decir que en esas salas hay que trabajar con una concentración absoluta y, en particular, desdeñando cualquier rutina. Hay que darlo todo. Creo que hemos conseguido el apoyo de esos públicos a nuestras ideas mientras seguimos poniendo a prueba nuestro repertorio, llevándolo en la sangre.

La interpretación de Beethoven, desde los comienzos de la historia de la dirección orquestal, forma un ancho e inagotable espectro. Como ningún otro cosmos sinfónico, la obra beethoveniana da lugar a tantas exégesis distintas…

Como compositor, Beethoven estaba siempre en movimiento. Por eso la recepción de sus sinfonías es tan diversa según directores y orquestas. Beethoven fue un compositor moderno, un genio inaprensible con un lenguaje sonoro original. Siempre digo que cuanto mayor es un músico más grande es el campo interpretativo que ofrece la lectura de sus obras. Y esto también significa que debemos soportar las desmesuras y los excesos de algunos de sus intérpretes. Las sinfonías de Beethoven podrán seguir siendo interpretadas a menudo hasta que, finalmente, no tengan nada que ver con la realidad de sus partituras. Y es que los directores siempre han preferido la tradición a la exploración de nuevos senderos. Pero el mejor camino para llegar a la música de Beethoven siempre son sus notas. En las partituras todo está muy precisamente indicado. Aunque suene a paradoja, diré que, como director, hay que tener, simplemente, el coraje de llevar a efecto lo que está en las notas. Beethoven desafía exactamente esa audacia. Y si ésta, al fin, surge, con frecuencia podremos alcanzar unos resultados artísticos esplendorosos. Simplemente hay que confiar en un compositor
como él.

¿Cuáles son los acentos esenciales de sus versiones?

Para mí fue decisivo seguir las anotaciones etronómicas auténticas y originales del mismo Beethoven. En cierta parte del público eso produjo un choque. Beethoven amaba sobrepasar los límites. Amaba el fuego. En lo que respecta a los tempi, a veces proponía cosas imposibles de ejecutar. Naturalmente, son grandes desafíos para cualquier orquesta. La elección de las velocidades tiene important es consecuencias en la concepción de la obra como un todo. Ello implica una serie de peligros. Significa que hay que tocar con perfección técnica para ser absolutamente fieles al estilo del compositor. En este sentido, me he podido abandonar plenamente a la Orquesta de la Gewandhaus. (...)

Martin Hoffmeister
Traducción: Blas Matamoro

(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 268, noviembre de 2011)

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