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Juan Diego Flórez



Juan Diego Flórez

Encontrarse con Juan Diego Flórez en Pésaro es casi como un mito. Su presentación en 1996 con el papel de Corradino Cuor di Ferro en la exhumación de Matilde di Shabran marcó un hito en la historia del Rossini Opera Festival casi tan importante como lo fue anteriormente la legendaria recuperación de Il viaggio a Reims en 1984. Desde entonces, el tenor peruano ha regresado en numerosas ocasiones al certamen pesarés, e incluso cuando no interviene en él acostumbra a pasar largas temporadas en la preciosa región de Le Marche. Allí, en un espléndido mirador sobre el mar Adriático, muy cerca de donde el cantante ha buscado su refugio, Juan Diego Flórez interrumpió por unas horas su descanso estival para hablar de sus últimos proyectos y su reciente disco, en el que el libertino Conde Ory o el mujeriego Conde de Almaviva cambia de registro y se vuelve santo.

 

¿Cómo surgió la idea de hacer este disco?

Todo tenor que se precie, antes o después, tiene que sacar un álbum de Navidad, aunque aquí va a adelantarse un poco su lanzamiento. Es el clásico disco de música religiosa, pero yo quise hacerlo un poco diferente, poniendo piezas nuevas —aunque ya casi nada lo es— y escogiendo un repertorio variado. Hay tres números de Rossini (dos fragmentos de la Misa de Gloria, escritos para dos tenores diferentes, y uno de la Petite Messe solennelle), dos piezas latinoamericanas, una de Haydn, otra de Haendel… Hay un poco de todo. Creo que está bien.

¿Y qué me dice de esa pieza de Johann Joseph Fux que abre el disco, ese Aleluya?

A Fux lo conocemos, sobre todo, por el Gradus ad Parnassum, pero fue también un destacado compositor y tiene piezas muy interesantes y muy brillantes como ésta, que pertenece a una obra sacra que se llama Plaudite, sonat tuba.

Juan Diego Flórez se estrena también como autor en el Santo.

El Santo es una pieza que se incluyó porque tenía que haber dos piezas latinoamericanas. Una de ellas era, de manera casi obligada, la Misa criolla del compositor argentino, recientemente desaparecido, Ariel Ramírez. Pero no encontré nada para tenor en el repertorio peruano, así que me puse a componer una página muy sencilla, en la que quise mezclar lo occidental con lo indígena, en el aspecto instrumental. El texto es del misal, primero en español y luego en quechua. Y después el coro se une al solista y canta algunas frases en quechua. Es como lo que sucedió en tantos países latinoamericanos, que llegó el español a conquistar y las dos culturas se unieron y enriquecieron
mutuamente.

En este disco canta por primera vez en alemán. ¿No estará desafiando a Jonas Kaufmann, que también está en su mismo sello discográfico?

Quiero aprender alemán. Mi esposa es alemana y me encanta el idioma. Pero no me veo en ese repertorio, porque mi voz no es muy alemana. Tampoco me veo haciendo lieder, porque se necesita otro tipo de voz, otro tipo de expresión. Yo crecí con los lieder, en  Perú mi maestro me ponía muchos lieder y yo los escuchaba, e incluso llegué a cantarlos. Pero no los tengo lo suficientemente asimilados a mi tipo de voz. Jonas Kaufmann está muy bien. Pero que no deje el repertorio italiano, que creo que lo hace muy bien, y no se vaya tanto hacia Wagner.

Pues yo creo que hace mejor, precisamente, el repertorio francés y alemán.

Creo que su forma de hacer la ópera italiana es algo nuevo, aunque volvemos a lo mismo de antes, quizá no estemos acostumbrados a esta manera de cantarlo. Pero tiene coraje.

En cualquier caso, es un verdadero placer escuchar un Haendel o un Haydn con el brillo latino de Juan Diego Flórez.

Bueno, si lo comparas con el de Wunderlich, el suyo es siempre superior.

Es diferente. Latino no, desde luego.

Bueno, Wunderlich era una mezcla, mitad y mitad. Un poco como Kaufmann. Tiene cosas de los dos mundos.

El disco lo ha dirigido Michele Mariotti, un joven maestro nacido precisamente en Pésaro, que ha obtenido un enorme éxito en el Festival Rossini de este verano con Sigismondo, y que es el director musical del Teatro Comunale de Bolonia.

Es un auténtico fenómeno, con sólo treinta años. Y la orquesta y el coro de Bolonia entienden a la perfección esta música.

Su anterior disco lo grabó con la Orquesta de la Comunidad Valenciana.

Fue una experiencia muy bonita. Es una orquesta muy joven, con unos músicos llenos de entusiasmo, y siempre es interesante trabajar con la gente joven, procedente, además, de tantos países diferentes.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Uno de los proyectos que me hacen más ilusión es el sistema de orquestas infantiles y juveniles en Perú, que creará orquestas y coros en todo el país. Tenemos ya algunos proyectos concretos en diferentes núcleos. El 7 de octubre inauguro la temporada de la Filarmónica de Los Angeles con Gustavo Dudamel, luego voy a México, a Chile, y luego a Viena y a Zúrich con L’elisir d’amore. Después tengo algunos conciertos por toda Europa, también en España, en concreto en Oviedo, Bilbao
y Valencia. En marzo, la nueva producción de Le Comte Ory en el Metropolitan de Nueva York. Y luego, un poco de descanso y a seguir.

Rafael Banús Irusta
(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 256, Octubre 2010)

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