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Josep Pons



Josep Pons

Josep Pons está terminando su penúltima temporada al frente de la Orquesta Nacional de España. Cuando finalice la próxima habrá sido titular durante nueve años y protagonizado el cambio más importante emprendido por la formación a lo largo de su historia. En esta entrevista Pons hace un resumen de este tiempo y mira también al futuro de la que todavía es su orquesta y al suyo propio. Un futuro que remite necesariamente a su esforzado pasado con la ONE pero que se construirá en torno a dos ejes: su nuevo destino en el Gran Teatre del Liceu y la consolidación de su propia carrera internacional. Pons, además, revela algunas de las claves de sus sucesión en la Orquesta Nacional: la más importante, el desglose de la figura del director

Entramos en su última temporada como titular de la ONE. ¿Cómo se va a organizar su sucesión?

Ahora yo soy director titular y artístico, lo seguiré siendo en la 2011-2012 y dejaré programada la 2012-2013. Y a partir de mi marcha se desglosarán los dos cargos, habrá un director artístico y un director titular. Y se convocará un concurso para la dirección artística, una dirección general con, eso, tinte artístico. Es decir, en términos administrativos, que el jefe de la unidad resida en la propia unidad. Tienen que salir las bases de la convocatoria para la dirección artística antes de junio y en septiembre u octubre decidir para que en enero de 2012 esa persona asuma el cargo y hagamos el relevo. Y el director artístico, nombrado con arreglo al código de buenas prácticas, debería, a su vez, nombrar un director titular.

¿Él solo?

Se consultará, se harán las cosas bien, se estudiarán los perfiles que creamos que encajan en lo que la orquesta necesita. Pero el proceso lo liderará ese nuevo director artístico, o directora.

¿Por qué esa figura?

Creo que es bueno disociar director artístico y titular porque permite liberar a éste de funciones que pueden no gustarle o estar mal dotado para ellas, ser un mal gestor o no querer meterse en según qué aspectos, y eso es lo más normal entre mis colegas.

¿La 2012-2013 será como si usted fuera todavía el titular?

No. Estaré sólo cinco o seis semanas. Quizá tengamos un principal director invitado con una presencia más importante esa temporada.

No se puede echar por tierra lo conseguido.

Hay que hacer las cosas bien. Yo soy el primer interesado en que no se venga abajo el trabajo que hemos hecho.

¿No le da miedo la política?

¿Por qué?

Porque hay unas elecciones por medio y quién sabe…

Tiene que haber una transición políticamente estable. Yo fui nombrado por el PP y ni era ni soy del PP y ellos me pidieron textualmente un proyecto renovador a través de Andrés Amorós, que era el director general. E insistió mucho en eso, sabiendo muy bien lo que querían. No, no nos puede afectar una posible alternancia. Me he peleado con la Administración muchas veces, de un color o de otro.

¿En qué clase de director piensa como su posible sustituto?

Pura hipótesis, que conste.

Consta.

Yo diría que hay tres posibles perfiles. Uno, el director experimentado, con una carrera hecha, que ha sido titular en proyectos importantes y sabe bien de qué va este tinglado. Otro, el director joven, de gran talento, que puede aportar energía extra porque quiere llegar arriba y hará de la orquesta su segunda piel para subir juntos. Eso significa proyección de futuro y, por tanto, una apuesta más difícil. Y luego está el director experto en determinados modos de hacer, por ejemplo los especializados en instrumentos originales que, como Roger Norrington en la Orquesta de la Radio de Stuttgart o Thomas Hengelbrock en la de la Radio de Hamburgo, te aseguran la construcción de un repertorio clásico y romántico “en estilo”. Esta es la opción que la gente encuentra más, digamos, marciana, pero hay que estudiarla también porque puede significar entusiasmo y renovación. A ninguna de las orquestas que han tomado esta vía les ha ido mal. No soy yo quien lo va a decidir, insisto. Supongo que me consultarán y la mía será una opinión más.

¿Pero cuál prefiere usted?

Cada perfil tiene sus ventajas y sus pegas.

¿Debe ser español el nuevo titular?

Yo no lo decidiré pero creo que este mundo está muy internacionalizado. Si lo es, estupendo. Si no lo es, no pasa nada.

Luis Suñén
(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 263, mayo de 2011)

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