Ud. está aquíInicio / Junio 2010 / Entrevista / Anne Sophie Mutter

Anne Sophie Mutter



Anne Sophie Mutter

Son apenas veinte minutos de conversación. Es un día de promoción y cada medio dispone de un tiempo similar. Imagino a Anne-Sophie Mutter en una confortable habitación de hotel, sentada en una butaca mientras alguien le va pasando las llamadas que se van sucediendo durante el día. No puedo dejar de pensar que hay algo de rutina en todo esto, pero lo cierto es que esa sensación se desvanece por completo al comenzar a hablar con la violinista alemana. Su tono es amable, sin ápice de aburrimiento, sin ese tedio que produce el tener que hablar una y otra vez de lo mismo. Escucha con atención y contesta con rapidez e implicación, como si fuera consciente de la necesidad de su interlocutor de aprovechar al máximo el tiempo del que dispone, como si no hubiera ya respondido antes, una y otra vez, a las mismas preguntas. Anne-Sophie Mutter cree en lo que hace, cree en los discos y en el legado de futuro que representan, y toma parte activa en todo lo que rodea a una nueva grabación. En este caso ha decidido volver la mirada hacia las Sonatas de Brahms que tan bien conoce y que han madurado con ella desde sus comienzos. Todo un testimonio de la evolución de la que probablemente es la gran diva del violín.
 
Usted afirma que en su vida existen momentos en los que se ha dedicado a un compositor en concreto, ya sea Mozart, Brahms o Beethoven. ¿De dónde surge esta necesidad?
 
Bueno, son compositores clave en el repertorio para violín y me encanta volver siempre a ellos. Es importante la relación entre Joseph Joachim y Brahms, por ejemplo. Joachim era un gran violinista para el que escribieron música varios compositores, como Dvorák o el propio Brahms, quien pensó en él no sólo para su concierto, sino también en las sonatas. Así que él es un compositor fundamental en la literatura del violín. Grabé sus sonatas hace ya unos veintisiete años y estaba claro para mí, durante los últimos tres en las que las he tocado tanto que volvería a hacerlo, porque las siento de un modo mucho más personal, más íntimo, más cercano. De algún modo había llegado el momento de recoger la cosecha. Puede que mi amor por los ciclos venga de esta vida un poco frenética, de viajar y tener que tocar cada día una obra diferente, música contemporánea, estrenos mundiales que, en mi vida, se suceden cada dos años más o menos. De tiempo en tiempo necesito volver a obras más clásicas, más, digamos, de repertorio. Brahms forma, como es evidente, parte de este llamado repertorio y para mí volver a él, como a otros, supone siempre un maravilloso periodo de meditación, incluso. En unos años le tocará el turno a Vivaldi, por ejemplo, y me concentraré en él. Además me gusta tocar más de un concierto, más de una obra de un mismo compositor porque pienso que de este modo, conociendo mejor sus obras, estudiando más de una, se puede llegar a conocer mejor al autor, a la persona.
 
¿Hasta qué punto es importante en la interpretación conocer a la persona, al compositor?
 
Depende siempre de cuánto material para el estudio haya disponible. En el caso concreto de Brahms y de sus sonatas tenemos la gran suerte de contar con las cartas maravillosas que intercambiaron Clara Schumann y el propio compositor. En ellas encontramos, por ejemplo, instrucciones muy claras, información muy clara sobre todo lo que subyace tras las obras. Es el caso de la sonata en sol mayor, la Sonata “Regenlied”, que fue escrita como un regalo para Clara, un regalo de pésame porque ella acababa de perder a uno de sus hijos de una tuberculosis. Así que Brahms eligió una de las canciones favoritas de Clara, el Regenlied, como tema principal de la sonata. Digamos que no es necesario conocerlo todo, no hace falta saber dónde vivían o cuánto jamón comían cada día, pero poder utilizar sus cartas como fuente de inspiración es magnífico. Mozart dejó un buen número de ellas, todas magníficas, Mendelssohn escribió más de siete mil. En las cartas encontramos muy a menudo una conexión directa entre sus corazones y la música.
 
¿Y cree usted que una personalidad tan particular como la de Brahms se entiende mejor desde una cierta perspectiva de madurez? Para usted que lleva tocando las sonatas desde que era una adolescente, ¿cómo ha cambiado su manera de abordarlas?
 
Mi visión, por supuesto ha cambiado. Si, por ejemplo, se piensa en la pérdida, ya sea de un hijo querido o de los momentos hermosos que la vida nos brindó, a los diecisiete no es lo mismo que hacerlo a los cuarenta y seis. La perspectiva es muy diferente. La propia vida, todo el repertorio que he afrontado hasta ahora, me ha llevado a la comprensión del detalle, a la profundidad, a entender las tragedias humanas que a veces se esconden tras las obras. Esto es algo para mí extraordinario y muy interesante. Y especialmente en Brahms y en sus sonatas. Son completamente diferentes unas de otras. La Sonata en sol mayor es muy introvertida; la escrita en la mayor, escrita aparentemente en los meses de verano en los que esperaba la visita de una cantante amiga suya en el lago de Thun en Suiza, es muy abierta, muy jovial, muy cordial. La Sonata en re, sin embargo, es furiosa, increíblemente virtuosa, como un concierto para violín. Pocas veces se da esta combinación tan diversa en una obra de cámara, una combinación que además es tan completa. (...)
 
Ana Mateo
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 253, Junio 2010)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter