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Juanjo Mena



Juanjo Mena

Juanjo Mena vive en un paraíso o, si no se quiere ir tan lejos, en un sitio estupendo: un fantástico caserío de Legutiano, a tiro de piedra de la Vitoria en la que nació en 1965. En su jardín habla para SCHERZO sin más música que la de los pájaros ni más amenaza que la del algún abejorro zumbón propio del buen tiempo. Mezclando la necesaria dosis de autoestima con un muy cálido punto de autocrítica, Mena repasa su pasado —la Sinfónica de Bilbao— y vive su presente —titular de la Filarmónica de la BBC y primer invitado de la Filarmónica de Bergen—, pensando —¿quizá soñando?— en un futuro norteamericano en el que ya ha dado sus primeros pasos. No le dio ningún miedo la Sinfónica de Chicago la primera vez, pero cree que todavía debe ahondar más en el repertorio clásico. Y se llevará a toda la familia a su debut en los Proms porque lo primero es lo primero.

(...) ¿Cómo surge la posibilidad de ir a la Filarmónica de la BBC?

Richard Wigley, el mánager de la orquesta, fue a Bergen a escucharnos la Novena de Schubert y Rendering de Berio, y me invitaron a hacer un concierto en estudio con Images de Debussy, que no es precisamente lo mejor para debutar con una orquesta. Pero funcionó. “Noseda se va —me dijo— y buscamos titular, ¿te interesaría?”. Lo que más me impresionó del proceso fue la enorme profesionalidad de esta gente. Me fueron probando con diferentes programas en estudio, a ver cómo hacía Haydn, Schumann, Chaikovski, otra vez con El príncipe de madera, con conciertos emitidos en directo por la radio. Ese Príncipe fue lo que les decidió. El primer contacto fue en 2008 y en dos años decidieron que yo podía ser su titular.

Es una orquesta que ha mejorado muchísimo en los últimos tiempos…

La época de Tortelier fue fundamental, por el repertorio. Y luego Noseda, por el excelente trabajo sonoro. Me encanta la profesionalidad del proyecto, el ritmo de trabajo. Antes de firmar vinieron a verme aquí, a Legutiano, para que habláramos, antes de nada, de programación. Se alojaron en una casa rural, me preguntaron si me gustaba andar y si conocía estos montes y si me importaba hablar mientras caminábamos. Así que eso hicimos por el Parque Nacional del Gorbea, parándonos a coger setas y comiendo en un caserío. A media tarde nos fuimos a descansar y a las siete estaba todo planificado y plasmado por escrito. Yo eso no lo he visto jamás. ¡Antes de hablar de números y de hablar de nada! Me apasiona esa forma de trabajar y sé que voy a aprender una barbaridad, que me voy a enriquecer personalmente muchísimo.

Es, además, una orquesta que graba discos…

Claro, eso viene unido con el proyecto con Chandos. Cuando hicimos con Naxos el primer contrato con la Sinfónica de Bilbao yo sabía que era pronto para grabar, pero que eso era importantísimo para que la orquesta mejorara, escuchar a ese productor que te dice que no vamos juntos y que verdaderamente no lo estamos al otro lado del micrófono. Ahora es el momento en el que creo que tengo más cosas que decir, como en la próxima grabación con Bergen, la Turangalila de Messiaen para el sello Hyperion.

En aquellos discos de Naxos estaba Guridi y lo estuvo también en su primer concierto con la Filarmónica de la BBC. ¿Lo grabará con ellos?

Con el tiempo llegará el disco de Guridi y otras cosas que hay por hacer con la música española y, especialmente, con la vasca. El interés de Chandos es grande porque la música española es escasa en su catálogo. Grabaremos Falla, Turina, Montsalvatge, y también repertorio con las sinfonías de Schubert y música de Weber. El disco con música de Pierné ha tenido muy buena acogida: querían algo con temas vascos y Ramuntcho iba perfecto, es una muestra de folclore muy bien orquestada. Ahora haremos nuestro primer Falla: las Noches con Jean-Efllam Bavouzet de solista y El sombrero con Raquel Lojendio cantando las coplas. Quizá sea un poquito pronto, me hubiera gustado rodarlo un poco más pero las cosas vienen así y yo conozco muy bien la obra. La aprendí —comprendí, más bien— con la compañía de ballet flamenco de Antonio Márquez en una gira por Italia: todo un mes con el Sombrero. Fue entonces cuando aprendí a sentir el peso del tacón sobre el escenario, a verlo como un ballet, con la orquesta en el foso. Hay que hacer ese Falla más vertical, a veces se entiende lo jondo como muy horizontal. Yo les digo a los norteamericanos o a los ingleses que ese taconeo no es Fred Astaire, que tiene un peso y una hondura, todo lo que el bailaor lleva dentro.

A los ingleses siempre les gustó Arriaga, recuerde las grabaciones de Mackerras o del Cuarteto Razumovski.

Yo creo que con el tiempo lo grabaremos, aunque todavía necesitamos mejorar en el repertorio clásico y barroco. Allá tienen grandes especialistas y grandes orquestas con criterios historicistas. Y como los conocen, como son o han sido colegas, los cuestionan mucho. En España tengo muy buena relación con la Real Filharmonía de Galicia y hemos hecho juntos un Haydn que nos derretíamos. Me acordaba de la Capilla Peñaflorida con Pepe Rada. Fíjese, aquel gran artista, de una enorme personalidad, que teníamos enfrente —“no le miréis que nos perdemos”, bromeábamos. Pero la libertad con que la música se movía en sus manos indescifrables era enorme. Nos falta todavía esa fluidez en Manchester para que podamos hacer el Arriaga que yo quiero hacer ahora y que es del estilo del que hice con Al Ayre Español en el Teatro Real.

Su primera temporada en Manchester arranca con la Segunda de Mahler.

Siempre he sido más bruckneriano que mahleriano. Quizá porque la estructura formal, las frases, las entiendo mejor desde la estructura armónica. Mahler lo profundicé y desarrollé en Bilbao, haciendo las sinfonías de acuerdo a como pensaba yo que podía entrar en ese mundo. La Segunda la he hecho bastante, la última vez en Indianapolis. La pasada temporada, la Filarmónica de la BBC tuvo un ciclo de las sinfonías de Mahler compartido con la Hallé Orchestra en un proyecto conjunto, que seguramente haremos también en el futuro con Richard Strauss. La próxima temporada queríamos un Mahler para hacerlo conmigo, y elegimos la Segunda porque es una grandiosa sinfonía para abrir temporada y la BBC no la había hecho en ese ciclo. También haremos la Quinta en gira por Alemania.

¿Qué le interesa de Mahler?

Su enorme creatividad, su inmensa capacidad para emocionar, su libertad, producto de muchas ideas relacionadas entre sí, esa especie de no estructura que es en realidad el magma como estructura misma.

Luego Ravel, Falla, Rodrigo con Asier Polo…

Hay que mostrar las credenciales. El Concierto galante de Rodrigo es poco conocido y como orquesta de radio buscamos cosas menos habituales. Lo grabaremos en el futuro. Asier, además, ha estado siempre cerca en mi carrera, con ese espíritu que él tiene para animar a todo el mundo, con esa fuerza que irradia.

La orquesta tiene un compositor en residencia: HK Gruber. ¿Qué le parece esa figura?

Muy interesante, porque va más allá del mero encargo, porque hay una correlación entre la creación y su destinatario, una obra en progreso conjunta. El trabajo con Gruber ha sido muy positivo y él tiene, además, la habilidad de ser un buen director.

Ustedes graban directamente para la radio.

Siempre tenemos el micrófono delante. Hacemos muchos conciertos de estudio que se emiten en directo por la BBC y para un reducido público invitado. Y los músicos lo hacen como si hubiera cinco mil personas delante. Esa exigencia casi diaria es fantástica para mantener una preparación técnica continua. (...)

Luis Suñén
(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 265, julio-agosto de 2011)

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