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Olivero y Simionato. Dos cantantes a los cien años.



Olivero y Simionato. Dos cantantes a los cien años.

Es un gozo escribir sobre dos cantantes centenarias, un caso insólito, raro, espectacular, en mayor medida cuando han llegado a tan provecta edad en pleno uso de sus facultades mentales, con una clarividencia de juicio y una fluidez de exposición asombrosas. Dotadas de una imbatible memoria y de una labia prodigiosa, Magda y Giulietta, Giulietta y Magda son dos figuras incuestionables de la historia de la ópera moderna, cuyas voces en sazón pueden ser escuchadas afortunadamente en discos, comerciales o a veces piratas, estos últimos sobre todo por lo que respecta a Olivero. Aquí vamos a trazar, como homenaje un simple y escueto recuerdo de sus vidas y de sus logros como artistas, de sus carreras y de sus características vocales.

Magda Olivero: la humildad del canto exquisito
La soprano vino al mundo en Saluzzo, Piamonte, el 25 de marzo de 1910 —curiosamente, algunas enciclopedias y diccionarios consignan 1912 o incluso 1914— y estudió canto en el Conservatorio de Turín, siguiendo una precoz vocación infantil y un impulso, favorecido por su familia, que la había llevado a cantar a los dos años en reuniones privadas. Recibió también clases de piano y de historia de la música. De manera sorprendente por lo que hoy sabemos de su carrera futura, fue rechazada por un tribunal que no vio en ella ningún atributo positivo, ni de índole vocal ni musical. Uno de sus miembros, el más belicoso, era el director Ugo Tanzini, que, paradójicamente, años más tarde la acompañaría con frecuencia y grabaría con ella, en 1941, unos fragmentos de una alucinada Traviata. (...)
 
Giulietta Simionato: tersura y flexibilidad
No hay acuerdo respecto a la exacta fecha de nacimiento, en 1910, de esta cantante: 12 de mayo, 17 de mayo, 15 de diciembre… La que más se maneja es la primera. Vino al mundo en Forli. Su padre, que era sardo, se encontraba allí de paso cumpliendo un destino ministerial. La madre era veneciana. Muy pronto empezó a cantar en la escuela y poco después, en Rovigo, tomó lecciones del director de la banda local, Ettore Locatello, un tipo que tocaba prácticamente todos los instrumentos y que le hizo ver el don que la naturaleza la había dado. Al trasladarse la familia a Padua, estudió con el maestro Guido Palumbo. Ya en 1928, a los 18 años, empezó sus pinitos en funciones semiprofesionales. Debutó así en esa ciudad como Maddalena en Rigoletto y, poco después, en Montagnana —la tierra chica de dos tenores muy importantes: Pertile y Martinelli—, encarnó a Lola en Cavalleria rusticana. (...)
 
Arturo Reverter
(Extracto del artículo publicado en Scherzo nº 252, mayo 2010)

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