Ud. está aquíInicio / Enero 2011 / Entrevista / Plácido Domingo

Plácido Domingo



Plácido Domingo

Una escrupulosa encuesta realizada en 2009 por la BBC no tenía dudas sobre la jerarquía tenoril de la historia. Proclamaba a Domingo como el número uno, superando, incluso, el mito de Enrico Caruso y relativizando el duelo con Luciano Pavarotti en la cima del siglo XX. Es cierto que el sondeo no tiene valor científico ni dogmático. También es verdad que la omnipresencia de Domingo condicionaba implícitamente el “concurso”, pero la falta de perspectiva no contradice el aspecto colosal que ha adquirido el “tenor madrileño”. Vienen a cuento las comillas porque delimitan una restricción. Domingo es tenor y es madrileño, pero se le han quedado pequeños, muy pequeños, el sustantivo y el gentilicio. Ha puesto patas arriba el repertorio —134 papeles—, se ha probado como barítono, lleva cuarenta años dirigiendo, se gana la vida como gerente en las óperas de Los Angeles y Washington y se ha convertido en una suerte de cantante o de estrella global. Global es una manera de definir su polifacética naturaleza y su curiosidad insaciable, pero también es un modo de contener la idea de la globalización. Porque Domingo es el cantante de ópera del planeta, el arquetipo, la referencia, el símbolo. De otro modo no se habría garantizado un lugar en Los Simpson. Apareció en la decimonovena temporada. Se le veía en unos vestuarios, charlando amigablemente con Homer. No necesitaba presentación. Cualquier espectador lo reconocería. Plácido Domingo ha sido la banda sonora de muchas vidas. Lo decía el crítico de  La Stampa cuando el “tenor” debutó como “barítono” en la Scala de Milán, a propósito de Simon Boccanegra. Reaparecía el cantante después de habérsele extirpado un pólipo en el colon, así es que los espectadores temían encontrarse una suerte de fantasma.

Plácido Domingo es el gran decatleta del escalafón operístico. No posee los sobreagudos de Juan Diego Flórez, ni su timbre es tan hermoso como el de Giuseppe Di Stefano. Su legato y su fraseo son menos elocuentes que los de Alfredo Kraus y carece de la pujanza squillante que antaño tuvieron Franco Corelli y Mario Del Monaco. No es mejor actor que Jon Vickers ni tiene la facilidad de Lauri-Volpi. Han llegado a reprocharle una emisión demasiado nasal, también se le considera menos dotado para el repertorio wagneriano que Melchior o que René Kollo. Ha habido mejores cantantes que él en el verismo (Gigli) y han podido superarle otros en el estrictamente lírico (Björling). Existen en la historia colegas más carismáticos (Pavarotti). Los hay más exquisitos (Bergonzi). Los ha habido más longevos (Kozlovski) y puede que hayan existido más famosos que Domingo (Caruso); y más atractivos, y más altos, y más esbeltos, y más enérgicos… No siendo el mejor, el decatleta, en una especialidad, tiene que ser el mejor en la suma de todas. Exactamente como le ha sucedido a Plácido Domingo durante su medio siglo de carrera: medalla de oro, número uno.

Se habla mucho de la longevidad de Domingo y del fenómeno que usted representa. Se escriben tesis doctorales, tratados canoros, y hasta libelos de guante blanco, ¿pero cuál es la versión de Domingo sobre la excepcionalidad que usted mismo encarna?

La pasión me ha traído hasta aquí. Se me ha llamado osado. Se me ha dicho muchas veces que no sabía llevar bien mi carrera, pero el hecho es que he ido demostrando que no me equivocaba al dar los pasos necesarios. He sabido qué cantar y cuándo hacerlo, como he sabido renunciar a ciertos papeles que me iban a hacer daño. No me podía permitir, por ejemplo, hacer un Tristán en el teatro y me he atenido a la versión discográfica. Creo que los hechos me dan la razón. Pienso que nunca he perdido la capacidad de sorpresa ni de entusiasmo.

Más aún considerando el trabajo que hay detrás y los obstáculos con que se ha ido encontrando. Empezando por el “instrumento” mismo.

Hay cantantes que abren la boca y cantan naturalmente. Están dotados de una facilidad que atañe también al registro agudo, las notas altas. Yo nunca he tenido esa facilidad. He debido trabajar muchísimo para evolucionar en mi carrera, para variar el repertorio. Quizá no se han percatado de ello quienes piensan que voy de papel en papel con ligereza o superficialidad.

También usted relativiza las horas de vuelo. Dice que no ha cantado tanto. O que los demás cantantes, en realidad, han cantado poco…

Se ha dicho que he cantado mucho y que he pasado muchas horas, demasiadas, en las tablas, pero siempre he tenido el ejemplo de mis padres. Ellos sí que trabajaban. Hacían doble función de zarzuela cada día y dedicaban las horas libres, entre comillas, para preparar las del día siguiente. Eso sí que era trabajar. Lo mío ha sido mucho menos que su gran esfuerzo. Cuando me reprochan que trabajo demasiado, me entra la risa. Yo estudié las carreras de algunos tenores notables del pasado. Ellos trabajaban con mucha mayor intensidad que los contemporáneos, permitiéndose cantar docenas de espectáculos al mes, porque eran más técnicos que la generación actual. Pero, en cualquier caso, pienso que tengo el privilegio bastante grande, como les sucede a los artistas, de ser una fuente de deleite para millones de personas en todo el mundo.

Aunque detrás subyace un lema que usted tiene acuñado y registrado en inglés: “If I rest, I rust” (Si descanso, me canso). Vivir para cantar, cantar para vivir, sirva el juego de palabras.

La escena es el lugar para la violencia, la angustia y la tragedia. Todo lo que tengo se lo reservo a la escena, menos la felicidad. Soy un hombre feliz, pero me gusta sufrir en el escenario. Es muy difícil hacer en la vida todo lo que uno quiere. Al comienzo de la vida la persona siempre se fascina. Pero incluso entonces yo no pensaba que podría hacer una carrera de semejante nivel como la que resultó. Probablemente sea demasiado pretencioso pensar que mi talento es tan grande como mi carrera.

Rubén Amón
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 259, enero 2011)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter